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Sensación agridulce con la campaña de ajo morado: buena calidad pero menos calibre

El sector percibe bajos rendimientos de la cosecha y alerta de la presión de las importaciones, los bajos precios y los desafíos estructurales que amenazan su futuro
Foto: Saúl García
24/07/2026 - E.M.C.

Más allá del ambiente festivo, la LII Feria Internacional del Ajo llega en un momento clave para el sector. Con la mayor parte de la cosecha ya recogida, la actividad se concentra ahora en los almacenes, donde el ajo pasa por los procesos de clasificación, calibrado, almacenamiento y manipulación antes de iniciar su comercialización. Es precisamente en esta fase cuando comienza a medirse el verdadero alcance de una campaña que deja sensaciones encontradas.

CAMPAÑA DE CONTRASTES

“No va a ser un gran año en cantidad de ajo, pero sí en calidad”, resume el presidente de Coopaman y de la Mesa Nacional del Ajo, José Carlos Patiño. A su juicio, el cultivo ha presentado un “excelente estado sanitario” gracias a unas condiciones meteorológicas favorables durante la recolección, que han permitido obtener bulbos limpios, sin daños provocados por la lluvia y con una calidad muy destacada. Sin embargo, ese buen comportamiento del producto no ha ido acompañado de los rendimientos esperados. La principal incidencia de la campaña ha sido la pérdida de calibre, especialmente en el ajo morado, una circunstancia que reducirá la producción respecto a un año considerado normal. En el caso del ajo temprano, los rendimientos se sitúan entre el 80 y el 90 por ciento de una campaña habitual, mientras que en el ajo morado rondan el 70 por ciento, con producciones cercanas a los 6.000 kilos por hectárea frente a los aproximadamente 8.000 que suelen alcanzarse en condiciones normales. Las próximas semanas serán decisivas para la clasificación del producto y su salida al mercado.

CALIDAD Y PRESTIGIO

Patiño explica que esa diferencia de tamaño condiciona también la rentabilidad de las explotaciones, ya que los calibres más grandes suelen tener una mayor demanda comercial. Aun así, insiste en que “la calidad del producto permitirá mantener el prestigo del ajo morado en los mercados”, una circunstancia especialmente importante para un cultivo cuya diferenciación se basa precisamente en sus cualidades organolépticas y en el reconocimiento de la Indicación Geográfica Protegida. Pero la preocupación del sector no termina en el campo. “Los precios ya no pueden bajar más porque están por debajo de los costes de producción”, advierte el responsable de Coopaman, que considera que la rentabilidad continúa muy condicionada por factores externos.

Entre ellos destaca el fuerte incremento de las importaciones de ajo procedente de Egipto, que en apenas unos años han pasado de unos cuatro o cinco millones de kilos a alrededor de veinte millones, además del peso que sigue ejerciendo China como principal productor mundial. A esta presión del mercado se suman otros desafíos que el sector considera estructurales. La progresiva retirada de materias activas por parte de la Unión Europea “sin alternativas eficaces para combatir determinadas plagas y enfermedades”, la dificultad para encontrar mano de obra, la falta de relevo generacional y la “incertidumbre sobre la disponibilidad de agua” dibujan un escenario complejo para un cultivo que sigue siendo uno de los principales motores económicos de Las Pedroñeras y de buena parte de La Mancha conquense.

Pese a ese escenario de luces y sombras, la FIDA volverá a convertirse en el mejor escaparate del sector, una cita que seguirá reivindicando un producto maravilloso que destaca por su calidad, su sabor y sus enormes beneficios para la salud.