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Fortunato Saiz, en 1996: “El Miserere de Pradas no tiene nada que ver con el que cantamos”

Fue el primer director del Coro del Conservatorio Provincial durante más de tres lustros
Fortunato Saiz, en 1996: “El Miserere de Pradas no tiene nada que ver con el que cantamos”
03/04/2026 - José Vicente Ávila

En los comienzos, Fortunato Saiz de la Iglesia fue el primer director del Coro del Conservatorio Provincial durante más de tres lustros. Cuando se habían cumplido 16 años de la creación del Coro mantuve una entrevista en el programa “Banzos y Capirotes” de Tele-Cuenca el 28 de marzo de 1996, con Fortunato Saiz, profesor y maestro de capilla, que estaba acompañado de dos componentes del Coro: Isabel López Rebenaque y María Marco Serna. Así se expresaba Fortunato:

 -En el año 1975 había un problema con el coro que con cierta continuidad interpretaba el Miserere. A raíz de abrirse el Conservatorio sobre 1979, se formó el Coro y desde el año 1980 venimos haciendo la interpretación del Miserere ininterrumpidamente. Este Coro ha creado ya una costumbre que ha hecho tradición, con ese clima en torno al canto del Miserere en la procesión de las Turbas del Viernes Santo cuando en la bajada, en medio de ese ruido ensordecedor se va a interpretar el Miserere; entonces la gente y los propios turbos hacen ese rasgón de silencio para escuchar el cántico. Ese es uno de los momentos más emotivos de nuestra Semana Santa. Eso lo ha creado este Coro.

Preguntamos a Isabel López sobre la diferencia del Miserere de cualquier procesión al que se interpreta en el “Camino del Calvario” y así respondía: “Nos adaptamos al momento; el misterio de la noche nos invita a un canto más profundo, pues la bajada de las procesiones, con ese silencio, tiene otro clima. Aportamos nuestro grano de arena a la Semana Santa conquense, y en el Miserere del “Camino del Calvario” el clima es más emocionante al pasar de tanto ruido al silencio, y la entonación nos hace ponernos a flor de piel, pues son muchos los sentimientos”.

María Marco añade: “Si a la gente que está viendo la procesión le sobrecoge ese momento del canto del Miserere, a las que tenemos que cantar parece que se nos hace un nudo en la garganta y sale la voz con esa emoción contenida. Es muy difícil explicarlo en palabras”.

 

AFortunato Saiz de la Iglesia, en sus más de tres lustros de director le comentaba que el Coro era como el curso estudiantil de bajas y altas. Así respondía:

-Todos los años hay un trasiego de incorporaciones nuevas y salidas; piensa que el 50 por ciento del coro son de la edad de María, y la mayoría estudia y unos años pueden y otros no. Hay que sustituir voces y los cambios son constantes. Ha habido temporadas, o mejor dicho hornadas, que hemos formado y que nos han durado cuatro o cinco años. La complicación es cuando de golpe salen diez personas. Eso produce el año siguiente un pequeño descenso que hay que rellenar a base de mucho trabajo durante el curso. 

-¿Cómo se sienten a veces apiñados con tanto público delante de las escalerillas de San Felipe? ¿Hay cierto agobio con tanta masa cercana?

-Eso es cierto. Ha habido años que le decía al representante de la procesión “Camino del Calvario”, no sé si el Viernes Santo podremos interpretar el Miserere, pues apenas podemos llegar a San Felipe a la hora que queremos, pues además gran parte del público se pone en las escaleras horas antes, sobre todo cuando sube la procesión y ya no se va de ahí y no nos deja sitio, incluso el rellano. Yo entiendo que la gente quiera vivir ese momento tan interesante como apasionante, pero debe respetar el sitio para el Coro.

Isabel comenta que “hubo un año que al terminar de cantar un Miserere en la procesión “En El Calvario” mucha gente empezó a aplaudir y nos quedamos sorprendidas, pero como había mucha gente de Cuenca empezaron a decir que se guardase silencio y en verdad que enseguida lo comprendieron y en “Et secundum”, a Jesús Caído, se hizo ese silencio.

 

María Marco nos decía que además de cantar el Miserere salía en la procesión con su hermandad y al efecto se incorporaba al coro con la túnica, apuntando Fortunato que “son varios los componentes del coro que suelen venir con la túnica puesta para seguir en la procesión”.

Fortunato Saiz señalaba que “es curioso lo que se produce en Cuenca. Por el coro han pasado en estos 16 años –hablamos de 1996–  calculo que como unas quinientas personas, muchas de ellas que se han ido de Cuenca. Volver en Semana Santa y encontrarse con el coro en el Miserere es un momento emocionante para nosotros porque vienen a nuestro lado e incluso a apoyar con sus voces. Es muy entrañable y recordamos anécdotas vividas en los días procesionales”.

-Isabel, no cabe duda de que habéis creado con el coro ese momento emocionante con el Miserere que rompen o rasgan las turbas –como dice Fortunato– en la última estrofa con las connotaciones que tiene.

