Cruz Roja refuerza la ayuda a domicilio para los mayores
Es la una de la tarde en casa de Conchi García, en el centro de Cuenca. Suena el timbre. Un equipo de técnicos y voluntarios de Cruz Roja ha llegado puntual para ayudar a Piedad Alcantarilla, de 91 años, a bajar las escaleras de las cuatro plantas del edificio en el que vive su hija. No hay ascensor. Y para ella, las escaleras son una barrera imposible de superar sola.
Piedad necesita salir de casa para viajar hasta el municipio de Torrejoncillo del Rey, donde pasará los próximos dos meses con su otra hija. La familia se organiza así para cuidarla: dos meses en Cuenca y dos meses en el pueblo. Pero cada cambio de domicilio implica el mismo problema: cómo bajar o subir cuatro plantas de un edificio antiguo sin ascensor.
Para ello, esta familia ha solicitado la ayuda del programa de Ayuda a Domicilio Complementaria de Cruz Roja Cuenca. “Con este proyecto social ayudamos a personas que tienen algún tipo de discapacidad a que sean más autónomas y también apoyamos a las familias”, nos cuenta Miriam Mondéjar, técnica provincial del departamento de personas mayores de Cruz Roja en Cuenca, para quien, en casos como el de Piedad, “si no fuese gracias a esta ayuda, algunas personas de nuestra ciudad no podrían salir de casa”.
El caso de Piedad no es aislado. En ciudades como Cuenca, donde muchos edificios antiguos carecen de ascensor, la falta de accesibilidad se convierte en un problema cotidiano para las personas mayores. “Cuenca es una ciudad muy envejecida y en el centro hay muchos edificios que no tienen ascensor, ni posibilidad de instalarlo”, subraya Mondéjar. “Hay personas mayores que quieren salir de casa, pero no pueden hacerlo. Y muchas veces tampoco saben a quién pedir ayuda”.
En el edificio donde vive Conchi, por ejemplo, la instalación de un ascensor lleva años sobre la mesa, pero nunca ha llegado a materializarse. “En los bajos hay comercios y algunos vecinos no quieren instalarlo”, explica. Mientras tanto, la realidad es que su madre no puede bajar ni subir las escaleras: “Tiene una movilidad bastante reducida como consecuencia de la artrosis y le afecta mucho a un lado del cuerpo. Bajar tantas escaleras es imposible… y subirlas, todavía más”.
UNA SILLA ESPECIAL
Para resolver el problema de Piedad, Cruz Roja Cuenca utiliza una silla salvaescaleras portátil, diseñada expresamente para trasladar de forma segura a personas con movilidad reducida por tramos de escaleras. La maniobra requiere coordinación entre técnicos y voluntarios, que cuentan con formación específica para realizar este tipo de movilizaciones. “Tenemos una silla salvaescaleras para poder bajarla. Y cuando toca subirla, normalmente lo hacemos entre técnicos y voluntarios”, explica Mondéjar.
La familia solicita este servicio cada vez que Piedad cambia de domicilio. “Cada dos meses, la misma operación. Cuando se la lleva mi hermana al pueblo disponemos de este servicio para bajarla y cuando vuelve a Cuenca para subirla otra vez”. La petición se realiza con antelación para poder organizar el equipo. “Lo pedí hace unas dos semanas y siempre sale todo estupendamente”, señala Conchi.

Aunque hoy la intervención del equipo de Cruz Roja en Cuenca capital ha consistido en ayudar a Piedad a bajar varios pisos, desde la organización humanitaria insisten en que el programa de Ayuda a Domicilio Complementaria abarca muchas más situaciones. El servicio también ofrece productos de apoyo para mejorar la autonomía de los mayores o facilitar el trabajo a sus cuidadores. Entre los materiales que se prestan temporalmente se encuentran camas articuladas, sillas de ruedas, muletas o colchones antiescaras.
Además, Cruz Roja también puede adquirir y entregar directamente otros dispositivos que se utilizan en la vida cotidiana. “Lo que más nos suelen solicitar son sillas de ducha, pero puede ser cualquier producto de apoyo que se pueda encontrar en una ortopedia y que ayude a la persona en su día a día”. El programa está dirigido a personas mayores de 65 años o con discapacidad, y puede ser solicitado tanto por ellas mismas como por familiares o cuidadores.
“Hay personas mayores que no pueden salir de su casa y tampoco saben a quién pedir ayuda”
Desde Cruz Roja subrayan que muchos casos permanecen ocultos porque las personas afectadas desconocen que existe este recurso de Cruz Roja. La técnica nos recuerda el caso de un hombre de Cuenca que contactó con la organización después de pasar meses sin salir de su vivienda: “No tenía familiares que pudieran ayudarle y tampoco se atrevía a pedir ayuda a vecinos. Le daba miedo que al intentar bajarlo por las escaleras pudiera resbalar y caerse”.
Para evitar riesgos, el servicio se presta siempre en coordinación con el departamento de Socorros y Emergencias de Cruz Roja, cuyos voluntarios están formados en movilización y traslado de personas. “Ellos saben cómo hacerlo y cómo trasladar a una persona con seguridad”, señala.
Para muchas personas mayores, nos cuenta la hija de Piedad, la falta de accesibilidad puede acabar provocando aislamiento. “No poder salir de casa es muy duro. Si no hubiera tantas escaleras podría salir un poco con el carro y dar una vuelta. Pero así es imposible”. Con la ayuda de Cruz Roja, hoy esa barrera desaparece por un momento.
Los voluntarios preparan la silla salvaescaleras mientras le explican a Piedad cada paso del proceso para que se sienta segura y sobre todo tranquila. Poco a poco, peldaño a peldaño, Piedad comienza a descender los cuatro pisos que la separan de la calle. Puede parecer un trayecto corto para quienes presenciamos este momento, pero para ella significa algo mucho más importante: volver a salir de casa.