De Cuenca al High School de EEUU gracias a las becas Amancio Ortega
Con solo 15 años, Emma Morillas Vladovic (Cuenca, 2010) está a punto de vivir una experiencia que va a transformar su vida. Estudia cuarto de la ESO en el IES Santiago Grisolía de la capital, pero en los próximos meses va a cambiar su ciudad por Estados Unidos toda vez que ha sido seleccionada para una de las prestigiosas becas de la Fundación Amancio Ortega. Un programa que le permitirá cursar primero de Bachillerato en un instituto del país norteamericano durante un año académico completo, con todos los gastos cubiertos.
Emma se marchará en agosto y pasará diez meses al otro lado del Atlántico, conviviendo con una familia de acogida y, además, cumpliendo un sueño. “Desde pequeñita siempre había querido vivir una temporada en Estados Unidos”, explica con una sonrisa que mezcla ilusión y vértigo por lo que le espera allí.
Todo surgió el pasado verano, cuando a través de redes sociales conoció de la existencia de este programa y tras consultarlo con sus padres, no dudó en apuntarse al mismo y cumplir ese sueño de estudiar en Estados Unidos.
Además, a Emma siempre le ha gustado salir de su zona de confort. “Me gusta viajar, conocer cosas nuevas, no quedarme donde estoy”, asegura. Para ella, Estados Unidos reunía todo lo que buscaba: el idioma, la cultura y ese “sueño americano” que tantas veces ha visto reflejado en películas. “Sé que no todo es como lo pintan, que hay cosas buenas y malas, pero la idea que hay en el mundo sobre Norteamérica siempre me ha atraído”, explica.
La confirmación de la beca llegó en Navidad, tras meses de pruebas y nervios. “Me puse a llorar, no me lo creía”, recuerda. Entre más de 8.000 solicitudes a nivel nacional, solo 450 estudiantes fueron seleccionados, siendo ella la única de Cuenca. “Aún ahora me cuesta asimilarlo. Es una alegría infinita y estoy súper agradecida”, asegura.
Un proceso exigente
El camino hasta conseguir la beca no ha sido fácil. Emma tuvo que superar varias fases: una primera criba basada en el expediente académico (con una media que tenía que ser superior a 9,73 sobre 10). Después, un exigente examen de inglés y, finalmente, una entrevista personal y un vídeo de presentación.
Durante el proceso hubo momentos en los que sintió que finalmente no obtendría la beca. “Yo nunca he ido a una academia de inglés”, asegura, porque su forma de aprender el idioma de Shakespeare fue siempre autodidacta a través de internet y redes sociales, además de las clases en el instituto.
Por eso, cuando estaba haciendo las pruebas para la beca y escuchaba a otras aspirantes hablar de certificados y niveles más avanzados que poseían, “pensaba que no tenía nada que hacer”. “Pasar la prueba de inglés fue uno de los momentos más especiales del proceso, un logro enorme para mí”, subraya orgullosa de su esfuerzo.
Ahora, con la beca ya debajo del brazo, Emma empieza a imaginar cómo será su vida en Estados Unidos. “Estoy mirando los pros y los contras para no llevarme un choque de realidad”, explica con madurez. Tiene claro que quiere seguir estudiando música (está en cuarto de profesional de guitarra clásica) y que, a su vuelta, deberá enfrentarse a la EBAU con un objetivo muy ambicioso: estudiar Medicina. “Necesito una nota muy alta, así que estoy viendo cómo organizarlo todo para volver tranquila y preparada, pero si no me da la nota y tengo que repetir la EBAU, lo haría. Quiero vivir la experiencia americana al máximo”, afirma.
Aunque todavía no sabe cuál será su destino final en Estados Unidos, porque la familia y la ciudad se asignan más adelante, tiene alguna preferencia: “Me gustaría un sitio cálido y, si puede ser, una ciudad grande. Vengo de Cuenca, que es pequeñita, y me apetece saber lo que es vivir en una gran ciudad”. Aun así, lo tiene claro: “Donde sea, yo quiero vivir la experiencia”.
Más allá del idioma y los estudios, tiene claro que este año marcará un antes y un después en su vida. “Va a servirme para crecer como persona, para independizarme casi por completo”, asegura. “Y, por supuesto, para perfeccionar el inglés y aprender a desenvolverme sola, tan lejos de casa”.
Aunque es en agosto cuando tiene que cruzar el océano, ya está contando los días para marcharse. “Esta va a ser la experiencia de mi vida, estoy súper agradecida... Es algo increíble”, concluye.