-Es un momento hermosísimo. Como ha dicho María, no sabemos describirlo. Lo vivimos intensamente desde dentro. Cada año parece que ya estamos acostumbradas a vivir ese momento y que no lo vamos a sentir, y volvemos a emocionarnos. La Semana Santa transmite muchas emociones. Un año recibí en casa el programa de Jesús del Puente y al leer una de las actas de la Hermandad ví el nombre de mi abuelo y ello indicaba que la tradición continúa, porque yo he sido hija, madre y abuela. En casa se ha vivido siempre la Semana Santa.

-María Marco aporta un dato relevante: “La mujer ha venido a engrandecer la Semana Santa”. (Y es que en los años 70-80 se les recomendaba ir detrás de los pasos como penitentes).

-Considera Fortunato Saiz, maestro de capilla de la Catedral,  que este Miserere es netamente conquense, atribuido al maestro Pradas…

-Sí, es nuestro; lo que no se puede considerar es atribuirlo a Pradas. Desde el punto de vista documental no existe nada. En el Archivo de Música de la Catedral hay un Miserere de Pradas, pero es un miserere que nada tiene que ver con el que cantamos; es una obra a doble coro, con orquesta y desde el punto de vista temático no se parece en nada al que interpretamos en las procesiones. Este es un Miserere ciertamente conquense, de autor anónimo, seguramente compuesto en el siglo pasado, que fue cuando en realidad comenzaron a formarse la mayor parte de las hermandades o cofradías. Yo leí en una Exposición sobre el Cristo de la Agonía en la Diputación, la primera página de un documento de 1903 de cómo se organizaba la segunda  procesión del Viernes Santo. Y aparecía una programación integrada en los horarios de los oficios litúrgicos. El Miserere nació así porque era el salmo que se cantaba durante la procesión del Santo Entierro. Luego se fue extendiendo a las demás procesiones, pero originariamente era el salmo que se cantaba procesionalmente en los entierros.

 

-En la novela “Un amor de provincia”, de González Blanco, situada hacia 1886, el autor ya hablaba del Miserere en la Catedral con las voces y balidos de los canónigos…

-Eran voces graves para aquellos cantos litúrgicos que rememoraban la Pasión y Muerte de Cristo. Siempre es muy interesante conocer la historia y sobre todos esos momentos en los que la tradición se une al fervor en los días de la Semana Santa.

 

Fortunato Saiz de la Iglesia (Sotos, 1933/ Cuenca, 2023)

La ciudad de Cuenca dio el último adiós a Fortunato Saiz de la Iglesia, maestro de capilla de la Catedral y canónigo emérito, fallecido el 20 de octubre de 2023 a los 90 años de edad. Nacido en Sotos el 3 de marzo de 1933, hizo sus estudios de Teología en el Seminario Conciliar de San Julián, siendo ordenado sacerdote por el obispo Inocencio Rodríguez en la Catedral el 26 de mayo de 1956, con 23 años de edad. Uno de sus primeros destinos fue el de párroco de La Melgosa, además de compartir estudios musicales con el organista de la Catedral, Martínez Millán.

A don Fortunato le tocó vivir muy de cerca la tragedia del tren en el túnel de la estación de Los Palancares, que se cobró cinco muertos y veinte heridos, ocurrida el 7 de noviembre de 1960. Ese día, el cura Fortunato Saiz se había acercado a Cuenca para recibir clases musicales del entonces organista, Miguel Martínez Millán. Así lo contaba: “No me enteré de nada hasta que regresé al pueblo para celebrar el Rosario por la tarde, y me lo dijeron en la iglesia. Pregunté cómo se iba a la estación con la moto y un vecino de La Melgosa me acompañó sentado atrás y llegamos al túnel con no pocas dificultades; la gente ya había salido y quedaba la Guardia Civil y gente de Renfe ayudando”. 

“Pasamos a la estación de Los Palancares y allí estaban los cadáveres a los que di el Sacramento de la extremaunción. Cuando hice la señal de la cruz en el cadáver de la mujer, que tuve que destapar sin saber aún que era Vicenta García, me llevé una gran impresión que nunca olvidaría, porque era amiga de mi hermana. Me quedé de piedra”, me comentaba en el cincuentenario del accidente.

Fortunato Saiz de la Iglesia, con sus estudios musicales concluidos, pasaría a ocupar la plaza de maestro de capilla de la Catedral como canónigo, adscrito durante algunos años a la parroquia de San Esteban. En el año 1980 aceptó dirigir el recién creado Coro del Conservatorio, no sólo para actuaciones diferentes durante el año, sino sobre todo para cantar el Miserere en las escalinatas de San Felipe, hasta el año 2000.También cabe resaltar su amplia trayectoria como profesor en el Seminario Conciliar de San Julián y su aportación musical como maestro de capilla del templo catedralicio, avalando además con su sapiencia y consejo, la recuperación de los distintos órganos de la Catedral.


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