Ocho de cada diez alumnos del CEIP de El Provencio van a clase a pie o en bici
Hace casi una década, dos maestros del CEIP Infanta Cristina de El Provencio se asomaron a una ventana del colegio a la hora de entrada. La calle era un hervidero de coches. Entre todos ellos, un único niño llegaba pedaleando, ataba la bicicleta a la reja y entraba en clase. Uno de aquellos maestros era Julián Alarcón Santos, profesor de Educación Física y hoy al frente del centro. “Dijimos: vamos a darle un cambio a esto”, recuerda.
Aquel propósito tiene ahora forma de insignia. Jorge Rodríguez Duque, educador vial de la DGT en Cuenca, ha entregado al colegio recientemente la medalla de Oro del programa europeo STARS, la máxima distinción que concede, correspondiente al curso 2025-2026. Es la tercera vez que lo logra y la segunda consecutiva. Con 41 puntos, a solo tres de la cabeza, el centro se ha situado octavo de España y segundo de Castilla-La Mancha.
STARS premia a los colegios que consiguen que sus alumnos dejen el coche en casa. La evaluación es anual y voluntaria. Cada curso, el centro presenta un cuestionario con la documentación que se le pide y la DGT decide si merece oro, plata, bronce o ninguna medalla. “Es un verdadero orgullo ver que están reconociendo el trabajo que llevamos haciendo desde hace una década, y para nosotros, como docentes, es verlo recompensado”, explica Alarcón.
La semilla fue el Proyecto Escolar Saludable que Castilla-La Mancha implantó en los colegios, con diez programas, uno de ellos dedicado a los desplazamientos activos. Tirando de ese hilo llegaron a STARS. Durante años se movieron entre la plata y el bronce, y en los últimos cuatro cursos han conseguido tres oros.
Hoy, en Primaria, cerca del 90% de los alumnos llega por su propio pie, en bici, en patines o en patinete, al menos mientras el tiempo acompaña; solo la lluvia y el frío devuelven algunos coches a la puerta. En Infantil cuesta más, ya que para un padre o una madre es complicado dejar a un chiquillo de tres años andando o en bici, reconoce el director. Aun así, de los cerca de 50 alumnos de esa etapa aparecen cada día entre 15 y 20 bicis, patinetes y correpasillos.
El secreto está en el tramo final. Los vigilantes del Ayuntamiento cortan cada mañana las calles que rodean el colegio, de modo que incluso los niños que llegan en coche recorren los últimos 200 metros andando o sobre ruedas. Para que se les distinga desde lejos, cada alumno lleva un peto donado por la bodega cooperativa del pueblo. “Ves que por allí vienen tres o cuatro alumnos, y vienen de manera activa”, detalla Alarcón.
El programa obliga a crear una comisión con representantes del Ayuntamiento, las familias y el profesorado, a la que en El Provencio se ha sumado el AMPA. De ella salió la mejora más visible, que se trata de un aparcamiento con sitio para al menos 80 bicicletas y 10 patinetes en la zona de Primaria.
Cuando fueron a encargarlo, el herrero se quedó pensativo. Y es que, como narra el director, no sabía cómo afrontar aquel encargo ya que no existian muchos precedentes, y por eso tuvo que darle unas cuantas vueltas a la idea. Ahora que esos aparcamientos empiezan a verse por las ciudades, se lo pregunta medio en broma: “¿Saldría de aquí nuestra idea?”.
EL PUEBLO DE LAS BICIS
El Provencio siempre se ha conocido como el pueblo de las bicis. Los mayores siguen pedaleando hasta el mercado o la tienda, mientras que las generaciones siguientes se pasaron al coche. “Esto nos ha servido para empezar a recuperar esa tradición”, señala Alarcón.
El director anima a otros centros a sumarse. Aunque el Proyecto Escolar Saludable está extendido por la región, pocos colegios de Castilla-La Mancha participan en STARS, quizá, apunta, por el papeleo. “Que otro colegio consiga el oro no significa que me lo vayan a quitar a mí”, subraya. Los datos así lo constatan, ya que según detalla, el curso anterior hubo 12 oros en toda España y en este reconocimiento han sido 23.
El reto ahora es llegar al 100%. Saben que es difícil con los más pequeños, pero ese pleno ya se alcanza en las jornadas ‘Sobre ruedas’, cuando todos tienen que traer la bici al colegio aunque sea en el maletero del coche familiar. “Lo que queremos es asentar estas bases, mantenerlas y que no se pierdan”, afirma.
El hábito tampoco se queda en la puerta del colegio, dado que el centro ha hablado con el instituto para darle continuidad y muchos de los chavales de El Provencio siguen yendo en bicicleta a clase; los de otros pueblos, que llegan en autobús, lo tienen más difícil. Para Alarcón, esa es la medalla que más luce. “Ver a mis alumnos tres, cuatro o cinco años después y seguir viéndolos en bici. Algo les he dejado, alguna gotilla de estas ideas”, concluye.