11 de Julio de 2020 Son las 9:09

Entrevistas

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Especial Semana Santa 2020
Mario de la Rosa

"Mi actor y mi escritor se retroalimentan"

El intérprete de La casa de papel hablará de su primera novela, Perros con placa, en un encuentro virtual de Las Casas Ahorcadas

"Mi actor y mi escritor se retroalimentan"
Fotos: Mario de la Rosa y David Martín Rodero
22/5/2020 · Dolo Cambronero

Suárez, el personaje que interpreta en La casa de papel, bien podría hacer un cameo en su primera novela, Perros con placa. El actor Mario de la Rosa (Madrid, 1975) se estrenó el año pasado en el mundo literario con una novela negra que destripará este viernes en un encuentro virtual con el club de lectura Las Casas Ahorcadas. La cita es a través del programa gratuito Discord, a partir de las 19:00 horas.

¿Cómo surgió la idea de esta novela?

Escribo desde la adolescencia pero nunca había publicado porque para mí era un acto íntimo, un hobby de puertas para adentro. A raíz de empezar mi carrera como actor, en mi cabeza se desarrolló una serie de televisión pero, como no tenía ni los medios ni la fuerza para llevarla a cabo, lo que hice fue novelarla. Trasladé ese concepto audiovisual que había en mi cabeza a una novela, aunando mis dos inquietudes, la interpretación y la escritura. De ahí nace la pulsión. Luego hay otros componentes más específicos que me llevan a hacer esta novela: la temática, los personajes, el porqué…

¿Cómo definiría la obra?

He escrito mi novela volcando un montón de inquietudes que tengo a nivel personal. Hay una frase muy bonita que me dijo Carlos Bardem un día: ‘Cuando un escritor hace el ejercicio de escribir es porque tiene la necesidad de entender algo”. Y me fui con esta reflexión a casa. Pero claro, yo he escrito una novela policiaca, de narcotraficantes… con todo lo que esto conlleva de corrupción, noche… y me preguntaba: ‘Mario, ¿de verdad quieres entender esto más y por eso te estás documentando?’ Al principio estaba un poco como en contra de esta reflexión hasta que me di cuenta de lo que de verdad estaba hablando. Es temática de novela negra pero de lo que hablo sobre todo es de personas, del arco psicológico de estos personajes. No es tanto lo que hacen sino qué les lleva a hacerlo, cómo se sienten y cómo les cambia haberlo hecho. Es una novela que, dentro de una temática atractiva como puede ser la de las novelas de acción, de la novela negra, con un montón de personajes diversos, hombres, mujeres de diferentes edades y rangos sociales, habla también del amor, de la vida, de la muerte, de la corrupción, de la lealtad, de la traición… de todo lo que forma parte de las luces y sombras de la vida.

¿Cómo ha sido el proceso de escritura? ¿Cómo se ha documentado?

La novela habla mucho de la vida y la mayor documentación me la da la visión que he ido teniendo con los años y cómo he ido creciendo, evolucionando y enriqueciéndome con lo que he visto a mi alrededor. Siempre digo que mi actor y mi escritor se retroalimentan. En mi carrera cinematográfica, por una cuestión de perfil físico, me ha tocado ejercer de personajes de autoridad y de Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, por lo que hay una parte de documentación que venía hecha. Y luego también tengo contactos dentro del cuerpo en los que me he apoyado a la hora de construir personajes y que también me ayudaron en la creación literaria. Y por otro lado, para pinceladas de capítulos concretos que uno va necesitando, traté con un instructor de guías caninos, con algún forense… No todo lo he documentado porque también hablo de prostitutas y narcotraficantes y no me he sentado con ellos. Pero hay un imaginario colectivo al que es fácil recurrir.

Dice que escribe desde joven. ¿Qué significa la escritura?

