11 de Julio de 2020 Son las 10:22

Opinión

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Especial Semana Santa 2020
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Ángel D. Álvarez

El cuento de los Des-hechos

Su Partido acababa de ser expulsado del poder de modo tan inesperado como abrupto. Nunca antes había ocurrido un hecho similar. Allí el sillón presidencial se perdía en unas elecciones, no con un explosivo cóctel formado por una sentencia judicial, una moción de censura y unos pactos de infarto. Corría la mitad del año de 2018.

Él, joven pero incrustado en la maquinaria del contrapoder del Partido, aprovechó la perplejidad de una organización con la brújula vacilante y contra pronóstico alcanzó la presidencia partidaria, mandó a galeras a los perdedores, impuso la obediencia a golpe de presencias (o de ausencias) en las candidaturas y perdió todas las elecciones a las que concurrió.

Los pactos tintaron de gris la negrura de su liderazgo.

Debió pensar: soy joven, tengo tiempo y mis adversarios tienen motivos para callar.

Pero ningún pacto es gratuito cuando se trata del poder y su brújula señaló el camino: a estribor a toda máquina y en rumbo de colisión. Allí, en las amuras de la derecha del espectro político están los que se llevaron los votos que hay que recuperar para “la casa común” de las derechas.

Es cómodo vivir así, pensó.

-Se trata de decir de otra manera lo que otros hablan de modo impertinente y provocador. Enfrente el adversario acabaría por romper el pacto de Gobierno, “el pacto del abrazo del oso” y yo estaré para recomponer los restos del naufragio.

Pero apenas comenzó la singladura se apagaron las luces para todos: la madre de todas las crisis dejó al país sumido en la zozobra y la desesperanza. No había manual de instrucciones para afrontar el reto. Era la hora de la POLÍTICA. El momento de la UNIDAD pues es ahí donde nace la fuerza y se rearma la confianza.

Todo parecía conjurarse para aceptar lo inevitable, la unión de todos pues todos eran necesarios. Lo contrario no era una opción. La unión era un imperativo categórico (Kant dixit).

Él jugaría sobre seguro. “Si lo propuesto falla la responsabilidad será del capitán que preside el Gobierno. Si acierta, todos acertamos con nuestro apoyo y lealtad”, se le oyó susurrar.

Pero la seducción del caos pronto hizo estragos en su voluntad. Demasiadas víctimas, demasiados muertos encima de la mesa, demasiadas tragedias en las colas del hambre, millonarias pérdidas en metálico y esperanzas. Y se tiró al monte. Allí estaban ya los extremistas.

Claro que del “sí Presidente” al “no, para nada” había una distancia sideral. En voluntad. En discurso. Y no tuvo mejor ocurrencia que visitar la posada de la abstención, el refugio del des-hecho, el sitio en que la imagen de estadista se disuelve sin remedio.

Durante dos semanas nada dijo. Para asumir en público la incoherencia ya están los subalternos.

Él se escondió en sus orígenes. Volvió a la FRAES (fundación para la recuperación de Adán y Eva para Siempre). Allí encontraría consuelo y retórica. Allí encontraría el consejo del que se sospecha fue el autor intelectual del famoso “ coffe and milk with churritos in de Serrano road” (zona nacional) para tratar de conseguir las olimpiadas.

Hoy, instalado en el no agresivo y espeso, deambula sin otro Norte que el que propone saberse tan necesario como al principio de la crisis y tan inútil como el que solo propone des- hechos.

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