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Casi 900 auxiliares sostienen la atención a mayores en la provincia

La Junta destina más de 10 millones de euros a un servicio que permite a 6.375 mayores y dependientes seguir viviendo en su hogar y en su entorno habitual
Casi 900 auxiliares sostienen la atención a mayores en la provincia
Fotos: E.M.C.
25/06/2026 - Eduardo M. Crespo

La imagen se repite cada día en cientos de hogares de la provincia de Cuenca. A la hora acordada, una auxiliar llega al domicilio de una persona mayor, le ayuda con el aseo personal, prepara la medicación, colabora en las tareas domésticas o, simplemente, le tiende una mano y acompaña durante unas horas a quien necesita apoyo para seguir desenvolviéndose en su propia casa.

Detrás de esa escena cotidiana existe una extensa red de cuidados que este año llegará a 6.375 beneficiarios en la provincia gracias al trabajo de cerca de 900 auxiliares de ayuda a domicilio. Un servicio esencial en un territorio marcado por la dispersión geográfica, donde seguir viviendo en el hogar propio sigue siendo el deseo de la mayoría de las personas mayores.

Con 195 convenios suscritos con ayuntamientos conquenses, cerca de un millón de horas de atención previstas para este año y una inversión superior a los diez millones de euros, el Servicio de Ayuda a Domicilio se ha consolidado como uno de los principales pilares de atención a las personas dependientes en la provincia.

La delegada provincial de Bienestar Social, Susana Zomeño, destaca que el modelo está diseñado para que ningún ciudadano quede excluido por el hecho de residir en una localidad pequeña. De hecho, aunque no todos los municipios disponen de convenio municipal, “existen fórmulas alternativas que permiten garantizar la atención mediante prestaciones económicas vinculadas a la dependencia” para contratar servicios profesionales.

“El sistema está preparado para atender al 100% de la población”, subraya Zomeño. Sin embargo, considera que el principal desafío ya no está en la cobertura, sino en la disponibilidad de profesionales capaces de prestar el servicio.

Y es que, pese al esfuerzo inversor realizado por la Administración regional, la dificultad para encontrar auxiliares cualificados se ha convertido en una de las principales preocupaciones del sector. 

 

LA INMIGRACIÓN, UNA OPORTUNIDAD

Para hacer frente a esta realidad, se están impulsando acciones formativas y programas de cualificación profesional dirigidos a ampliar la bolsa de trabajadores. Una necesidad que irá en aumento en los próximos años a medida que continúe creciendo el número de personas mayores que desean permanecer en sus hogares.

La delegada provincial considera que la inmigración puede desempeñar un papel clave para garantizar el futuro de este modelo de cuidados. “La población migrante nos está ayudando a cubrir esas necesidades porque es gente que viene con ganas de trabajar y de establecerse en el territorio”, señala.

Su presencia es cada vez más habitual en servicios de ayuda a domicilio, viviendas de mayores, residencias y otros recursos asistenciales. Para Zomeño, esta incorporación no solo permite responder a la demanda de profesionales, sino que puede convertirse también en una oportunidad para combatir la despoblación en muchos municipios conquenses.

“Donde hay mujeres hay vida y hay pueblo”, reflexiona Zomeño, convencida de que la llegada de nuevas trabajadoras y de sus familias puede contribuir a mantener actividad y población en las localidades más pequeñas.

El perfil más habitual corresponde a mayores de más de 80 años que presentan limitaciones en su autonomía personal o situaciones de dependencia moderada. En muchos casos, este servicio constituye un apoyo decisivo para retrasar o evitar el ingreso en una residencia, permitiendo que los usuarios continúen viviendo en su entorno habitual.

La ayuda a domicilio forma parte además de una red más amplia de recursos destinados a favorecer la permanencia de las personas mayores en sus hogares. Servicios como la teleasistencia, los centros de día, los programas de promoción de la autonomía personal o las comidas a domicilio complementan una atención que busca responder a las necesidades de una población cada vez más envejecida.

En una provincia con 238 municipios repartidos por un extenso territorio, la organización de esta red de cuidados exige una gestión permanente para adaptar los recursos a las necesidades cambiantes de cada localidad. Un trabajo silencioso que, cada mañana, vuelve a comenzar cuando una auxiliar llama a la puerta de una vivienda.

ELENA ATIENDE A EMILIA EN CHILLARÓN

A las doce del mediodía, Elena Soria Page llega a casa de Emilia. Tiene 59 años y lleva casi cinco trabajando como auxiliar de ayuda a domicilio en Chillarón. Emilia, por su parte, tiene 97 años y es actualmente la vecina más longeva del municipio. Convive con una demencia que hace imprescindible la ayuda de otras personas para desarrollar las tareas cotidianas.

La labor de Elena Soria comienza nada más cruzar la puerta del domicilio. Comprueba que Emilia se encuentra bien, la levanta de la cama, la peina, le coloca la dentadura y se encarga de darle la comida. Son dos horas al día que complementan los cuidados que le presta su hija, con quien vive y que también trabaja en el ámbito de la ayuda a domicilio.

“Es un trabajo gratificante porque sabes que ayudas a que las personas puedan seguir en su casa. Lo que quieren es estar en su entorno, con su gente y mantener su vida lo más normal posible”, nos explica Soria mientras coge las manos de Emilia.

La auxiliar de ayuda a domicilio reconoce que, en el día a día de su trabajo, también existe una vertiente emocional muy profunda que no siempre resulta sencilla. Con el paso de los años se crean vínculos con las personas a las que atiende y con sus familias. “Psicológicamente es duro porque ves el recorrido de la gente y no te acostumbras”. Aun así, considera que la satisfacción de ayudar compensa las dificultades del trabajo.

En el caso de Emilia, buena parte de la atención gira en torno al acompañamiento. Su hija se encarga de los cuidados durante el resto de la jornada, pero las horas que comparte con Elena contribuyen a mantener una rutina diaria y a garantizar que recibe la atención que necesita. “Intento que esté un poco entretenida, que vea la televisión, que coma bien y que esté lo más cómoda posible”, resume.

Más allá de la atención física, Elena destaca la importancia de la compañía. La conversación, la presencia cotidiana o el simple hecho de tener a alguien pendiente de sus necesidades forman parte de una atención que muchas veces resulta tan importante como cualquier otra tarea.

La historia de Elena y Emilia pone rostro a una realidad que se repite cada día en toda la provincia. Detrás de las cifras hay cientos de profesionales que ayudan a miles de mayores a seguir viviendo en el lugar de donde no se quieren ir: su propia casa.