21 de Abril de 2021 Son las 13:03

Opinión

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Especial Semana Santa 2020
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José Ángel García

Aprendamos

No somos los humanos, pese a haber inventado el dicho, demasiado propicios a aplicar lo de “escarmentar en cabeza ajena” pero, qué demonios, vaya si no deberíamos practicar todos, pero que ya, especialmente quienes nos proclamamos integrantes del mundo democrático, lo que nos aconseja ante un caso tan palmario de disrupción de ese propio discurrir democrático como, no ya ese asalto en sí al Capitolio de los Estados Unidos por un grupo de airados trumpistas que a todos nos sacudió el día de Reyes, sino por lo significa, por lo que ha significado, en su condición de a la par signo inequívoco sí, pero sobre todo de consecuencia e infeliz resultado del cada vez más acentuado desarrollo en la sociedad estadounidense, claro, pero también en nuestros propios más cercanos ámbitos, el europeo y el nacional, de un proceso de polarización social que en esa acción no ha tenido sino su quizá más hasta el momento llamativa, explosiva y perturbadora manifestación puntual.

Una polarización social que también se da, se viene dando efectivamente entre nosotros, y se va concretando en una desafección por la acción política –al menos la actuada por sus tradicionales gestores, las distintas fuerzas políticas más o menos tradicionales o tradicionalizadas– si bien propiciada por toda una evidentemente compleja confluencia de factores, de primero la crisis económica y luego la actual pandemia a la desaforada carrera en pro de un desbocado desarrollo cortoplacista atentatorio contra la propia supervivencia no ya de nuestro sistema social sino de incluso la propia pervivencia de nuestro planeta, pero también, evidentemente, más que favorecida por unas praxis tanto por parte del poder político como por parte de los poderes económicos que en general han venido dejando predominar en su actuación los intereses más egoístamente estratégico-partidistas el primero y los del beneficio inmediato –con olvido de sus consecuencias no ya a largo sino incluso a medio plazo los segundos– que, de la mano el uno con los otros, han llevado a tantos y tantos ciudadanos a desconfiar de todo y todos y, casi como consecuencia quizá no racional pero desde luego casi inevitable, de un sistema en el que se sienten postergados e incluso abandonados, náufragos en un panorama de creciente insolidaridad y desigualdad. Aprendamos en cabeza ajena –y qué demonios en la propia, que no estamos precisamente exentos de culpa– y exijamos, desde la presión ciudadana, que esas praxis cambien que bien pueden hacerlo como también, signos esperanzadores, se ha demostrado con hechos de ardua consecución pero finalmente alcanzados como el en marcha fondo de recuperación europeo o la que parece que vuelve a levantar cabeza aún cuando no aún con la fuera que debiera, lucha contra el cambio climático. Una exigencia que debe comenzar, por lo que más cerca nos toca, demandando a nuestras fuerzas políticas que se dejen de loa actuales más que dañinos enfrentamientos que impiden esas acciones conjuntas que nuestra comprometida situación actual tan imperiosamente demanda.

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