Esterilización: el engranaje ‘invisible’ que da seguridad a los quirófanos del HUCU
Hay servicios de un hospital que el paciente difícilmente llegará a conocer. No tienen salas de espera, no reciben consultas y su trabajo se desarrolla lejos de las zonas por las que cada día transitan cientos de personas. Sin embargo, de ellos depende algo tan esencial como que una intervención quirúrgica pueda realizarse con todas las garantías.
Es el caso de la Central de Esterilización del Hospital Universitario de Cuenca, una pieza casi invisible dentro del engranaje sanitario que se encarga de que el instrumental que coge cada profesional sanitario esté preparado para ser utilizado de nuevo con seguridad.
Al frente del servicio se encuentra Mari Luz García Ballesteros, enfermera y responsable de esta central, quien detalla que esta no trabaja únicamente para los quirófanos del Hospital Universitario. También presta soporte a otros dispositivos sanitarios de la provincia y recibe material procedente de las UVI móviles y de zonas básicas de salud, entre ellas Motilla del Palancar y Tarancón. De alguna forma, dice, el servicio “vertebra” buena parte de la esterilización que se realiza en la provincia.
Explica que la principal novedad del nuevo hospital ha sido precisamente concentrar en un mismo lugar todo el reprocesamiento del instrumental. Y es que, en el antiguo Virgen de la Luz, cada servicio lavaba su material y luego lo derivaban al servicio de esterilización, que se encargada de su desinfección.
Ahora, el recorrido empieza cuando termina cualquier intervención. El instrumental utilizado se introduce en cajas, se mantiene humectado para evitar que los restos se sequen y se deposita en carros cerrados. Desde los quirófanos baja directamente hasta la central a través de un ascensor exclusivo para este material sucio.
A partir de ahí comienza un viaje perfectamente ordenado en el que el instrumental nunca puede retroceder ni cruzarse con aquello que ya está limpio.
Así, la central está dividida en tres grandes áreas: zona sucia o de lavado, zona limpia y zona estéril. Ignacio Cañizares Sánchez, ingeniero del departamento de Mantenimiento especializado en esta área, explica que los espacios están completamente separados y comunicados mediante esclusas para impedir que se mezclen los ambientes.
Incluso la climatización está diseñada para contribuir a evitar contaminaciones entre unas zonas y otras. El agua utilizada en los procesos tampoco es la convencional: la instalación cuenta con un sistema de ósmosis que proporciona agua tratada de elevada pureza.
El primer destino de las cajas es la zona de lavado. Allí existen dos máquinas que realizan la termodesinfección del instrumental, alcanzando temperaturas próximas a los 90 grados y utilizando productos específicos. Los grandes carros de aluminio en los que llega el material también disponen de sus propias máquinas de lavado y desinfección.
No todo puede recibir el mismo tratamiento. El instrumental más delicado, como parte del utilizado en oftalmología, requiere procesos manuales porque sus piezas extremadamente finas podrían deteriorarse con las altas temperaturas. En esos casos se recurre al lavado manual y a la desinfección química.
Una vez limpio, el instrumental atraviesa la barrera física que conduce a la segunda zona. Allí comienza otra de las labores fundamentales de la central: volver a preparar cada caja para la siguiente intervención.
Enfermeras y técnicos en cuidados auxiliares de enfermería revisan pieza por pieza, comprueban el instrumental y engrasan aquello que lo necesita. Cada caja contiene los elementos concretos necesarios para un determinado procedimiento quirúrgico. Una prótesis de rodilla, una intervención de cadera o cualquier otra cirugía requiere su propio conjunto.
Y las dimensiones pueden llegar a sorprender. García Ballesteros explica que Traumatología es uno de los servicios que mayor cantidad de instrumental necesita. Una prótesis convencional puede requerir alrededor de seis cajas de herramientas, mientras que determinadas cirugías de revisión pueden alcanzar las trece. Cada uno de esos contenedores puede pesar entre diez y quince kilos.
Entre ellos aparecen además piezas que, fuera de un hospital, podrían confundirse con herramientas de un taller. “Parecen de bricolaje”, comenta Cañizares. Hay martillos, sierras, motores o instrumental similar a taladros que forman parte de las técnicas empleadas en determinadas operaciones traumatológicas.
Después llega la esterilización propiamente dicha. La central dispone de dos sistemas principales. El más habitual utiliza vapor de agua a temperaturas de 121 o 134 grados, dependiendo del material. Para aquellos elementos que no pueden soportar esas temperaturas existen otros equipos que emplean peróxido de hidrógeno.
Solo después de completar ese proceso se alcanza la tercera y última zona: la estéril. Es, sin lugar a dudas, la zona más limpia del hospital, y allí se almacenan las cajas ya preparadas antes de regresar, nuevamente mediante un segundo ascensor exclusivo para el material estéril, hasta los quirófanos.
El proceso completo no siempre dura lo mismo. El instrumental más delicado puede estar listo en menos tiempo, mientras que las cajas de mayor volumen utilizadas pueden necesitar alrededor de cinco horas desde que llegan sucias hasta que están nuevamente preparadas.
Precisamente por ello, el hospital dispone de instrumental duplicado y, con la puesta en marcha del HUCU, se realizó una importante inversión para aumentar las existencias. “Los quirófanos están trabajando al cien por cien, y hay veces que más, y estamos siendo capaces de llegar”, explica orgullosa García Ballesteros.
El salto respecto al antiguo Hospital Virgen de la Luz no se limita al espacio. También está en la tecnología. Cañizares habla de un “salto cualitativo importante”, con equipos de mayor capacidad, sistemas automáticos para introducir y extraer las cargas y maquinaria duplicada para que una avería no paralice el servicio.
A ello se suma una notable ampliación de la plantilla. Actualmente trabajan en la central ocho enfermeras y quince técnicos en cuidados auxiliares de enfermería, además de contar con una responsable específica. Y hay otra diferencia fundamental: el servicio funciona las 24 horas del día, los siete días de la semana.
En el antiguo hospital la esterilización no mantenía actividad ordinaria durante toda la noche. En el nuevo centro, el mayor número de quirófanos y la propia actividad de urgencias hacen necesario que la central pueda responder a cualquier hora.
Es un trabajo que ocurre lejos de la mirada del paciente, pero que termina llegando hasta él.
“Es importante que el ciudadano conozca que esto existe”, dice García Ballesteros. Para la responsable de la central, saber cómo trabaja este servicio permite entender también las garantías que existen detrás de una intervención quirúrgica. “Si el día de mañana vengo por Urgencias y me tienen que operar, creo que es muy importante porque tú garantizas la seguridad a la hora de operar”, explica.
La Central de Esterilización todavía es, como reconoce su responsable, “la gran desconocida” incluso para parte de los propios profesionales. No llega al año funcionando bajo este nuevo concepto y continúa ajustando procedimientos y poniendo a punto una instalación mucho más ambiciosa que la anterior.
Pero su funcionamiento ya ha despertado interés fuera de Cuenca. Cañizares explica que profesionales de otras gerencias han realizado consultas sobre la instalación y que la central está sirviendo como referencia a la hora de plantear modificaciones o diseñar este tipo de espacios en otros hospitales, como el de Puertollano.
En definitiva, un trabajo silencioso que vuelve a empezar cada vez que termina una operación y del que depende que, cuando una caja de instrumental se abra de nuevo en un quirófano, todo esté preparado para atender al siguiente paciente con las máximas garantías de seguridad clínica.