10 de Mayo de 2021 Son las 6:14

Entrevistas

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Especial Semana Santa 2020
Alejandro Olivas

“Para ser piloto del Ejército del Aire tienes que estar preparado mentalmente”

El teniente Olivas, natural de Tarancón, forma parte de la unidad del Centro Cartográfico y Fotográfico del Ejército del Aire, la primera en distribuir vacunas contra la Covid-19 a Melilla y Baleares

“Para ser piloto del Ejército del Aire tienes que estar preparado mentalmente”
Fotos: Alejandro Olivas
15/4/2021 · Paula Montero

El teniente Alejandro Olivas, natural de Tarancón (Cuenca), forma parte de la unidad del Centro Cartográfico y Fotográfico (CECAF) del Ejército del Aire español en Getafe. “Es muy difícil llegar a esto pero, cuando consigues todo, sientes que el esfuerzo ha merecido la pena”, dice.

Ese todo significa haber superado con éxito las pruebas de acceso, completado cinco años de formación teórica y práctica, maniobras al aire libre y soportar la dura presión psicológica a la que están sometidos en ciertas ocasiones. Por no hablar de la milimétrica precisión necesaria para culminar una misión con éxito, esa delgada línea que separa un buen aterrizaje de un final trágico. Y todo con 24 años.

Desde septiembre trabaja en su primer destino, el CECAF, desde donde emprenderá misiones nacionales a los mandos de aviones de transporte, el tipo de aeronave en la que se ha especializado. Su cometido, fundamentalmente, será “trasladar a autoridades militares a reuniones en el extranjero”, aunque con la llegada de la pandemia su unidad “ha sido la primera en llevar vacunas contra la Covid a Melilla e Islas Baleares”.

Eso sí, para llegar a este punto ha tenido que completar su formación universitaria como ingeniero en Organización Industrial y piloto del Ejército del Aire en la Academia de San Javier (Murcia), donde ingresó como cadete a los 19 años, “no sin antes replantearme dejarlo, porque las primeras semanas son duras, te causan impresión y tienes que estar preparado mentalmente para ello”, asegura.

Tras aprobar los dos primeros cursos llegó el momento más deseado: “volé por primera vez en tercero”, ya con el cargo de alférez. “Recuerdo estar muy nervioso, incluso me tomaba alguna pastilla para el mareo, pero aún así lo disfrutas mucho, merece la pena esperar. Bajas del avión pidiendo repetir”.

En esta primera ocasión llevó los mandos de una avioneta con hélices, la T-35 Pillán, aparato que en cuarto curso cambiaría por el C-101, el modelo que tripula la famosa patrulla Águila, el grupo de siete expertos en vuelo acrobático que durante un año fueron sus instructores por las costas murcianas. “A los pilotos de la patrulla Águila les tienes mucho respeto porque imponen, no solo por su rango sino por la labor que realizan. Para nosotros es como si te encontraras a un famoso por la calle y pudieras volar junto a él”, reconoce.

Tras completar los cuatro años de formación académica escogió como destino la base aérea de Matacán en Salamanca para cumplimentar el periodo de prácticas. Finalmente recibía el despacho de teniente en el mes de julio, sin un acto formal y tras “un año raro y complicado por la pandemia”, explica.

Alejandro quedó a mitad de tabla de un total de alrededor de 80 alumnos en el ranking de su promoción. Según la nota final obtenida podía elegir entre piloto de caza, de transportes y de helicópteros y, aunque deseaba la primera opción, “los compañeros con mejores notas completaron las plazas para ser piloto de caza y me quedé con transportes, pero estoy contento con estar en el Centro Cartográfico y Fotográfico porque al estar en Getafe estoy cerca de casa y de los amigos”, cuenta. Unidad en la que pilota los aviones CN-235-10 y el Beechcraft C90 King Air.

Por ahora, su futuro está en Madrid aunque en unos años deberá trasladarse a San Javier o Salamanca para ejercer como profesor de los alumnos de cuarto curso. Eso sí, su carrera profesional dentro del Ejército no acaba aquí porque su formación está pagada integramente por esta institución y está obligado a trabajar para ella durante 12 años.

Después podrá elegir entre continuar o trabajar, por ejemplo, para aerolíneas comerciales, aunque de momento no se plantea esta última opción y “mis planes, por ahora, son continuar con la carrera militar”, asegura.

Desde la experiencia dice, “esta profesión requiere de responsabilidad” y, sin duda, estos jóvenes están preparados para gestionar cualquier incidencia al mando de la aeronave. Eso sí, “es vocacional”, apostilla. Ante esto, a los jóvenes interesados en este mundo les aconseja “estar concienciados”, porque “van a vivir situaciones complicadas pero se llevarán amistades muy fuertes que hacen que el camino merezca la pena”.

Desde la experiencia, Alejandro Olivas está orgulloso del papel que cumple el Ejército del Aire en la sociedad porque “haces cosas buenas como por ejemplo el reparto de las vacunas contra la Covid”. Por todo esto, para este jóven de Tarancón, “ser piloto es un sueño cumplido”.

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