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De Alicante a Beamud para reabrir el bar del pueblo

Javier García dejó Elda para instalarse en este municipio de la Serranía y hacerse cargo del establecimiento, que vuelve a funcionar como punto de encuentro vecinal
De Alicante a Beamud para reabrir el bar del pueblo
Foto cedida
03/02/2026 - Eduardo M. Crespo

Salir de Elda (Alicante) para instalarse en Beamud; dejar  un grado medio de Farmacia para tomar las riendas de un bar rural; y cambiar el ritmo diario de una ciudad de más de 50.000 habitantes por la tranquilidad de un pueblo de poco más de 40 vecinos censados. Esa fue la decisión que tomó Javier García, un joven de 22 años que desde la pasada primavera gestiona el bar municipal de esta localidad de la Serranía de Cuenca, y su balance no puede ser más tajante: “creo que acerté”.

Javier nació en Elda, aunque desde pequeño mantenía cierto vínculo con Beamud, ya que la pareja de su madre es originaria del municipio. “Venía algunos veranos, alguna semana suelta al año, pero poco más”, nos explica el joven. Ese contacto previo con el pueblo fue clave cuando, tras la pandemia del covid, el establecimiento hostelero del pueblo volvió a quedarse sin gestor.

“Me enteré por la gente del pueblo de que el chico que lo llevaba antes iba a dejarlo y pensé en probar”, señala el joven, que en ese momento estudiaba un grado medio de Farmacia en Alicante. De hecho, le falta una asignatura para completar la formación. “Estaba contento estudiando y mi vida en Elda era la de un chaval normal de 22 años”, reconoce, aunque decidió aparcar temporalmente esa etapa “cómoda” para iniciar un nuevo proyecto personal en la Serranía de Cuenca.

El traslado definitivo desde Elda a Beamud se produjo en marzo del pasado año. Durante las primeras semanas, Javier se dedicó a acondicionar el local y a preparar la reapertura, que se hizo efectiva a mitad del mes de abril. Desde entonces, el bar vuelve a prestar servicio diario a los pocos vecinos de Beamud, un municipio que “durante los meses de invierno apenas cuenta con entre diez o doce habitantes”.

La situación, nos cuenta Javier, cambia mucho con la llegada del buen tiempo. A partir de la primavera y, sobre todo, en verano, la población del municipio se incrementa notablemente hasta alcanzar entre 150 y 200 personas, en su mayoría vecinos que regresan al pueblo durante varios meses al año. “La mayor parte de los clientes son gente jubilada que viene a pasar aquí la temporada que va de marzo hasta octubre más o menos”, explica Javier.

 

 

“Si en el invierno no hay bar en el pueblo la gente no sale de casa y no se junta. Aquí vienen a tomar el café, a echar la partida y a hablar. Este es un lugar de encuentro”

 

El bar de Beamud se ha convertido nuevamente en un punto de encuentro fundamental para la vida social del municipio: “Si no hay bar en el pueblo, la gente se queda en casa y no se junta. Aquí vienen a tomar el café, a echar la partida y a hablar. Es el sitio donde se reúnen”.

Su jornada comienza temprano. Javier abre el establecimiento por la mañana para atender desayunos, mantiene el servicio durante el mediodía y vuelve a abrir por la tarde, “cuando se concentran los vecinos habituales”. En los meses de invierno, la actividad se reduce notablemente debido al frío y a la escasa población, mientras que en verano los horarios se amplían, especialmente durante los fines de semana y fiestas locales, cuando el bar permanece abierto hasta la noche.

Tanto el local como la vivienda en la que reside son de titularidad municipal y se encuentran en régimen de alquiler. “Son precios asequibles para este tipo de pueblos”, señala el joven, una circunstancia que ha facilitado su instalación en el municipio y la viabilidad del proyecto.

La experiencia de Javier se enmarca en el contexto de la despoblación que afecta a buena parte de la provincia de Cuenca, y especialmente a los municipios de la Serranía. El propio joven es consciente de las dificultades que conlleva vivir y trabajar en estas zonas: “Aquí es muy complicado encontrar trabajo porque los oficios tradicionales se han ido abandonando y la gente se ha marchado a la ciudad. En este pueblo, por ejemplo, las personas que trabajamos activamente somos dos pastores y yo mismo. ”.

A pesar de ello, Javier considera que la decisión de trasladarse a Beamud ha sido “positiva y acertada”. Aunque mantiene el contacto diario con su familia en Alicante y viaja cuando puede para visitar a su madre, su día a día se desarrolla ahora en Beamud. “Bajar y subir no siempre es fácil, porque el transporte y el gasto también influyen. Aquí en Beamud trabajo, cuando el tiempo lo permite disfruto de la naturaleza y estoy conectado con el mundo a través de Internet y de las redes sociales. Antes tenía una rutina y ahora tengo otra, pero disfruto de mis tiempos de ocio”.

 

El joven no descarta retomar en el futuro los estudios de Farmacia, ya que le queda una asignatura pendiente, aunque por el momento su prioridad es consolidar el funcionamiento del bar y continuar ofreciendo un servicio estable a los vecinos.

La iniciativa de Javier se suma a otros pequeños proyectos que contribuyen a mantener actividad en los pueblos más pequeños de la provincia, lo que en muchas ocasiones permite conservar servicios básicos y mejorar la calidad de vida de quienes residen de forma permanente o temporal en el medio rural.

Con 22 años, Javier García ha optado por un camino poco habitual entre los jóvenes de su generación. Una decisión que, además de suponer un cambio personal, ha permitido que Beamud vuelva a contar con un bar abierto cada día, un espacio clave para la convivencia en uno de los municipios más pequeños de la Serranía de Cuenca.


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