Recordar y contar
Desde sus comienzos como especie el ser humano ha sido un ser que narra. Desde las historias que nuestros antepasados dibujaran en las paredes de las cuevas que les servían de refugio a nuestro actual parlotear a tope en las redes sociales pasando por las narraciones orales que conformaron nuestro sentires colectivos y desembocaron en la literatura, el contar ha formado parte esencial de nuestra naturaleza –no existe como señalara Roland Barthes pueblo alguno sin relatos– siendo de paso uno de los modos más poderosos y efectivos de transmitir información, valores y modos de vida y, desde luego de preservar nuestra memoria colectiva porque, como bien se ha dicho, a través de las historias personales, incluso de las que en apariencia puedan parecer más nimias, se enseña y se preserva nuestra historia común, nuestra –ahora con mayúscula– Historia. Pero también, en paralelo, el contar y, especialmente el contar nuestras propias personales experiencias –nuestros recuerdos, vaya– también es, a nivel individual, un modo de encontrarnos con nosotros mismos desde ese recuento y también con aquellos que de manera más íntima o más distante, pero en realidad siempre conectada, han sido nuestros acompañantes de trayectoria y que en cierto, o mejor, en buena medida, pueden también reconocerse en esa nuestra mirada atrás estableciendo así un recíproco y empático compartir. Mal o bien –ustedes dirán– viene todo esto, y permítanme el jueguecillo verbal, a cuento, en este mi artículo de hoy, de que, en este momento en que hemos entrado ya en un otoño que hasta parece que quiere serlo–han bajado las temperaturas, la lluvia ha empezado a decir su aquí estoy, nos avisan ya, cual es habitual por estas fechas, a quienes ya llevamos calendario a las espaldas, del inicio de una nueva campaña de vacunación frente a la gripe e incluso este mismo fin de semana principia por estos nuestros capitalinos lares, con una duración prevista de catorce días, un Festival que lleva precisamente ese apelativo, el de Festival de Otoño– la Junta de Comunidades anuncia la convocatoria de un certamen de relatos dirigido a los más mayores, concretamente a los que superen los sesenta y cinco años, que, bajo el título de “La memoria de los nuestros”, les anima a que hablen de sus recuerdos y vivencias personales e, inevitablemente también colectivas, a lo largo del último medio siglo. Un certamen convocado al hilo de los cincuenta años de la transición democrática en nuestra región pensando precisamente en cómo esos testimonios, esos recuerdos experienciales, al estar necesariamente vinculados a los cambios sociales, culturales, familiares e históricos vividos acabarán conformando un friso de ese discurrir de nuestra Comunidad en ese periodo. Por ello el certamen incorpora dos categorías especiales: una con el epígrafe de “Abuelos y nietos” para trabajos conjuntos de ambas generaciones y otra, con el de “Testimonios de mujer”, para historias centradas en el día a día de ese colectivo. Pues a la espera quedamos del resultado para, a su través, sin duda conocernos todos un poco más y mejor.