El Seminario San Julián forma a 18 jóvenes de las diócesis de Cuenca y Albacete
Son jóvenes, tienen aficiones como cualquier chico de su edad y han tomado una decisión que a muchos hoy en día les sorprende: prepararse para ser sacerdotes. Jesús Andrés Arenas (18 años, Tarancón), David Hernansanz Saiz (19 años, Cuenca) y Julio Checa Pérez (18 años, Cuenca) son los rostros de la vocación en el curso propedéutico del Seminario Conciliar San Julián de Cuenca.
Sus perfiles rompen de inmediato con cualquier idea preconcebida. Jesús es un apasionado del fútbol y fiel seguidor del Atlético de Madrid; David es un genio de los ordenadores que compagina su estancia en el seminario con un Grado Superior de Informática; y Julio es un deportista nato que sale a correr a diario. Los tres comparten una etapa introductoria, un año sin exámenes formales diseñado para afianzar su discernimiento, conocer la vida comunitaria y profundizar en su madurez personal antes de comenzar los estudios eclesiásticos de rigor.
En vísperas del Día del Seminario, que se celebra el 22 de marzo, sus testimonios ponen rostro joven a una realidad que desde fuera aún arrastra tópicos. Jesús explica que la vocación le acompaña “desde pequeño”, en una familia cristiana y en un ambiente de fe que fue creciendo con campamentos, catequesis y convivencias. Aunque pensó en entrar antes en el seminario menor, decidió esperar, terminar Bachillerato en su pueblo y discernir con calma junto a sus sacerdotes y su familia. Ahora asegura que no se equivocó: está “bastante feliz y contento” con el camino emprendido.
También David llegó a esta decisión desde una experiencia muy concreta. En su caso, la llamada fue más tardía. Joven de la parroquia de San Fernando, cuenta que todo empezó a moverse a raíz de un campamento en Villaconejos y, después, con su confirmación y un retiro de Effetá (un retiro católico de un fin de semana diseñado por y para jóvenes de entre 18 y 30 años) que, reconoce, “le cambió la vida”.

A partir de ahí comenzó un discernimiento más claro junto a sacerdotes y formadores. En casa la noticia no fue fácil al principio, porque, según relata, no procedía de una familia especialmente practicante, pero la conversación con el rector ayudó a desmontar miedos y estereotipos. Hoy dice sentirse más feliz y con ganas de seguir adelante.
Julio, por su parte, llega a este punto tras un recorrido distinto. Este es ya su tercer año vinculado al seminario, después de haber pasado por el menor y cursar ahora su primer año en el mayor. Procede de una familia creyente y de un entorno de formación cristiana en Católicos en Acción, en el Pozo de las Nieves. Desde niño fue monaguillo y encontró junto al altar una cercanía que, con los años, se transformó en inquietud vocacional.
Durante la adolescencia, admite, trató de esquivar esa llamada. Pero la Jornada Mundial de la Juventud de Lisboa, en 2023, terminó por despejar muchas dudas. Allí vio a sacerdotes jóvenes, felices, entregados, y se reconoció en ese espejo.
Los tres subrayan, además, que la vida en el seminario poco tiene que ver con la imagen cerrada y rígida que todavía pervive fuera. Hablan de una convivencia marcada por la familiaridad, por el estudio y la oración, sí, pero también por la libertad, el deporte, el ocio y una vida compartida muy cotidiana. Jesús recuerda el impacto que le produjo en sus primeros días la celebración de las vísperas solemnes y destaca, sobre todo, la cercanía entre compañeros. David insiste en que aquí no viven encerrados, como pensaban algunos en su entorno, y que el seminario le ha ayudado incluso a ordenar mejor su tiempo y su responsabilidad personal. Julio, aficionado al atletismo, describe una casa donde se entrena, se juega al ping pong, se ve el fútbol y se convive “como una familia”.
Ese es precisamente uno de los rasgos sobre los que más insiste el rector del seminario, José Antonio Fernández, que lleva once años al frente de esta institución. Actualmente, el seminario mayor acoge a 18 seminaristas: doce de la Diócesis de Cuenca y seis de la de Albacete. De los conquenses, tres están en propedéutico, seis en la etapa discipular (vinculada habitualmente a la filosofía) y tres en la configuradora, correspondiente a la teología.
De hecho, el rector reconoce que la cifra de seminaristas se ha mantenido en unos niveles buenos para la diócesis en los últimos años. Este curso comenzaron trece jóvenes de Cuenca, aunque uno dejó el seminario tras Navidad, en una decisión fruto de un discernimiento personal acompañado por los formadores
En el seminario menor, por otro lado, ya no existe modalidad interna. Ahora la diócesis cuenta con cuatro chavales (de entre 12 y 16 años) que participan en el seminario menor en familia. Viven en sus casas y acuden un fin de semana al mes para convivir, formarse y seguir de cerca su posible vocación, en un acompañamiento compartido entre familia, parroquia y seminario.
El propedéutico que cursan Jesús, David y Julio es, precisamente, una de las claves de esa formación integral. No se trata solo de un primer acercamiento a la filosofía o la teología, sino de un tiempo pensado para confirmar con serenidad si el camino emprendido es el correcto.
También estudian inglés y latín, realizan actividades pastorales y participan en la vida juvenil de la diócesis. No hay apenas exámenes, porque la prioridad no es tanto académica como personal, espiritual y vocacional.

“Si alguien de fuera viniera a comer o a ver el fútbol con nosotros, jamás pensaría que esto es así; se arman unos jaleos importantes en el comedor de las risas que nos echamos”, bromea el rector. De ahí que Fernández subraye que la mayor riqueza de la institución es “el ambiente familiar natural y sano” que se respira en los pasillos.
DíA DEL SEMINARIO
Coincidiendo con el Día del Seminario, la campaña nacional de este año gira en torno al lema ‘Deja tus redes y sígueme’, con un detalle singular: la propuesta ganadora en la Conferencia Episcopal Española ha salido precisamente del Seminario de Cuenca. El cartel y el vídeo promocional de la campaña nacional han sido diseñados aquí.
Para Fernández, el lema juega con una doble idea: la de las redes de los pescadores del Evangelio y la de las redes actuales que, sin ser malas, a veces pueden atrapar y restar libertad interior. “Solo los libres pueden seguir a Jesús”, resume.
Durante los últimos días, además, el seminario ha acogido distintas actividades con motivo de esta celebración: un vía crucis juvenil en la Catedral, una jornada de convivencia y puertas abiertas en la casa, un festival de la canción vocacional en la Biblioteca de la Merced y una vigilia de oración en la parroquia de La Paz. Y este fin de semana volverá a llenarse de juventud con un retiro de Effetá que reunirá a más de un centenar de chicos y chicas.
En ese contexto, el Seminario San Julián quiere presentarse como lo que José Antonio Fernández defiende que es: no un castillo cerrado, sino una casa abierta, viva y alegre donde todos los seminaristas, con aficiones tan comunes como el fútbol, la informática o el atletismo, intentan responder con libertad a una pregunta antigua, pero siempre nueva para ellos.