La donación de sangre en la provincia de Cuenca entra en una etapa marcada por los cambios de ubicación de la Hermandad de Donantes de Sangre, pero también por la continuidad del compromiso de los donantes, que se mantiene prácticamente intacto con el paso de los años. Y es que, la entidad social cerró 2025 con cerca de 6.500 donaciones en toda la provincia, una cifra ligeramente inferior a la del año anterior, pero suficiente para garantizar el suministro necesario y atender todas las necesidades sanitarias.
El presidente de la Hermandad, Samuel López, hace un balance “realista” del último ejercicio. Las donaciones descendieron alrededor de un cinco por ciento, una bajada que nunca es deseable, pero que tampoco sitúa al año entre los peores de la serie histórica. “Bajar siempre está mal, pero no ha sido un año negativo”, explica, subrayando que el objetivo principal es mantener un equilibrio que permita responder ante cualquier demanda.
Uno de los aspectos más relevantes vuelve a ser el peso del medio rural. De las casi 6.500 bolsas recogidas en 2025, alrededor de 4.500 procedieron de colectas realizadas en pueblos de la provincia, frente a unas 2.000 en la capital. “Dependemos muchísimo de los pueblos”, incide López, que pone cifras muy concretas sobre la mesa. “Hay municipios donde en una sola tarde se hacen 60, 70 u 80 donaciones, cuando en Cuenca capital en un mes completo se pueden hacer unas 150 o 160”.
Sin embargo, esa fortaleza empieza a resentirse por la despoblación y el envejecimiento. Cada vez hay menos jóvenes en los pueblos y los donantes más fieles, aquellos que durante años no han fallado a ninguna cita, van dejando de donar por edad o por motivos de salud. “Eso lo notamos mucho”, reconoce el presidente, que advierte de la dificultad de compensar esas pérdidas.
Además, cualquier circunstancia puntual puede alterar una colecta: una ola de calor, una tarde de lluvia, unas fiestas locales o incluso un entierro en el pueblo. “Donde esperas 80 donaciones, de repente te quedas en 30 o 40, y luego cuesta mucho levantarlo”, añade.
La Hermandad cuenta con una base amplia de donantes registrados, con más de 36.000 personas que han donado sangre alguna vez en su vida. “Son donantes históricos, no todos activos”, matiza López, ya que no existe un sistema para dar de baja automáticamente a quienes dejan de donar por edad, fallecimiento o enfermedad. “Hay gente que deja de venir y al final se le echa en falta”, apunta.
Actualmente hay 36.000 donantes de sangre activos en la Hermandad conquense que han realizado al menos una donación en los últimos años
Uno de los grandes retos es el relevo generacional. Llegar a los donantes jóvenes no es sencillo y exige cambiar la forma de comunicar. “Hay que ir donde están ellos”, explica el presidente, que señala las redes sociales y las campañas en entornos educativos como claves. Las salidas a la Universidad de Castilla-La Mancha permiten captar a chicos y chicas de 18, 19 o 20 años que, en muchos casos, donan por primera vez animados por amigos o compañeros. Los datos reflejan ese esfuerzo: en 2025 se sumaron 498 nuevos donantes, mientras que en lo que va de este año ya son 56 las personas que se han estrenado.
La actualidad también influye en las cifras. Grandes accidentes como el ferroviario de Córdoba o catástrofes naturales generan picos de solidaridad. “Se nota mucho cuando ocurre algo así”, recuerda López. En esos momentos se incrementan las donaciones y aparecen nuevos donantes, aunque con el paso de los días el flujo vuelve a la normalidad. “Es algo que hay que agradecer, aunque luego todo vuelve a su cauce”, señala.
A pesar de los altibajos, la Hermandad garantiza que siempre hay sangre disponible para quien la necesita. “Nunca se deja a nadie sin atender”, subraya el presidente. Los bancos de sangre están coordinados a nivel regional y, si en un punto concreto falta un grupo determinado, se traslada desde otra zona. Los grupos más difíciles de encontrar son los recesivos, como el cero negativo o el A negativo, por lo que en ocasiones se realizan llamamientos específicos para reforzar las reservas.
UBICACIÓN EN EL HUCU
Esta nueva etapa coincide también con el inicio de la actividad en el Hospital Universitario de Cuenca, donde la Hermandad comenzó a atender donantes a mediados de diciembre. El cambio ha supuesto una mejora clara en instalaciones y comodidad, aunque también ha obligado a adaptarse a una nueva ubicación. “Como todos los cambios, tiene cosas buenas y cosas que cuestan”, explica López, que confía en que con el tiempo se vayan resolviendo las dificultades iniciales.
Ubicada en el Bloque F (Planta 1, junto a Urgencias), la nueva sede ofrece un ambiente más funcional. “Son instalaciones nuevas, un ambiente más moderno que quizá aliente a la gente a acercarse”, incide López, quien reconoce que estos primeros dos meses han servido para “limar” detalles como la señalización (tienen que poner la furgoneta de la Hermandad en la puerta para indicar el acceso) o la adaptación de los usuarios a la lejanía del nuevo centro y al aparcamiento.
La donación, sin embargo, se sostiene gracias a la constancia de personas como Cristian Alcocer, donante desde hace 25 años. Él ya ha estado en las nuevas instalaciones del HUCU, y su historia es la de muchas familias conquenses. “En mi casa siempre se ha visto como algo normal; mis padres eran donantes”, cuenta. Tras estudiar fuera, empezó a donar de forma regular al regresar a Cuenca. “No te cuesta nada y ayudas a la gente”, resume. Cada tres meses, siempre que las circunstancias lo permiten, vuelve a tender el brazo.

Ubicada en el Bloque F (Planta 1, junto a Urgencias), la nueva sede ofrece un ambiente más funcional. “Son instalaciones nuevas, un ambiente más moderno que quizá aliente a la gente a acercarse”, incide López, quien reconoce que estos primeros dos meses han servido para “limar” detalles como la señalización (tienen que poner la furgoneta de la Hermandad en la puerta para indicar el acceso) o la adaptación de los usuarios a la lejanía del nuevo centro y al aparcamiento.
La donación, sin embargo, se sostiene gracias a la constancia de personas como Cristian Alcocer, donante desde hace 25 años. Él ya ha estado en las nuevas instalaciones del HUCU, y su historia es la de muchas familias conquenses. “En mi casa siempre se ha visto como algo normal; mis padres eran donantes”, cuenta. Tras estudiar fuera, empezó a donar de forma regular al regresar a Cuenca. “No te cuesta nada y ayudas a la gente”, resume. Cada tres meses, siempre que las circunstancias lo permiten, vuelve a tender el brazo.
“Donar sangre no cuesta nada y ayudas a la gente”, resume Cristian Alcocer, donante desde hace 25 años
Las campañas continúan durante todo el año: salidas a pueblos, acciones en la universidad, iniciativas ligadas a fechas señaladas y colaboraciones con distintos colectivos. “Hacemos todo lo que podemos con el tiempo y los recursos que tenemos”, explica López.
En una provincia extensa y dispersa como Cuenca, la donación de sangre es mucho más que un gesto sanitario. Es una red de compromiso silencioso que se renueva cada día y que permite que la sanidad funcione. Un gesto sencillo, repetido miles de veces, que sigue siendo imprescindible para salvar vidas.