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Economía

Cuenca se consolida como refugio para el teletrabajo

La alta velocidad, los servicios públicos y la calidad de vida de nuestros pueblos han impulsado la llegada de perfiles cualificados que buscan “otro proyecto de vida”
07/03/2026 - Eduardo M. Crespo

Hubo un tiempo en que el mapa laboral español tenía una única dirección: la de salir sí o sí hacia las grandes ciudades para encontrar una vida mejor. Por primera vez en décadas, esa tendencia se está redibujando en nuestro país y es ahora cuando profesionales altamente cualificados están regresando a ciudades más pequeñas o a entornos rurales sin tener que renunciar a sus carreras profesionales y puestos de trabajo. Cuenca se ha convertido, gracias al teletrabajo, en uno de esos nuevos polos de tracción. Sus comunicaciones vía AVE con Madrid y Valencia, a una hora escasa, y la calidad de vida están siendo la clave de este cambio.

Tras estudiar Ingeniería Informática y Matemáticas en Madrid y trabajar en la capital durante varios años, Marta Valiente decidió regresar a Sotos, el pueblo conquense en el que nació, embarazada de su primer hijo. Su idea inicial era la de pasar unos meses y contar con el apoyo familiar para la crianza de su hijo, pero después llegaría la pandemia y con ella, el teletrabajo. Desde ese momento, la vida de esta joven ingeniera y la de su familia cambió para siempre. 

Durante más de un año, Marta trabajó desde casa al cien por cien para el sector público, descubriendo que “la conciliación era posible” y que la distancia ya no condicionaba la carrera profesional. “Todas las reuniones eran en remoto y todo funcionaba”, recuerda. Después, llegaría un modelo híbrido, con dos días de teletrabajo y tres presenciales en Madrid, pero ella lo tenía claro: iba a seguir viviendo en Sotos de una forma u otra.

 

 

Marta Valiente

Tres días por semana conduce hasta la estación Fernando Zóbel de Cuenca, viaja en el AVE hasta Madrid y recorre media hora más hasta la oficina. “Compensa. Mis hijos crecen con su familia cerca, en plena naturaleza y en un cole pequeño. Aquí en Sotos tengo vida”.

Su hijo mayor estudia en el colegio rural de Sotos, “al lado de casa”, y la bebé de cuatro meses está todavía con ella “mientras dure la baja maternal”. Como telón de fondo, su red de apoyo familiar y vecinal que en las grandes ciudades casi ha desaparecido. “Si un día, por la circunstancia que sea, no puedo llegar al colegio a las dos, se lo digo a mi familia o vecino y no hay problema. Eso en Madrid es impensable”, subraya.

Y es que para Marta hay una máxima en lo que al trabajo desde casa se refiere: “no se trata solo de trabajar desde casa, sino de vivir mejor”.

 

TELETRABAJO ABSOLUTO

Fernando de Morais Castro, informático de 47 años, ha repartido su trabajo a lo largo de varios años entre Madrid, Valencia y su casa de Cuenca, viajando en AVE cada semana. Fue en 2020 cuando su empresa, dedicada al diseño y al desarrollo web, decidió renunciar para siempre a la oficina y adoptó el teletrabajo completo. “Aquel cambio nos dio la vida. En Cuenca vivimos mucho más tranquilos que en Madrid o Valencia, y con los niños, todavía más”.

 

Fernando de Morais Castro
“Trabajar en remoto me ha acercado a mi vida. He ganado tiempo y estoy en la infancia de mis hijos, que es lo más importante”

Fernando tiene dos hijos mellizos de 11 años que realizan múltiples actividades extraescolares sin la logística asfixiante de una gran capital. Su empresa, además, apuesta con firmeza por la conciliación: horarios adaptables, reuniones flexibles y absoluta libertad de ubicación. Aunque se organizan encuentros presenciales esporádicos, nos cuenta, nadie está obligado a acudir. Cuando toca, coge el AVE, comparte jornada con sus compañeros y regresa el mimo día.

 De Morais Castro mira hacia el futuro sin muchas dudas. En ese horizonte, no hay oficinas físicas ni, por el momento, grandes ciudades. Cuenca es, tanto para él como para su familia, un lugar definitivo y no un paréntesis: “No concibo otra forma de trabajar. Trabajar en remoto me ha acercado a mi vida; he ganado tiempo, pero sobre todo estoy en la infancia de mis hijos y eso no tiene precio”.

 

 

Candela Collado: “Si mi empresa recortara el teletrabajo, buscaría alternativas. No quiero marcharme del pueblo”

 

Con 28 años, una bebé de 10 meses y un puesto de responsabilidad en una gran multinacional bancaria, Candela Collado representa otro perfil del teletrabajo: el de los jóvenes que, con valentía y decisión, regresan a su pueblo natal para formar una familia. 

Candela nació y creció en el municipio de Motilla del Palancar, años después se marchó a Madrid para estudiar y trabajar, y volvió el verano pasado cuando su mujer se quedó embarazada. “Madrid se ha convertido en una vida acelerada, cara y bastante incómoda. Poder criar aquí a nuestra hija sin dejar mi trabajo es un privilegio”, nos cuenta Candela, quien trabaja desde su casa la mayor parte del tiempo.

Cuando tiene que viajar, tan solo cuatro días al mes, se queda en casa de familiares o vuelve a Motilla al terminar la jornada laboral. Ni trayectos diarios, ni alquileres imposibles, ni el vértigo de la gran ciudad. Para ella, la fórmula elegida funciona: estabilidad laboral, familia cerca y una vida cotidiana sostenible. “Si mi empresa recortara el teletrabajo, buscaría alternativas. No quiero marcharme de aquí”, remarca.

Las historias de Marta, Fernando y Candela son el ejemplo de un cambio de época, un tiempo nuevo en el que la tecnología y el trabajo a distancia tienen mucho que decir, pero en el que la prioridad de sus vidas pasa por elegir una vida más pausada y unida a lo que es verdaderamente esencial.