Del museo al aula y viceversa
Aparte de su tradicional condición de custodios históricos, los museos, a lo largo de su propio proceso existencial han ido siendo más y más conscientes –ellos y la sociedad en la que desempeñan su papel– de su condición de espacios de aprendizaje y como tales de la necesidad de vincularse con el sistema educativo para establecer una relación que más allá de su primigenia labor al adquirir, conservar e investigar piezas para su conservación y exhibición y del convencimiento de que más allá de eso su objetivo debe ser también sensibilizar sobre el desarrollo de las sociedades y promover la diversidad cultural y la transmisión de los valores que custodian, mutando de ser lugares de visitas ocasionales, a instrumentos educativos, un objetivo que es evidente que lleva de por sí a establecer una relación lo más directa y coordinada posible con las propias instituciones educativas y, dentro de ese área especialmente con las centradas en los más jóvenes –con la escuela, vaya– tanto como ofertantes de la valía de sus contenidos cuanto como promotores de diversidad y creatividad ofertando experiencias enriquecedoras que les posibilite explorar, descubrir y aprender de manera única y diferente. Por eso es de aplaudir, viniéndonos ya a nuestro más inmediato y local día a día, ese proyecto didáctico, “Volúmenes”, que de manera conjunta van a poner en marcha en el nuevo inmediato curso escolar el Museo de Cuenca y el espacio Torner para acercar al alumnado conquense a la historia y al arte combinando la observación de sus colecciones con la experimentación y la misma creación artística; un proyecto que pretende establecer, el pasado y la contemporaneidad en fecunda interacción, un diálogo entre las piezas arqueológicas e históricas del primero con el lenguaje artístico contemporáneo tan presente en la obra del creador del artista conquense a partir del juego de espejos entre las formas geométricas que casi desde siempre han acompañado el hacer humano y el lenguaje plástico torneriano. Un programa concebido, cual debe ser, para que el alumnado tenga un papel activo durante toda la experiencia que se iniciará con una visita al Museo especialmente centrada en la observación de las piezas en las que, a más de su significado, descubrirán cómo su forma y su volumen testimonian los motivos y la adecuación de su conformación a la finalidad de su manufactura, para, posteriormente, relacionar y comparar esas sus características e intenciones con las latentes en las piezas artísticas integrantes de la colección del edificio de San Pablo, esas realizaciones en las que tanta importancia tienen las relaciones entre su idea conceptual, los materiales escogidos para plasmarla y el propio espacio por ellas creado, desarrollando una actividad práctica reinterpretativa de todo lo contemplado. Esperemos que sean muchos los centros conquenses de los distintos niveles educativos que se apunten a tan atractiva oferta porque vaya si no lo merece. Y por aportar un algo más, ¿qué tal ir pensando también en, paralelamente a este tipo de acciones, organizar también otras dirigidas específicamente a los enseñantes para ahondar en el cómo llevar a cabo mejor esa relación de las instituciones museísticas con las aulas?