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Uña recupera una de sus pegueras tras 60 años sumida en el olvido

Un grupo de ciudadanos ha rehabilitado, con financiación del Ayuntamiento, esta construcción tradicional de extracción de la pez

Uña recupera una de sus pegueras tras 60 años sumida en el olvido
Éste es el resultado final de los trabajos de rehabilitación de esta antigua peguera ubicada a un kilómetro de la Laguna de Uña, en las inmediaciones del frontón. //Foto: Casa Rural El Escalerón
11/12/2020 · Miguel A. Ramón

Lo que hace un año nacía fruto de la casualidad, hoy es una realidad y todo el mundo puede disfrutarlo. Y es que hace unos días un grupo de ciudadanos concluía la rehabilitación de una de las pegueras de la localidad serrana de Uña, una construcción tradicional para la extracción de la pez que llevaba en desuso y sumida en el olvido desde hacía unas seis décadas.

Una iniciativa ciudadana que surgió cuando Fernando Rodríguez, propietario del Complejo Rural El Escalerón, paseaba por los alrededores de su establecimiento turístico y descubrió oculto entre la maleza lo que en un principio creía que era un pozo semilodado, pero que, tras consultar a un amigo, supo que realmente se trataba de una antigua peguera abandonada.

ARRANQUE DEL PROYECTO

Fue, entonces, cuando Fernando, ilusionado con el hallazgo, propuso al Ayuntamiento la recuperacion de esta “parte de la historia de Uña”, recibiendo carta blanca y el compromiso de financiación de los costes, y, por lo tanto, dando comienzo esta “aventura” que finalmente se ha prolongado durante todo un año.

Al proyecto se fueron incorporando personas implicadas con La Serranía conquense y sus tradiciones, desde Moisés Heras y su esposa Amparo, del Grupo Ecologista Universales, que acudían desde Valdemeca, hasta Miguel Ángel Guerra, de la Agrupación Naturalista Esparvel, o Sergio y Ana, de la empresa turística Savia Ecoturismo, pasando por miembros de la Asociación El Navazo, de Huerta del Marquesado, o los propios padres de Fernando, entre otros.

Un grupo que se ponía manos a la obra con ilusión y ganas de recuperar uno de los vestigios de ese oficio ya desaparecido del peguero, que tanta pujanza tuvo antaño a lo largo y ancho de La Serranía, y conscientes de lo arduo de la tarea que quedaba por delante.

Foto: Casa Rural El Escalerón

Y es que, a las adversas condiciones meteorológicas propias del invierno en esta zona de la provincia, se sumaba el hecho de que todos ellos tenían sus ocupaciones y debían de encontrar tiempo libre para dedicárselo a este bonito proyecto. Al final, no sin dificultades y cada uno en la medida de sus posibilidades, fueron contribuyendo a hacer realidad esta rehabilitación, que se ha ido ejecutando durante fines de semana, en especial los sábados aunque también algún que otro domingo, lo que ha conllevado que se hayan dilatado los trabajos hasta hace tan solo unos días, un año después de su inicio. Pero, tal y como recalca el “padre” de la idea, “ha merecido la pena”, porque el resultado final “ha sido muy satisfactorio y ofrece al visitante una idea muy clara de cómo era este tipo de construcciones tradicionales dedicadas a la extracción de la pez”.

TRABAJOS DE EJECUCIÓN

Los trabajos comenzaban con el desbroce de la zona y el posterior desescombro, tanto de la caldera como del depósito, que se encontraban prácticamente cegados de piedras, tierra y todo tipo de residuos, desde vasijas, muñecos y ropa a utensilios de cocina, etc. Y es que con el paso del tiempo se habían convertido en un pequeño vertedero y sus más de dos metros y medio de profundidad se habían reducido a poco más de medio metro por la acumulación de basura.

Tareas que permitieron recuperar el espacio interior de estos dos habitáculos, así como la conexión entre ambos, y comprobar el buen estado de conservación de los ladrillos refractarios con que están construidos. La ejecución de una escalera para facilitar el acceso de la caldera al depósito fue el paso siguiente, así como el acondicionamiento de las embocaduras de ambos habitáculos, con la colocación, en primer lugar, de losas de piedra, y posteriormente de una valla de madera como protección, así como una reja de hierro para evitar caídas al interior.

Foto: Casa Rural El Escalerón

De la misma manera, se ha acometido el cerramiento de la zona con un vallado de madera, que, además de delimitar la zona, contribuye a facilitar al visitante que pueda disfrutar de esta antigua peguera con seguridad y comodidad. Barandillas que se han completado con la instalación de un panel informativo en el que se explica cómo es una peguera y cuál era su funcionamiento, así como con la colocación en la salida del depósito de una cubeta recubierta de arpillera, a semejanza del denominado como “cajal”, donde iba a parar la pez extraída de las astillas resinosas quemadas en la caldera para su solidificación y posterior uso.

Un año de trabajos que, para Rodríguez, ha permitido que Uña pueda recuperar una parte de su historia, al tiempo que ha enriquecido con un atractivo más su ya de por sí rica oferta turística, que tiene en su laguna y la riqueza natural de su entorno sus grandes reclamos.

Foto: Casa Rural El Escalerón

¿QUÉ ES Y CÓMO FUNCIONA UNA PEGUERA?

Una peguera, como la que se ha rehabilitado en Uña, es una construcción tradicional en la que se extraía pez de la madera resinosa y que consta de tres partes fundamentales, como son una caldera, un depósito y una artesa, denominada cajal, en la que se recogía la pez, tal y como se puede comprobar en la ilustración de la derecha.

La caldera, en cuestión, que suele tener forma de cilindro ovalado, a semejanza de un tonel, con una altura de unos 2,5 metros y un diámetro de 1,5 metros. En ella se introducían verticalmente las astillas resinosas procurando que no quedara hueco alguno ocupando todo el habitáculo, se incendiaba la carga por la boca superior y el calor hacía que la madera exudase la resina que iba hasta el fondo de la caldera, para, a continuación, escurrir por una tubería a un depósito adyacente.

Depósito que se construía junto a la caldera, pero en una cota inferior, y el calor transmitido por la caldera permitía que la pez se mantuviera caliente y, por lo tanto, en estado líquido. A estas alturas del proceso, bien se extraía la pez, tal cual llegaba al depósito, o se refinaba mediante una quema controlada del producto mientras se removía con un palo, que hacía espesar la pez.

Para el vaciado cuenta en el fondo del depósito con un conducto. A la salida de dicho conducto se colocaba el cajal, una especie de artesa de madera, más estrecha en la base que en su rasante con el objeto de facilitar la retirada de la pez sólida. Sobre el vaso del cajal se colocaba un saco para evitar que el producto se pegara a las paredes interiores, que servían de molde, de tal manera que se extraía cortándolo en piezas y así permitir un transporte más cómodo.

La pez se utilizaba como impermeabilizante, por ejemplo en la construcción de embarcaciones y recipientes fabricados en piel, así como para marcar el ganado ovino con el sello del ganadero.

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