El servicio de atención temprana llega a 700 niños y niñas en Cuenca
Paula tiene tres años, le gusta jugar con Peppa Pig y es feliz llenando de dibujos las hojas de una libreta. Al principio se muestra tímida, pero cuando coge confianza aparecen las risas y las ganas de compartir juegos. Este curso ha empezado el colegio en Aliaguilla. Aún le cuesta separarse de su madre por las mañanas, “aunque después sale contenta, contando que ha pintado y jugado”. En su vida, como en la de cualquier niña, hay pequeños descubrimientos diarios. Pero algunos, como bajar una rampa sola o dar pequeños saltos, llevan detrás mucho esfuerzo y acompañamiento.
“Ella lo está consiguiendo todo, aunque sea un poquito más tarde, pero lo va consiguiendo”, nos cuenta su madre Laura Frías. A su lado, Juan Manuel Alcantarilla, el padre de Paula, recuerda una enseñanza que les han transmitido los profesionales del servicio de atención temprana: “Esto no es una carrera”.
La familia conoce este servicio desde los primeros meses de vida de su hija. Paula nació con atresia de esófago y tuvo que ser trasladada a Albacete para ser operada pocos días después de llegar al mundo. Aquel comienzo estuvo marcado por las dificultades para alimentarse y las hospitalizaciones y fue en el el hospital donde les hablaron de la atención temprana. Entonces vivían en Arcas. Allí recibieron las primeras visitas para valorar las necesidades de Paula y acompañar su desarrollo. Cuando se trasladaron a Aliaguilla, el apoyo continuó en su nuevo domicilio. Ese desplazamiento de los profesionales hasta donde vive la pequeña es una de las claves de un servicio que evita que la distancia se convierta en una dificultad añadida.
Se trata de un recurso de la red de atención temprana de la Junta de Castilla-La Mancha, gratuito para sus usuarios, y que Apacu gestiona con financiación de la administración regional. La asociación recibe los casos derivados por el Centro Base de Cuenca, encargado de realizar una primera valoración y determinar la necesidad de intervención.
APOYO EN CASA
El servicio itinerante de Apacu funciona desde julio de 2017 y atiende los alrededores de la capital y la Serranía norte y sur. En lo que va de 2026 ha trabajado con 61 familias. Detrás de esa cifra hay domicilios, carreteras y rutas que el equipo organiza para acercar los apoyos a los pueblos: en 2025 recorrió 15.557 kilómetros y, durante el primer semestre de este año, unos 7.800.
“Llegamos a las familias de una manera fácil, cómoda y gratuita. De otra manera, muchas no recibirían intervención ni apoyo”, explica Marihú Barrero, psicóloga y coordinadora del servicio de atención temprana de Apacu. Se refiere especialmente a hogares de pequeñas localidades con dificultades económicas o de desplazamiento. Poder llegar hasta ellos permite iniciar el acompañamiento desde los primeros años.
El equipo está formado por cuatro profesionales de fisioterapia, logopedia y psicología, incluida la coordinadora. Cada familia tiene un profesional de referencia, respaldado por el trabajo conjunto de sus compañeros. La frecuencia de las visitas depende de las necesidades: puede ser semanal, quincenal o mensual cuando se realiza un seguimiento.
El modelo sitúa a la familia en el centro. “Ellos son los que priorizan sus objetivos, sus necesidades, y nosotros acompañamos y orientamos en esas necesidades”, señala Barrero. La intervención se construye sobre situaciones cotidianas: la alimentación, el cambio de pañal, las salidas o la incorporación al colegio. También puede implicar a los abuelos y otros cuidadores.
Ese acompañamiento ha sido importante para Laura. A las preocupaciones por la salud de su hija se sumaban las dudas de una madre primeriza que veía cómo otros niños alcanzaban antes determinados hitos. Tener profesionales a quienes preguntar le ha ayudado a comprender sus tiempos y sus necesidades. “Para mí el servicio de atención temprana ha supuesto mucho”, asegura.

SIEMPRE A SU RITMO
En el caso de Paula, las sesiones combinan el trabajo motor y del lenguaje. Alba Rodrigo, la fisioterapeuta, trabaja el equilibrio, la estabilidad y la fuerza de las piernas. María Soledad Ruiz se ocupa del vocabulario y la construcción de frases. Alternan ejercicios y circuitos con actividades más tranquilas, atendiendo al cansancio y a la disposición de la pequeña. “Nosotros tenemos que adaptarnos a ellos más que ellos a lo que llevemos en mente”, explica Alba. La planificación se ajusta a cómo se encuentra la niña ese día.
La fisioterapeuta la conoció cuando empezaba a caminar. Recuerda que iba de la mano, con miedo, y que no se atrevía a subir un pequeño escalón. Ahora baja rampas sola y empieza a dar saltos. “Hemos conseguido la autonomía desde que la conozco”, destaca. Son avances que se incorporan a sus juegos y a su manera de explorar el entorno.
La entrada en el colegio abre ahora otra etapa en la vida de Paula. La niña comparte clase con otros nueve escolares y sus padres valoran la cercanía de la educación rural. El servicio de atención temprana mantiene, además, coordinación con colegios y escuelas infantiles para facilitar las transiciones y compartir las necesidades de los menores.
Marihú Barrero subraya “la satisfacción de acompañar a una familia desde que su hijo es un bebé y observar después su evolución. Ese trabajo incluye ayudar a los padres a conocer sus características y encontrar herramientas para apoyarlos en casa”.
La atención del servicio abarca de cero a seis años. Cuando se acerca su final, el equipo también orienta sobre otros recursos que puedan necesitar. La distancia vuelve a ser entonces una preocupación para algunas familias, lo que refuerza el valor de disponer de estos apoyos en el propio entorno.
La red de atención temprana de Cuenca cuenta con ocho recursos en los que trabajan unos 40 profesionales y que atienden a alrededor de 700 niños y niñas. Según la delegada provincial de Bienestar Social, Susana Zomeño, “la Junta destina anualmente más de 840.000 euros a los siete centros gestionados por entidades y ayuntamientos, una cantidad a la que se suma la financiación del Centro Base de Cuenca, de gestión autonómica directa”. Completan la red Apacu y Aspas, en la capital; Jérôme Lejeune, en San Clemente; Atemis, en Iniesta, y los centros municipales de Tarancón, Mota del Cuervo y Motilla del Palancar. Zomeño destaca que no hay listas de espera y recuerda que “la Ley de Atención Temprana se aprobó por unanimidad en las Cortes regionales en 2023”. Aunque Apacu y Atemis son los dos servicios itinerantes, los demás también desplazan a sus profesionales cuando resulta necesario y las familias lo desean.
En Aliaguilla, Paula sigue descubriendo el colegio, jugando y pidiendo nuevas hojas para pintar. Sus padres celebran cada avance con la tranquilidad de contar con ayuda cerca. Juan Manuel vuelve a la idea que les acompaña desde hace tiempo: “La cuestión es llegar al objetivo, aunque tarde dos o tres meses más, lo que sea necesario”.