La calabaza ha desplazado este año al mazapán en un pequeño rincón de la calle Alfonso VIII de Cuenca. Donde en estas fechas suelen imponerse los huesos de santo y los buñuelos, en el obrador de My Cat’s Cake toman forma bizcochos cubiertos con crema de nuez pecana, galletas artesanales con forma de calabaza y decoraciones de chocolate cien por cien vegano. Una propuesta distinta para Halloween y Todos los Santos que mira al otoño sin renunciar a la tradición repostera de estas fechas.
Detrás de estas elaboraciones está Andrea Rodríguez de la Vega, propietaria de esta pastelería vegana que abrió hace dos años y medio y que cada temporada busca introducir novedades en su escaparate. “Cada año estoy haciendo cosillas distintas y lo que se me ha ocurrido es hacer un bizcocho de calabaza y ponerle una crema distinta a lo típico”, explica.
La idea, dice, era crear un dulce que respirara otoño sin caer en lo de siempre. De ahí que haya recurrido a una de las protagonistas de la estación, la calabaza, tanto para el bizcocho como para las galletas decoradas a mano que acompañan la propuesta.
El bizcocho combina harina de trigo con harina integral, mantiene el sello habitual del obrador con un contenido reducido de azúcar y prescinde por completo de leche, huevos y cualquier ingrediente de origen animal. Sobre él hay una crema de nuez pecana y unas pequeñas calabazas y calaveras decorativas elaboradas con chocolate vegano.
Aunque reconoce que le habría gustado ampliar la oferta con una tarta de boniato e incluso probar algún día a preparar una versión vegana de los huesos de santo, los encargos de estas semanas han reducido el tiempo disponible para experimentar con nuevas recetas. “Estoy yo sola y al final tengo muchas cosas”, admite. Si bien, de cara al próximo año plantea la posibilidad de continuar ampliando su carta de propuestas.
Foto: Paula Montero
Mucho más que clientes veganos
La experiencia de estos dos años y medio le ha demostrado que el público que cruza la puerta de la pastelería es mucho más diverso de lo que podría parecer. “En Cuenca no hay mucha gente vegana, pero no hace falta ser vegano para disfrutar con uno de estos dulces”, señala.
De hecho, buena parte de quienes buscan sus elaboraciones llegan por otras razones. Personas con intolerancias alimentarias, vecinos que repiten compra tras compra o turistas que descubren el local durante su visita comparten se mezclan con quienes simplemente quieren probar algo diferente.
Eso sí, vegano no significa necesariamente sin gluten. “Tengo opciones también para celiacos”, explica, aunque recuerda que no todas las elaboraciones del establecimiento están adaptadas.
Novedades semanales
El mostrador de My Cat’s Cake nunca es exactamente igual. Hay productos que se han convertido en habituales, como algunos bizcochos o brownies, pero el resto va cambiando según la demanda y el ritmo del obrador. “La idea es que cada semana el cliente encuentre cosas diferentes, que haya novedades”, cuenta.
Y esa flexibilidad está también presente en los encargos, que van desde tartas personalizadas hasta tartaletas y bizcochos adaptados a lo que pida cada cliente. Eso sí, recomienda hacerlos con al menos cuatro días de antelación.
Y después de dos años en funcionamiento, Andrea hace un balance positivos porque, al fin y al cabo, “aquí sigo”, resume. El esfuerzo para sacar adelante un proyecto en solitario es “muy grande”, pero el respaldo de una clientela que “vuelve una y otra vez” le anima a continuar.
Así, mientras los escaparates de las pastelerías tradicionales se llenan estos días de buñuelos y huesos de santo, su pequeña reinterpretación otoñal demuestra que las tradiciones también admiten nuevas recetas.