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Semana Santa 2026

Del cántico quejumbroso del Miserere al ‘misericordiam tuam’ roto por las turbas

Desde el Coro de ‘La Fraternal’ de 1903 al del Conservatorio de Música, pasando por otras agrupaciones surgidas en Semana Santa, incluyendo los acogidos de la Casa de Beneficencia
Del cántico quejumbroso del Miserere al ‘misericordiam tuam’ roto por las turbas
Foto: Saúl García
03/04/2026 - José Vicente Ávila

El Miserere forma parte de la esencia de las procesiones de Cuenca, de su Semana Santa, declarada de Interés Turístico en 1966 y de Interés Internacional desde 1980. El Miserere es cántico de oración en el silencio, lamento y quejido de dolor pidiendo misericordia. “El Miserere de Cuenca escapa de las hoces y se reintegra en las hoces, es aullido de clemencia, de tormento”, afirmaba Pedro de Lorenzo y “único, electrizante, lívido y quejumbroso hasta el fondo del alma y de los huesos”, pregonaba Joaquín Benítez Lumbreras. Misereres nocturnos en San Felipe de Martes, Miércoles y Jueves Santo, de abrumador y emotivo silencio.

La excepción para la oración del pueblo que canta el Coro se produce en el cortejo de la madrugada del Viernes, en el descenso casi del mediodía, cuando las turbas callan para el Miserere en San Felipe, abarrotado de gentes ávidas de emociones y sentimientos. El silencio con algunos trinos corta la respiración y eriza el vello, cuando se interrumpe el final del “misericordiam tuam” por los clarinazos y palillás de los turbos. No hay palabras para explicarlo, aunque el director Fortunato Saiz lo definía como rasgón, pero sí imágenes para verlo y sentirlo. Tras el silencio contenido, la turba que ocupa las anchuras de Andrés de Cabrera prorrumpe con el sonido característico de la madrugada y el mediodía del Viernes Santo.

El Miserere de la media tarde en El Calvario en amalgama de túnicas y capirotes beig, marrón, amarillos, granates, negros y morados, sale a la rosa de los vientos entre sonidos de Mangana, con el Stabat Mater a las imágenes marianas contritas de dolor; y el Miserere del Dolor ante Cristo Yacente, en el Viernes nocturno del silencio más apagado. “¡Oh!, Miserere de Cuenca”, exclamaba Pedro de Lorenzo en su pregón de la palabra no escrita. Generaciones de conquenses han cantado el Miserere, cantan el «Miserere, mei deus…”. 

EL CORO DE ‘LA FRATERNAL’

En los comienzos del siglo XX el coro de la Sociedad Obrera “La Fraternal” interpretaba el Miserere. Eran los años de la “nueva era” de la Semana Santa del recién estrenado siglo, con la ampliación de la procesión “En El Calvario” en 1902, gracias a las Concordias, pues hasta entonces sólo desfilaba en esa procesión el Cristo de la Luz (Vulgo de los Espejos).

Y en 1905, la procesión del Silencio del Miércoles Santo, gracias al impulso de las distintas hermandades y patricios de la talla de José Cobo, que regalaron imágenes, amén del esfuerzo de las gentes de Cuenca, que siguiendo la tradición heredada de sus ancestros fueron potenciando las distintas hermandades. Y en ese esplendor nazareno no faltaba la entonación del Miserere conquense, por ese coro amplio que formaban los obreros de “La Fraternal”. No faltaban tampoco saetas espontáneas en la década de los años veinte, aunque el Miserere era el cántico pasional de Cuenca, “la ciudad de la Semana Santa”, como escribía Alfredo Pallardó en la prensa madrileña en 1924.

Una ciudad que quedaba paralizada, absorbida, por las celebraciones nazarenas. Valga el dato de que en 1935, en plena República (y con la Semana Santa en todo su esplendor, con nuevos “pasos” de Marco Pérez como la Santa Cena, el Ángel del Huerto de San Antón, El Descendido y Jesús con la Caña en 1936) se instalaron por primera vez las tres cruces del Calvario en el Cerro de la Majestad, iluminadas por potentes focos, como recogía el diario “Abc”.

EL MISERERE DE LOS PRESOS

Como hecho excepcional, y según informaba el citado diario “Abc”, en su edición del 23 de marzo, en la Semana Santa de 1940, la primera celebrada tras el paréntesis de la Guerra Civil, durante la procesión del Santo Entierro del Viernes Santo, “al llegar esta procesión a las cercanías de la prisión del Seminario, un orfeón integrado por reclusos de este establecimiento penitenciario entonó un “Miserere” y varias composiciones religiosas”. Todo parece indicar que ese “Miserere” se cantó entre las escalerillas de la calle del Fuero, que dan a la Plaza de la Merced, donde se encuentra el Seminario de San Julián (habilitado como cárcel en esas fechas) y la puerta de las Blancas.

EL CORO DE LA CASA DE BENEFICENCIA

En la reconstrucción de la Semana Santa, a partir de 1942, Carlos Albendea, primer presidente de la Junta de Cofradías, se dirige a la Casa de Beneficencia para que un grupo de niños y mayores, conocido como el “Orfeón Benéfico”, cantase el Miserere acompañados de instrumentos musicales de la Banda de Música Provincial, radicada en la propia Casa, y dirigida por el maestro Daniel Muñoz. 

En aquel coro destacaban, entre otros, Ángel Martínez Soriano, Ángel García, Juan Crespo, los hermanos Estanislao y Lorenzo Pérez Beteta, José Atienza y el refuerzo del tenor Adolfo Bravo, y en años siguientes voces de adolescentes como José Bustos, Vicente Mora, José Ayllón, Ángel Blasco, Jesús Peytaví, Ángel Blasco, Victoriano García, Aniceto con el saxofón, Ignacio Brox, Florentino, Higinio y otros acogidos con instrumentos de la Banda Provincial que dirigía el citado Daniel Muñoz. 

