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El Ayuntamiento espera que la Casa del Corregidor esté a pleno rendimiento este año

El Consorcio ya está con la mudanza, por lo que se espera que a lo largo de agosto tenga su nueva sede operativa

El Ayuntamiento espera que la Casa del Corregidor esté a pleno rendimiento este año
El edil Miguel Ángel Valero comprueba in situ la mudanza del Consorcio. Fotos: Sara M. de Lerma
20/7/2021 · Miguel A. Ramón

Cajas, mobiliario y todo tipo de material de oficina comenzaba a inundar la pasada semana las distintas salas de las plantas séptima y octava de la Casa del Corregidor, en pleno Casco Histórico de la capital, una vez concluida su rehabilitación después de once años de gestiones y trabajos. Se trata de los enseres del Consorcio de la Ciudad de Cuenca que traslada su sede a este edificio de los siglos XVI y XVIII compartiendo espacio con una selección del Archivo Municipal, un vivero de empresas y dos museos, uno carcelario y otro en torno a la construcción típica conquense de los siglos XVI y XVII con los conocidos rascacielos.

 

Y es que el Consistorio capitalino tiene claro que este impresionante edificio histórico de ocho plantas –tres por la calle Alfonso VIII y cinco por la calle Matadero Viejo, en plena hoz del Huécar– debe recuperarse “por y para la ciudad de Cuenca”. Y así lo ha puesto de manifiesto el concejal de Cultura y Patrimonio Cultural, Miguel Ángel Valero, quien ha explicado que “de ahí la necesidad apremiante del Ayuntamiento de dotarlo de utilidad lo antes posible”.

Con esta filosofía asegura que se está trabajando, de tal manera que las previsiones iniciales apuntan a que todos estos recursos de la Casa del Corregidor se pongan en marcha antes de finales de este año; eso sí, tal y como ha recalcado, siempre y cuando todas las gestiones se vayan desarrollando según lo previsto. Lo que sí está claro para Valero es que el Consorcio de la Ciudad de Cuenca será el primero en tener operativa su nueva sede en la Casa del Corregidor, inicialmente a lo largo del mes de agosto.

Foto: Sara M. de Lerma

Para el arranque del resto de servicios contemplados en este inmueble habrá que esperar unos meses. De hecho, el edil de Cultura y Patrimonio Histórico ha detallado que en estos momentos se está trabajando en este proyecto que, a su juicio, va a incrementar la actividad en el barrio no solo con la apertura de los citados museos, sino también con la puesta en marcha de la sede del Consorcio o el espacio coworking, que otorgarán a la zona cierta actividad empresarial y administrativa.

 

NUEVOS RECURSOS

El Consorcio ocupará las plantas séptima y octava de este inmueble histórico, mientras que, según detalla Valero, la sexta –a pie de la calle Alfonso VIII– albergará una selección del Archivo Municipal; es decir, los legajos y documentos más valiosos y representativos. En este sentido, ha indicado que “ahora lo primero que tenemos que hacer es estudiar con el archivero cuáles son los fondos que merecen la pena trasladar a este edificio, que podrán ser consultados por los ciudadanos.

Por debajo de la calle Alfonso VIII, en las plantas cuatro y cinco, el Consistorio contempla la ubicación de un espacio coworking para empresas de nuevas tecnologías y culturales. Dos ámbitos que, a juicio del concejal, cada vez están más relacionados, de ahí que se hayan inclinado por esta combinación.

Foto: Sara M. de Lerma

En las tres plantas restantes, con entrada desde la calle Matadero Viejo, se pretende emplazar un museo en torno a la construcción tradicional de Cuenca en los siglos XVI y XVII, con los conocidos rascacielos, de los que es, precisamente, un notable ejemplo la propia Casa del Corregidor, y un museo carcelario aprovechando las celdas existentes en esas plantas del edificio, que se han preservado con su aspecto original con el fin de que al visitante pueda hacerse fácilmente una idea de cuál era el aspecto de esta cárcel en los siglos XIX y XX. De hecho, no solo se conservan algunos de los grilletes y cadenas, sino también las inscripciones en paredes y puertas de algunos de los presos que pasaron por ahí. Junto a estos espacios museísticos, el Consistorio también contempla habilitar espacios multifuncionales en aquellas salas más grandes de estas tres plantas, si bien aún tiene que seguir avanzando en este proyecto. 

Lo importante, desde el punto de vista del edil, es que ya se pone fin a esta intervención que se ha prolongado demasiado en el tiempo. No en vano, se redactó un primer proyecto de rehabilitación en 1996, pero no sería hasta 2009 cuando el Ayuntamiento realizara la correspondiente solicitud al Programa 1,5% Cultural, que recibiría el visto bueno del Ministerio de Fomento, con una inversión superior a los dos millones de euros. Cuatro años después, en 2013, se abordaría la redacción de los estudios previos preceptivos al tratarse de un Bien de Interés Cultural (BIC), pero no sería hasta 2018 cuando comenzaran los trabajos de rehabilitación, que se prolongarían hasta el último trimestre del pasado año. En definitiva, un largo periplo que por fin vislumbra el final y con él el próximo comienzo de un nuevo recurso a disposición de la ciudad.

Foto: Miguel A. Ramón

La rehabilitación integral de la Casa del Corregidor pone al servicio de la ciudad un espacio de nada más y nada menos que 3.000 metros cuadrados distribuidos en ocho plantas. Un típico rascacielos conquense que recobra, de esta manera, su utilidad  para convertirse en un nuevo recurso cultural, social y empresarial en pleno corazón del Casco Antiguo de la ciudad.

El arquitecto Enrique Martínez Gil, uno de los autores del primer proyecto de 1996 que posteriormente se fue modificando, se ha encargado de la última fase de la dirección de la obra. Un papel que le ha permitido no solo velar por la ejecución adecuada de lo contemplado en el proyecto, sino también introducir los cambios pertinentes para lograr el objetivo de que este edificio del XVI y XVIII no perdiera su esencia sin renunciar a su adaptación a los nuevos tiempos. 

Para ello, se ha optado por la preservación y puesta en valor de gran parte de su aspecto original, en especial, en sus cinco primeras plantas, las existentes por debajo de la calle Alfonso VIII. En ellas, las soluciones arquitectónicas adoptadas han pasado por recuperar y dejar a la vista muchos de sus elementos originales, desde robustos muros con espesores entre uno y medio y dos metros hasta puertas, ventanas, rejería e, incluso, letrinas del siglo XIX, cuando este edificio albergaba una cárcel. Una apuesta que traslada siglos atrás al visitante simplemente recorriendo sus muchas salas, algunas de ellas totalmente desconocidas y de las que no se tenía constancia hasta ahora. Y es que, según ha detallado el arquitecto responsable de la dirección facultativa de la obra, gracias a esta actuación se han podido recuperar en torno a 800 metros cuadrados que estaban ocultos tras las paredes.

Una rehabilitación que, a su juicio, devuelve el esplendor a un edificio conquense muy singular, el segundo más importante de la ciudad, después de la Catedral, aunque, sin embargo, un auténtico desconocido para la mayoría de los ciudadanos. Un inmueble construido en el siglo XVI, que sufrió dos importantes intervenciones en el siglo XVIII, aumentando una planta hasta las ocho actuales y ampliando sus dependencias con la ocupación de un solar adyacente, junto a la vecina Casa de los Clemente de Aróstegui.

Foto: Sara M. de Lerma
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