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COVID-19

Conquenses por el mundo en tiempos de pandemia

Cinco jóvenes que residen en Italia, Países Bajos, Francia, Portugal y Reino Unido cuentan cómo están pasando la cuarentena

Conquenses por el mundo en tiempos de pandemia
4/4/2020 · Dolo Cambronero

Prácticamente el mundo entero está en cuarentena por la COVID-19. Si vivir el confinamiento es duro para todos, alejados de familias y amigos viviendo en la misma ciudad, la situación puede ser más complicada para las personas que residen en el extranjero, tan lejos de sus seres queridos. Cinco jóvenes conquenses que habitan en otros países cuentan cómo están viviendo el confinamiento.

Leticia Ruiz Cañaveras (Cuenca, 33 años) vive en Weesp (Países Bajos), donde trabaja como coordinadora de servicio de Bugaboo. En su país de acogida “han decidido apelar a la responsabilidad individual". "Ya que aquí no llevan muy bien que el Gobierno tome decisiones tan drásticas como el confinamiento, algo que no ha funcionando teniendo en cuenta que estos días hay un sol radiante que llevábamos esperando todo el invierno. La gente salió a la playa y a pasear por los bosques. Viendo esto, el presidente dio un discurso "echando la bronca" e implementaron las medidas, poniendo multas a personas que salgan en grupo sin ser familia o pareja”, cuenta.

Entre otras medidas, han cancelado eventos y cerrado bares y museos, entre otros establecimientos, hasta, de momento, el 6 de abril. “Excepto los coffee shops, que solo cerraron unas horas. Los volvieron a abrir por miedo al tráfico ilegal en las calles”, explica.

“En cuanto a lo sanitario, dicen que tienen capacidad y pruebas pero sólo hacen pruebas a las personas que ingresan en hospital, no a los que avisan y están en casa, lo que está creando controversia”, añade.

Leticia tiene “la suerte de poder teletrabajar” pero reconoce su preocupación por cómo afecte a su empresa económicamente: “El Gobierno ya ha dicho que habrá un paquete de ayudas y la empresa ha comentado que se va a acoger porque ya hay pérdidas. Trabajamos con distribuidores en toda Europa, y con las tiendas cerradas, no hay venta. Aguanta el comercio online pero está todo un poco en el aire”.

Asegura que no lo está llevando mal. "El teletrabajo es una buena opción, también estoy acompañada con mi pareja y lo llevamos bien. Acabamos de comprar una casa y estamos aprovechando a renovar lo que podamos poco a poco”, indica, precisando que, de todas formas, iniciaron una cuarentena "voluntaria" antes de las medidas.

“Estamos inquietos por saber cómo afectará a nuestros trabajos más que nada”, detalla, añadiendo que lo que más les preocupa son las familias en España: por los abuelos de su pareja, que son mayores, y por su madre, que trabaja en un hospital. "Si pasara algo ni siquiera podemos ir”, lamenta. No obstante, dice que lo positivo de esta situación es que están “más conectados que nunca”. “Tenemos que agendar las videollamadas de los fines de semana porque ahora todos: amigos, primos... se están animando y nos encanta”, celebra.

A la conquense Esther Lozano López, de 20 años, la emergencia sanitaria por la COVID-19 le ha pillado de Erasmus en Génova (Italia), el país europeo con una situación más complicada por este tipo de coronavirus.

“El país está en estado de alarma desde enero. En Italia se han aplicado medidas restrictivas como la cuarentena obligatoria, la cancelación de vuelos, distanciamiento social -el cual puede verse en supermercados- y el cierre de toda actividad económica que no sea de primera necesidad. Únicamente supermercados, tiendas de alimentación y farmacias permanecen abiertos”, relata.

La estudiante, que cursa tercer año de Relaciones Internacionales, sigue clases online desde el 23 de febrero ya que la universidad cerró. La joven intenta llevar la situación como puede: “Pues hay días mejores que otros. En mi casa, donde estamos cuatro estudiantes Erasmus, tratamos de acostumbrarnos a esta nueva rutina. Intentamos en todo momento mantener la calma y por supuesto seguir las medidas y recomendaciones que da el Gobierno”.

“A nivel emocional me siento bien, entiendo que es una situación complicada y que debemos mantenernos serenos y ser responsables para que esto termine lo antes posible. También pasamos mucho tiempo en las zonas comunes e intentamos mantener la cabeza distraída con muchas actividades”, subraya.

Esther, que contactó con el consulado español en la ciudad italiana para hacerles saber de su situación, reconoce que su familia está preocupada por ella pero matiza que entienden que la opción más responsable era que ella permaneciera durante la cuarentena en Génova.

​Jesús García Serrano, de 32 años y originario de Buendía, vive en ​Lisboa (Portugal). Es diseñador de interiores aunque actualmente está desempleado. “El 18 de marzo fue la primera vez después de la Revolución de los Claveles de 1974 en que se ha implementado el estado de emergencia. Las medidas adoptadas son similares a las españolas en cuanto a encierro, limitaciones de movimiento o actividad de negocios. Diferencia: aquí no está el ejercito por las calles y no se están poniendo multas”, cuenta.

