“Voy siempre con la medalla, no me la quito para nada”. La medalla que María Ángeles Grifo lleva colgada al cuello y a la que hace referencia no es precisamente la de una virgen o un santo protector, sino la de un sistema de teleasistencia con el que esta conquense de 66 años se siente más segura en su día a día.
María Ángeles tiene varias patologías para las que se medica a diario, aunque la que más le preocupa, le duele y, de algún modo, condiciona su vida cotidiana es una artrosis degenerativa que afecta especialmente a sus rodillas. A ello se suman los dos meniscos rotos, lo que hace que para salir a la calle necesite habitualmente un andador y, algunos días, un bastón. “Las rodillas a mí me matan. Me pegan unos crujidos y se me doblan”, cuenta.
Nació en Cuenca, y aunque se crio en Arcos de la Cantera, desde los 17 años vive en la capital. Ahora está jubilada y vive sola desde que falleció su marido. Fue precisamente entonces, hace alrededor de siete años, cuando comenzó a contar con el servicio de teleasistencia.
Su situación personal explica buena parte de la tranquilidad que encuentra en ese dispositivo. Su hijo trabaja, a veces fuera de Cuenca, mientras que una de sus hijas reside en Madrid. En caso de emergencia, el servicio dispone además de los contactos de personas cercanas que pueden acceder a su vivienda.
“Si digo: ‘Oye, que me he caído’, avisan rápidamente a mi hija aunque esté en Madrid”, explica María Ángeles, que reconoce que la teleasistencia proporciona seguridad no solo a ella, sino también a su familia.
Mucho más que una medalla
Y sabe bien de qué habla. Durante estos años ha tenido que recurrir al servicio en alguna ocasión por encontrarse mal. Una de ellas acabó incluso con su ingreso hospitalario ante la sospecha inicial de que pudiera estar sufriendo un ictus. “Les faltó tiempo para mandar la ambulancia con el médico y con todo”, recuerda.
Pero la teleasistencia que tiene instalada en casa va bastante más allá de ese botón al que recurrir cuando surge una emergencia. María Ángeles dispone también de sistemas preventivos adaptados a sus circunstancias, entre ellos detectores de caídas y de humo.
Este último tiene para ella una importancia especial. Tras la COVID perdió el olfato y, durante una de las visitas de seguimiento, explicó esta circunstancia a uno de los profesionales. La respuesta fue instalar un detector de humo en su vivienda. “Me dijo: ‘No te preocupes, te vamos a poner un detector de humos’. Yo estoy súper agradecida a la teleasistencia”, relata.
El contacto tampoco se produce únicamente cuando existe un problema. Recibe llamadas periódicas para saber cómo se encuentra y visitas para comprobar el funcionamiento de los dispositivos. “Me llaman una vez al mes o cada mes y medio a ver qué tal me encuentro”, explica.
La historia de María Ángeles es una entre las miles que hay detrás de un servicio que continúa creciendo en la provincia. A 30 de junio de 2026, la teleasistencia atendía a 10.519 personas en Cuenca, 236 más que al finalizar 2025. Para hacerlo posible hay instalados 8.030 terminales, una cifra inferior a la de usuarios porque un mismo dispositivo puede atender a más de una persona dentro de un domicilio.
Cada día más usuarios
El perfil mayoritario tiene rostro de mujer. De las 10.519 personas atendidas, 6.874 son mujeres, un 65,4 por ciento, frente a 3.645 hombres, por lo que prácticamente dos de cada tres usuarios son mujeres.
La edad también dibuja claramente el perfil del servicio. El grupo más numeroso se encuentra entre los 80 y los 90 años, con 5.245 personas, mientras que otras 1.949 tienen entre 90 y 100 años y 35 superan el siglo de vida. También hay 546 usuarios menores de 65 años, fundamentalmente personas con discapacidad, limitaciones u otras circunstancias que hacen aconsejable disponer de esta atención.
La delegada provincial de Bienestar Social, Susana Zomeño, destaca además la extensión territorial que ha alcanzado la teleasistencia. Está implantada en 229 de los 238 municipios conquenses, lo que representa un 96 por ciento. Los nueve restantes no están excluidos de su cobertura, sino que actualmente no existe ninguna solicitud.
Se trata de un servicio público, gratuito y disponible las 24 horas del día, los 365 días del año. Está dirigido, entre otros perfiles, a personas mayores de 70 años que viven solas, independientemente de que tengan reconocida o no una situación de dependencia, así como a personas dependientes o que por sus circunstancias particulares puedan necesitarlo.
Su dimensión se aprecia también en el volumen de comunicaciones. Solamente durante los seis primeros meses del año, desde el centro de atención se realizaron más de 120.000 llamadas a usuarios de la provincia para hacer seguimiento, conocer cómo se encontraban, recordar citas o incluso felicitar cumpleaños. En sentido contrario, los usuarios efectuaron 37.346 llamadas al centro.
Pero el modelo está cambiando. “No esperamos a recibir la llamada, sino que llamamos, acompañamos, proponemos y recordamos citas. Estamos evolucionando desde un modelo de respuesta ante una emergencia hacia una teleasistencia más proactiva y preventiva”, explica Zomeño.
De ahí que el conocido botón conviva ya con detectores de humo, gas, caídas o presencia, sistemas de geolocalización y dispositivos capaces de monitorizar hábitos. Estos últimos pueden, por ejemplo, advertir de que una persona no ha realizado determinados movimientos habituales en casa y generar una alerta para comprobar que se encuentra bien.

La teleasistencia llega a la televisión
El siguiente paso ya ha comenzado y Cuenca tiene un protagonismo especial. Castilla-La Mancha está implantando un nuevo modelo de telecuidado proactivo mediante televisión interactiva en 500 domicilios, de los que 150 se encuentran en la provincia conquense.
La iniciativa utiliza el televisor del propio usuario para convertirlo en un canal sencillo de comunicación y acompañamiento. “A través de él se pueden enviar recordatorios, mantener contacto con profesionales y familiares o detectar posibles situaciones de aislamiento”, pero también participar desde casa en actividades compartidas con otras personas.
La oferta puede incluir talleres de estimulación física, gerontogimnasia o memoria, además de propuestas de lectura, cocina, manualidades o jardinería. También contempla charlas sobre salud, autocuidado, robos y estafas, o incluso visitas virtuales a museos y exposiciones.
La tecnología, insiste Zomeño, no pretende sustituir el contacto humano ni los servicios que ya existen, sino complementarlos. “Hay un seguimiento constante con el usuario, se habla, se felicitan los cumpleaños, no se espera la emergencia, se acompaña, se previene. No sustituye al humano, por supuesto, pero nos acerca a la persona, personaliza y es una herramienta preventiva”.