Continuaron después con la tradición del Miserere los Padres Paúles de San Pablo, con una entonación más monacal; la Schola Cantorum del Seminario de San Julián y la Masa Coral de Cuenca, dirigida por el organista Miguel Martínez Millán, que recogieron el testigo en la década de los 50-60, e incluso se utilizaron altavoces en alguna ocasión en la antigua Plaza de Cánovas, con el Pastor de las Huesas, de Marco Pérez, como mudo testigo.

NIÑOS, MAYORES Y MÚSICOS

De nuevo surgió de la Casa de Beneficencia un grupo de niños junto a “voces mayores” de la ciudad, con instrumentos musicales de la propia Banda de Música de Cuenca, que participaba en los desfiles; entonaron el Miserere entre los años 1963 a 1965, como se recoge en una de las fotos que acompaña estas líneas, captada por la cámara de Luis Pascual, el Jueves Santo 11 de abril de 1963, en la esquina de Caquito, en el cruce del comienzo de la calle de Colón y la Avenida de la Virgen de la Luz. En la fotografía del grupo mixto en plena entonación del Miserere aparecen Miguel Ortega; el veterano músico, Anselmo, dirigiendo y sujetando el bajo; cantando con los papeles en mano, Sebastián Nielfa y José Lavara, sacristán de San Esteban, que solía dirigir al coro; los músicos que aparecen detrás son Dámaso Urango Torres (bombardino) y Matías Aguirre Belmar (saxofón), hermano de otros dos músicos reconocidos como Constancio y Julián, autor éste de numerosas marchas de Semana Santa. 

Los niños cantores son Vicente Moraga, José Vicente Ávila, Pedrín Rubio y Eladio Brande. Este coro mixto musical cantaba el Miserere el Martes y Miércoles Santo, en la bajada de ambas procesiones, en las escalerillas de acceso al Hospital de Santiago, frente al puente de la Trinidad, y el Viernes a mediodía. El Jueves Santo en la esquina de la calle Colón, frente a la antigua Casa de Beneficencia (actual edificio de Agricultura) en la salida de la procesión de Paz y Caridad y en la Puerta de Valencia en el descenso y Plaza de Cánovas (Plaza de la Constitución).

 

RESURGE CON ALBERTO VERA

Durante algunos años el Miserere quedó en el olvido por falta de entusiastas que lo interpretasen. A partir de 1974, y tras las llamadas en prensa del asesor religioso de la Junta, Francisco Bermejo, el recordado músico Alberto Vera puso en marcha la Asociación “Los Amigos Pro-Miserere de Semana Santa”. El propio Alberto me contaba en  una entrevista para “Diario de Cuenca”: “El grupo de Amigos Pro-Miserere nació de una idea mía particular. Me parecía importante hacer resurgir esta tradición dentro de la Semana Santa y por ello he llamado a algunos amigos componentes de la desaparecida Coral de Cuenca y otra gente que sin ser de la Coral se ha brindado para realizarlo por sus cualidades musicales”.

CORO DEL CONSERVATORIO

El Miserere fue cantado por tanto durante varios años por un grupo de niños y mayores dirigidos por Alberto Vera, que realizaba un gran esfuerzo dada su minusvalía, hasta que en el último cuarto de siglo, desde la Semana Santa de 1980, lo viene interpretando el Coro del Conservatorio Provincial de Música de Cuenca, con gran brillantez y emotividad, de manera especial en la procesión “Camino del Calvario” con las últimas estrofas rotas por el sonido de las turbas, como una aportación más desgarradora que produce escalofríos, a esa genuina procesión. Para darnos una idea de lo que suponía la recuperación del Miserere a partir de 1980, en un balance de “Diario de Cuenca” se podía leer: “Se cantó el “Miserere” varias veces, aunque como este año no se anunció con antelación en qué puntos actuaría el Grupo, quienes lo oyeron fue por casualidad. Hay que valorar el empeño de estas personas por mantener esta tradición, y, en especial, el trabajo de Fortunato Saiz de la Iglesia, que hace lo que puede y no es poco”.

En el balance de la Semana Santa de 1981, en el periódico conquense se puede leer: “Pervive el “Miserere”, que en algún momento creímos que iba a desaparecer, tras la “espantá” de los seminaristas, hace años. El Coro del Conservatorio, animado siempre por el entusiasta Fortunato Saiz de la Iglesia, parece haber recogido la antorcha. Lo que hace falta es que se mantenga. ¡Es una delicia oírles!”. El secretario de la JdC, Aurelio Cabañas declaraba unos días antes que “posiblemente el Coro actuará en San Felipe y la plaza de Calvo Sotelo (actual de la Constitución), aunque lo decidirá el director. La Junta agradece la colaboración de este Coro, y aunque no puede costear su actuación, invitará a los cantores a una excursión, como ya viene siendo norma”.

Fortunato Saiz de la Iglesia, maestro de capilla de la Catedral y profesor fue el fundador y primer director durante más de tres lustros, siendo sustituido en 2000 por Pablo Morante, nieto del maestro Calleja, que dirigió el Coro hasta 2021. En los últimos años el Coro del Conservatorio está dirigido por Jesús Mercado Martínez.

El Miserere procesional de la Semana Santa de Cuenca, atribuido a Pradas, pero de autor anónimo, es realmente el canto del pueblo, que se ha ido transmitiendo de generación en generación, como se transmiten las altas de los nazarenos en las hermandades conquenses. Y desde hace 46 años, la escalinata de San Felipe se ha convertido en la plataforma idónea para que el Coro del Conservatorio siga conservando la tradición del canto nazareno. 


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