“También es cierto que el número de casos en Portugal es muchísimo inferior al de España. De momento, el sistema sanitario portugués está con capacidad de respuesta”, continúa explicando.

Ahora que en España se están utilizando mucho las plataformas digitales para sobrellevar el confinamiento, el joven aprovecha para recordar que la asistencia se está realizando desde Portugal. “Españoles están siendo obligados a asistir presencialmente a los trabajos para atender la gran demanda española. Las empresas de call center se niegan a enviarlos a casa. Esto supone un alto riesgo de contagio entre la comunidad española en Portugal”, denuncia.

El joven, que tiene la compañía de su pareja y su perro, asegura que de momento lo está llevando bien porque es una persona “muy casera”​. “No tenemos que hacer un drama del encierro. Esto es algo transitorio que algún día terminará. Crea un poco de angustia el estar oyendo todos los días noticias de lo mismo pero ya he aprendido a informarme lo necesario y desconectar el resto del día”, destaca.

Sí que lamenta que no se hayan puesto en contacto con él desde el Ministerio de Exteriores. "Y eso que estamos registrados y supuestamente eso sirve para asistencia en casos de catástrofes y situaciones excepcionales", dice. "No han sido capaces de enviar un email con información/recomendaciones oficiales, links donde informarse sobre lo que dice el Gobierno de Portugal, nada de un mensaje por si se necesita ayuda... nada. Nos estamos ayudando entre nosotros por los grupos que existen en redes sociales. Esto lo debería de hacer en mi caso el Consulado de Lisboa o Embajada. Pero he preguntado a amistades en otros países (Francia, Dinamarca, UK...), y sucede la misma", denuncia.

Juan Carlos García-Abad Cantarero, de 33 años y procedente de Tarancón, vive en París, donde trabaja como guía de turismo. “El presidente de la República, Emmanuel Macron, salió por televisión diciendo que estábamos en estado de guerra y que se iban a tomar medidas drásticas para que toda la población superase esta crisis. Como en España, se aplicó cuarentena y se prohibieron todos los desplazamientos no imprescindibles”, recuerda, explicando que, en el plano económico, se ha anunciado, entre otras medidas, la prorrogación de las cargas fiscales y de los gastos de luz y agua para los autónomos y las pequeñas empresas, y la creación de un paquete de ayudas económicas directas mientras dure la crisis.

Él es trabajador autónomo en colaboración con distintas empresas de tours, las cuales han cesado su actividad por las condiciones actuales. “Lo estamos llevando bastante bien. Es evidente que estar encerrados nos cuesta a todos pero debemos hacer todo lo que esté en nuestra mano para detener la propagación del virus y hay que tomárselo con calma. Seguro que en unos meses las cosas poco a poco vuelven a la normalidad. A nivel emocional, estoy bien, llevando una rutina y unos horarios para hacer un poco de todo a lo largo del día, y aprovechando este tiempo para retomar esos proyectos que tenía más abandonados”, detalla.

Su familia en España está bien. “Y si hay que sacar algo positivo de todo esto es que ahora estamos más en contacto que antes y casi todos los días nos vemos por videollamada”, celebra.

Jacob Sierra Díaz (Cuenca, 24 años) reside actualmente en Glasgow (Escocia, Reino Unido). Es estudiante de doctorado de la Facultad de Educación de Cuenca con una beca nacional de Formación del Profesorado Universitario (FPU). En su país de acogida, donde vive en una residencia universitaria, las medidas para prevenir la propagación el virus no llegaron hasta el lunes 23 de marzo. El primer ministro, Boris Johnson, también ha dado positivo. La población puede salir de casa exclusivamente para comprar bienes de primera necesidad o medicamentos e ir a trabajar solo si es “estrictamente necesario”. No obstante, a diferencia de lo que ocurre en España, sí se puede salir a hacer ejercicio una hora al día.

En la Universidad de Strathclyde, les notificaron el domingo día 15 que a partir de la siguiente semana quedaba suspendida toda actividad presencial. No obstante, la biblioteca y el pabellón polideportivo seguían abiertos aunque al final tuvieron que cerrar el viernes 20. El joven conquense se reúne ahora con su supervisor vía Skype.

“Siempre trato de ver el lado positivo de las cosa y me digo a mí mismo: ahora tienes todo el día por delante para estar centrado en casa en la tesis y la investigación. La verdad es que incluso antes de las medidas (y en España también), pasaba la mayoría del tiempo en frente del ordenador. ¡Todos los que hayan o estén haciendo una tesis seguro que me entienden!”, enfatiza.

“Creo que una rutina diaria es lo mejor. Por eso, incluso antes de las medidas anunciadas, me elaboré una especie de horario donde establecía las horas para trabajar, para ver el correo o para hacer ejercicio en casa. Creo que aquí la tecnología también me ayuda mucho a llevar la situación ya que mantengo constante contacto con mi familia, novia y amigos”, relata.

Su familia se encuentra muy bien aunque reconoce que se han llevado algún susto por subida de la temperatura: “Por muy lejos que estén son un pilar fundamental para que yo me encuentre muy bien aquí. Con mis padres mantengo diariamente videoconferencias y nos contamos cómo nos ha ido el día. Solemos acabar la conversación compartiendo cinco cosas positivas que nos han pasado".

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