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Mucho más que un lugar

Llega otro 31 de Mayo y desde las Cortes de Castilla-La Mancha queremos animaros a celebrarlo presumiendo de lo mucho y bueno que somos, destacando la enorme diversidad de paisajes, de potencialidades y de conceptos que caben dentro de nuestra región. Por eso el lema de nuestra campaña por el 31M afirma que somos ‘Mucho más que un lugar’.

Somos mucho más que un lugar, empezando por lo obvio: la gran variedad de fantásticas estampas de llanuras y de sierras, de campos de olivar, vid o lavanda, de lagunas y ríos, de pueblos y ciudades… pero con una comarca en pleno centro de nuestros territorios castellanos, La Mancha, tan singular como universal, con un carácter propio y un reconocimiento, gracias a ‘El Quijote’, en cualquier lugar del mundo. Podríamos haber sido, por ejemplo, Castilla del Sur, o Castilla la Nueva, pero me alegra que nos llamemos Castilla-La Mancha. El escenario real y a la vez mítico de esta comarca y la gigantesca figura de Don Quijote, gracias a la pluma de Cervantes, distinguen a nuestra región con un temperamento propio.

Dijo el arquitecto Le Corbusier que la naturaleza se hace paisaje cuando las personas la enmarcamos. En nuestra región tenemos muchos lugares que constituyen auténticos derroches de historia, cultura o arquitectura. Las ciudades de Toledo y Cuenca, ambas Patrimonio de la Humanidad, son los enclaves más evidentes en una lista muy extensa, con una enorme variedad de costumbres, oficios, sabores o expresiones artísticas, algunas de ellas ancestrales. Y, no obstante, como región somos mucho más que la mera conjunción de todos estos elementos y estampas. Porque una comunidad es sobre todo las personas que la habitamos y el modo en que hemos decidido hacerlo en común.

Cuarenta años después de inaugurar nuestro proyecto autonómico, Castilla-La Mancha es un ente propio que mejora la suma de cada una de sus partes y que se fundó fruto del entendimiento de sus pueblos y provincias. Cada 31 de mayo celebramos aquel día de 1983 en que constituimos por vez primera nuestro parlamento -otro lugar, por cierto-. Una institución a través de la que la ciudadanía se expresa, consagrada a hablar y a escuchar y que centra su labor en la toma de decisiones por sí misma, que es lo que de hecho significa la autonomía: ‘autos’, por sí mismo’, y ‘nomos’, norma. De modo que al celebrar cada 31M celebramos una epopeya quizás menos épica que otras, pero enormemente valiosa, una batalla ganada sin sangre y sin vencedores sobre vencidos; la victoria de un consenso, de la ley y de la palabra.

Si recientemente hemos conmemorado los cuarenta años de la puesta en marcha de la comunidad autónoma, haciendo hincapié en la consolidación de este proyecto y de una nueva identidad, ahora toca mirar al frente para seguir abordando los retos que enfrentamos como región: la defensa de nuestros intereses comunes, así como el orgullo con que nos sentimos castellanomanchegos de manera absolutamente compatible con nuestra españolidad, con el amor a nuestras ciudades y pueblos y con un sentimiento plenamente europeísta.

Tenemos que mirar al futuro poniendo al día los mecanismos que, como el Estatuto de Autonomía, han permitido a nuestra tierra y nuestras gentes alcanzar la mayor etapa de desarrollo y de bienestar de nuestra historia. Celebro que las negociaciones para la reforma de la máxima ley autonómica se estén desarrollando con buena sintonía entre los dos principales partidos de la región y solo cabe esperar que, en consecuencia, seamos capaces de culminar con éxito esta renovación necesaria y conveniente, primero en nuestras Cortes regionales, después en las Cortes Generales en Madrid. Ojalá que los excesivos ruido y crispación del panorama nacional no contaminen el debate y no nos desvíen de los objetivos fundamentales. Para ello, cabe inspirarnos en el talante de quienes durante la Transición fundaron nuestro proyecto autonómico, al que ahora nos toca dar un nuevo impulso para situar a las instituciones en la vanguardia en la que ya se encuentra nuestra sociedad en numerosos ámbitos.

En nuestra región tenemos en marcha proyectos de innovación y liderazgo en sectores como la agricultura y la industria agroalimentaria, el turismo de interior, la industria tecnológica y logística, la producción de energías renovables, la cultura o el deporte, por citar solo algunos puntos fuertes de los que podemos presumir y que nos definen como región. Existe un dinamismo admirado en otras latitudes, basado en buena medida en nuestra ubicación y en nuestros orígenes, pero también alentado por nuestra forma de ser y de hacer.

Somos una tierra que aporta dentro y fuera de nuestras fronteras, que ofrece oportunidades a quienes vienen a nuestro territorio para asentar aquí sus proyectos vitales o empresariales. Y buena parte de este éxito reside en la actitud que mostramos en la calle y en las instituciones. Castilla-La Mancha es ahora mismo garantía de estabilidad y de confianza.

En medio de un clima político muy negativo y que influye en todos los ámbitos de la sociedad, hay una cierta excepcionalidad castellanomanchega que deseo destacar en esta fecha tan propicia para celebrar lo que somos. En varios sentidos, nos encontramos en el corazón de esta España que, según el último Premio Princesa de Asturias de Ciencias Sociales, el filósofo Michael Ignatieff, tiene una salud democrática desgastada por dos fenómenos: “la polarización y que parece que todo gire en torno a la identidad”. Castilla-La Mancha no es ajena a estas amenazas. Sin embargo, en las instituciones y las principales organizaciones mantenemos el equilibrio y la moderación de la que hace gala nuestra ciudadanía. Y, frente a lo que ocurre en otros territorios, exhibimos una identidad que no se conforma con ser integradora, sino que se afirma como incluyente reforzando el ideal de que nacimos para defender la igualdad. Hemos convertido esta razón de ser en nuestra principal herramienta.

De modo que no solo somos mucho más que un lugar, sino que representamos, también, la mejor España. Celebrémoslo: ¡Feliz Día de la Región!