Aquellas verbenas del Vivero
Félix Moya tenía 19 años cuando se sentó al teclado de ‘Sombras’ para tocar en las verbenas de la Feria de San Julián en el parque de Santa Ana. Eran otros tiempos y también otra forma de vivir las fiestas. Por delante, tres horas de música y, frente al escenario, una pista en la que se reunían miles de conquenses dispuestos a bailar hasta que, alrededor de las dos de la madrugada, llegaba el momento de recoger los instrumentos. “Aquello se llenaba de gente todos los días”, recuerda más de cuatro décadas después.
Moya fue uno de tantos músicos conquenses que pusieron banda sonora a unas noches que hicieron época. Las verbenas se celebraban ya en Santa Ana en los años cincuenta, se mantuvieron durante varias décadas y terminaron desapareciendo de un escenario que quedó ligado para siempre a su recuerdo. El pasado año, San Julián recuperó los bailes en el parque de Santa Ana y este 2026 volverán a celebrarse allí.
Para reconstruir aquellas noches basta con tirar de la prodigiosa memoria de otro músico conquense, Pepe Lerma. Batería y cantante, y vinculado a diferentes formaciones locales, conserva nombres, instrumentos y alineaciones de buena parte de los conjuntos que fueron pasando por el Viviero. Sitúa ya en los años cincuenta a ‘Ismael y sus Muchachos’, con Ismael Martínez Marín a la guitarra eléctrica, Ángel Moreno Martínez al saxo alto o José Ripoll Ferrando a la trompeta, junto a acordeonistas como Olegario López, Octavio y Rafael, además de Julián Lázaro Real, ‘Realete’, a la batería y Clarito como cantante.
Después fueron llegando nuevas generaciones. Lerma recuerda grupos como ‘Sombras’, ‘Casman’, ‘Cristal’, ‘Reivaj’ o ‘Línea Recta’, además de otras formaciones que fueron tomando el relevo conforme avanzaban los años. Una nómina que habla también de la intensa actividad musical que llegó a tener Cuenca. Él mismo coincidió en ‘Línea Recta’ con Arturo Martínez Barambio, batería de la formación y, varias décadas después, pregonero de este San Julián 2026.
Pero detrás de tantos nombres estaba, sobre todo, el baile. Las noches comenzaban alrededor de las once y tenían una hora de finalización que difícilmente podía negociarse. Lerma recuerda que las actuaciones se prolongaban hasta las dos de la madrugada y que, si los músicos se excedían, la Policía Nacional, entonces conocida popularmente como ‘los grises’, se presentaba al pie del escenario para indicar que había llegado el momento de terminar.
El repertorio permite imaginar también aquella pista. Sonaban los pasodobles de Pepe Blanco, los tangos de Carlos Gardel, boleros de Antonio Machín y Jorge Sepúlveda, jotas o sevillanas, junto a una música que fue evolucionando conforme cambiaban las generaciones.
“AlLÍ SE IBA A BAILAR”
Félix Moya lo vivió desde dentro. Nacido en 1961, comenzó muy joven en la música y a los 15 años ya hacía actuaciones con ‘Convulsión’. Con ‘Sombras’ recuerda haber tocado prácticamente todos los años algún día de San Julián entre finales de los setenta y mediados de los ochenta. “Era una de las cosas más importantes que había en ferias, aparte de los cacharritos y los toros”, nos cuenta.
No existía entonces una oferta nocturna comparable a la actual. Terminados los festejos taurinos y salvo las jornadas en las que había algún concierto, la verbena se convertía en el gran punto de encuentro. “En nuestra época es fácil que se metieran 2.000 o 3.000 personas”, calcula Félix, todavía sorprendido al recordar cómo aquellos equipos de sonido conseguían llegar a un Vivero abarrotado.
Entre el público convivían generaciones diferentes. Los mayores acudían fundamentalmente a bailar, mientras los jóvenes encontraban también una oportunidad para relacionarse. Y sí, había canciones lentas: “Los chicos iban a sacar a bailar a las chicas y claro, era cuando aprovechaban un poco para hablar o para ligar”.
Aquella cultura de la verbena fue transformándose y terminó desapareciendo de Santa Ana. Cambiaron las formas de ocio, llegaron otras propuestas y San Julián trasladó durante años sus noches de baile a otros escenarios. El Vivero dejó de ser aquel punto de encuentro que varias generaciones de conquenses habían incorporado a sus fiestas.
Hasta el pasado año. San Julián recuperó en 2025 las verbenas en Santa Ana y este año volverá a hacerlo. El escenario es el mismo, aunque Félix sabe que el tiempo ha cambiado inevitablemente la forma de disfrutarlo: “Ahora las orquestas son más espectáculo que baile”.
Quizá por eso una frase suya explique mejor que ninguna otra lo que significaron aquellas noches. “Igual que ahora las generaciones viven los festivales, en aquella época lo que se vivían eran las verbenas”. Y durante muchos años, cuando llegaba la Feria de San Julián, buena parte de Cuenca las vivía bailando en el Vivero.