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La sequía condiciona la berrea en La Serranía conquense

Los animales están peor alimentados este año por la falta de lluvias y tienen menos fuerzas, lo que puede hacer que el periodo de celo sea “más largo y discreto” de lo habitual

La sequía condiciona la berrea en La Serranía conquense
Fotos: Ecoturismo Cuenca
19/9/2022 · Dolo Cambronero

La falta de lluvias y las altas temperaturas de este verano van a condicionar este año la berrea, el imponente ritual de cortejo de los ciervos para lograr atraer a las hembras para el apareamiento que da lugar a un concierto espectacular de bramidos en plena naturaleza que se produce tradicionalmente a principios de otoño. “No he visto nunca un verano tan seco. Está todo amarillo y no sé cómo les va a sentar a los animales de cara al celo”, señala Jaime Rodríguez Estival, de Ecoturismo Cuenca, quien cree que esta temporada va a ser “más larga y más discreta” de lo habitual en La Serranía conquense aunque todo dependerá de si continúan las precipitaciones de los últimos días.

Falta de sincronicidad reproductiva 

“Tendría que estar lloviendo una semana y media entera para que la berrea fuese normal”, añade este profesional de Ecoturismo Cuenca, firma especializada en organizar rutas interpretativas para conocer a fondo este fenómeno. La sequía y el intenso calor de este verano han hecho que las hembras estén malnutridas lo que afectará probablemente a la llamada sincronización reproductiva de estas. Es decir, si todas se ponen tradicionalmente en celo a la vez durante un par de semanas, este otoño puede ocurrir que ese fenómeno no se produzca de forma simultánea y esté más repartido en el tiempo, lo que provocará a su vez que los machos no tengan “el incentivo” de atraer a un gran número de hembras y estén “más relajados”. 

Por ello, Rodríguez Estival considera que quizás este otoño la berrea “no va a ser tan espectacular” como otros años en el conjunto de La Serranía de Cuenca y previsiblemente será más difícil escuchar a varios ciervos al tiempo bramando con el objetivo de impresionar a las hembras. “Va a ser un fenómeno más individual”, vaticina. “Con suerte, se podrá oír a dos o tres pero no a diez como en otras ocasiones”, añade. 

Los machos no comen durante las semanas del periodo de apareamiento, por lo que pueden perder el 25% de su peso durante la época de celo

Además, la pobre alimentación de estos animales durante este verano también ha afectado a unos machos que tienen que llegar con fuerzas y energía a este periodo dado que, durante las semanas que dura el apareamiento, estos no comen para centrarse exclusivamente en la reproducción. “Es una adaptación evolutiva”, explica este experto.

Esto hace que un macho, que puede llegar a pesar hasta 180-190 kilos, pierda hasta un 25% de su peso corporal durante el periodo de celo. De esta manera, si este año afrontan la época reproductiva tras un verano seco y con menos recursos, es probable que estén “a medio gas”.

Porque les hacen falta muchas fuerzas para hacer frente a este ciclo natural dado que la berrea suele prolongarse alrededor de un mes, desde la segunda quincena de septiembre hasta la primera de octubre, alcanzando su máximo apogeo en la última semana de este mes y los primeros días del siguiente. Los momentos más álgidos de este ritual para el apareamiento tienen lugar durante el amanecer y el atardecer. 

Y tras la berrea de los ciervos, llegará la ronca del gamo a los montes serranos. De hecho, ambos periodos suelen coincidir durante los primeros días de octubre, cuando los bramidos de los primeros empiezan a flojear y comienzan a intensificarse los ronquíos de los segundos cérvidos. 

“La lluvia preotoñal ayuda a que se generen recursos alimenticios”, recuerda este profesional, que confía en que las precipitaciones alivien estos días la situación y ayuden a los ciervos en este proceso de selección natural ya que los mejores son los que consiguen copular con las hembras para garantizar la continuidad de su especie.

TEMPORADA MICOLÓGICA

De la misma opinión es Sergio Abarca, de la empresa Savia Ecoturismo, quien considera que la sequía está afectando a la fauna en general, lo que va a condicionar particularmente a la berrea. “Se nota que va un poco más tarde que otros años. Pero se prevén lluvias y esperamos que los ciervos pueden empezar a mover la próxima semana”, calcula, puntualizando que “tienen menos fuerzas porque están peor alimentados”.

“Son especies bastantes abundantes en la provincia por lo que este fenómeno se puede ver en cualquiera de nuestros montes e incluso cerca de Cuenca”, señala Abarca, cuya empresa suele organizar cada año talleres de observación de huellas de los cérvidos aunque están especializados en el ámbito micológico, por lo que también están pendientes de la lluvia dado que la falta o abundancia de precipitaciones también condicionará la temporada de setas y de hongos.

'Descubre los secretos de la berrea': rutas interpretativas para escuchar y observar a ciervos y gamos

Desde el pasado viernes 16 de septiembre y hasta el 9 de octubre, Ecoturismo Cuenca va a desarrollar la octava edición de ‘Descubre los secretos de la berrea’, un programa de rutas interpretativas que permite disfrutar de la escucha y observación de ciervos y gamos en una finca privada situada en el Parque Natural de La Serranía, en Las Majadas.     

“Hemos tenido veranos secos pero como este ninguno”, reconoce Jaime Rodríguez Estival, de Ecoturismo Cuenca, quien matiza que aunque la sequía puede haber impactado en el resto de La Serranía, confía en que en este terreno en el que hacen sus rutas –dedicado a la actividad ganadera aunque hay fauna silvestre y se respeta la berrea no cazando durante el periodo reproductivo– no se haya visto tan afectado por la falta de lluvias. “Hay agua y sales. Esperamos que las hembras vayan a engordar allí y los machos acudan”, desea, indicando que, de hecho, ya han podido comprobarlo y disfrutar estos días del imponente sonido de los ciervos en celo. 

La actividad tiene una duración de cinco horas y está disponible en horario de mañana y tarde, coincidiendo con los periodos más álgidos de la berrea. Los grupos son reducidos –de un máximo de doce personas– y los participantes pueden observar a los ciervos desde un mirador y a través de prismáticos. “No los van a ver de cerca. Son animales silvestres. Si quieren eso, que se vayan a una granja”, advierte Rodríguez Estival.     

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