Hasta hace bien poco era un viaje íntimo, como una purga, como escribir un diario, un cuaderno de bitácora… Al principio, empecé escribiendo canciones. Luego estas derivaron en poesía muy rápidamente porque intenté poner en marcha las canciones y, como no canto muy bien [risas], enseguida se tornaron en poesía. Pero luego esta poesía que era un poco abstracta fue necesitando hablar no solo de mí sino de otras cosas de mi alrededor de una manera un poco más tangible y fui poniendo personajes y escribiendo pequeños relatos, algún guión… La escritura no deja de ser un espejo en el que no solamente me reflejo yo sino una parte del mundo que veo, sobre la cual a veces se dirigen mi atención y mis matices. Es un encuentro, una terapia, una necesidad, un gozo y un placer.

La novela iba a ser en un principio una serie, ¿se plantea ahora llevarla a la televisión?

Totalmente. Ahora estoy en ese proceso. Cuando surgió en mi cabeza, esto era para televisión. Empecé a pensar en imágenes y luego lo traduje a novela, siendo consciente de que había que separar el mundo audiovisual del literario. Ya sabes, la eterna dicotomía: ¿qué es mejor, el libro o la película? Pues son lenguajes diferentes. He generado un dossier audiovisual y estoy empezando a tratar con diferentes productoras con la idea de que se lleve a cabo como serie de televisión ya que ahora sí estoy en una posición de conocimiento y de fuerza, en sincronía. Han pasado unos años y ha surgido el momento y la oportunidad.

Foto: David Martín Rodero

Empezó escribiendo canciones de rap y este género también aparece en la novela.

Yo me crié en Alcorcón. En mi edad pubertina, cuando se empieza a absorber lo que tienes a tu alrededor y a tener referentes, me pilló la época de eclosión del hip hop en España. Era algo muy minoritario pero dio la casualidad que uno de los grupos más pioneros y más potentes del panorama nacional en aquel momento eran cercanos a mí. Entonces me acerqué, igual que a otros géneros musicales. Pero ahí me sentí un poco más reconocido, a gusto formando parte de aquello. Estas canciones que empecé a escribir eran de rap. Uno va evolucionando y se enriquece de otras fuentes pero cuando llegó el momento de la novela, al hablar mucho del barrio, de las clases sociales, de la superación, de la supervivencia, el rap se me antojaba como un hilo musical muy apropiado. Y el rap nacional tiene muchas alusiones a los caninos y me vino fenomenal para aunarlo con mi concepto de Perros con placa. Hay muchos capítulos que arrancan con una canción de rap con alguna mención a los perros.

¿Cuáles son sus referencias literarias?

Intento leer un poco de todo aunque hay autores que te llegan un poco más. Bukowsky, Irvine Wells... Pero más que a autores, me voy a libros que me marcaron sobre todo en la cuestión narrativa. Trainspotting, American Psycho, Glamourama… me llegaron. La primera vez que intenté escribir una novela, tenía poco más de veinte años y ya llevaba como 70 páginas -que eso editado hubieran sido unas ciento y pico-. Pero aún estaba en ese 30% que tenía en mi cabeza y recuerdo que un vecino me dio una novela y me dijo que creía que me iba a gustar. Me lo leí en un día o día y poco y abandoné lo que estaba escribiendo porque era prácticamente lo que acababa de leer, cambiando nombres y anécdotas. Era el mismo código. Ese libro era Historia del Kronen, una grandísima novela, un golpe a la literatura contemporánea de José Ángel Mañas, que luego se llevó al cine.

Pero también hay clásicos y otros como El Médico, de Noah Gordon, que me enamoró y no tiene nada que ver con esto. También leo a Arturo Pérez Reverte, a Ken Follett, bestsellers… Y Dan Brown, al que mucha gente considera fast food literaria, tiene una manera de escribir, de capítulos cortos que siempre te enganchan, que me encanta. Y creo que mis Perros con placa se basan en esa pauta de capítulos cortos con puntos álgidos donde no hay nada de paja, donde todo es importante.

¿Cuáles son sus próximos proyectos?

Estoy terminando de editar un libro de poesía, del que entregaré el primer borrador a finales de este mes. Y ya estoy preparando mi próxima novela, que no sé si llamarla novela negra pero sí tendrá tintes de thriller. En el plano audiovisual, estoy esperando a que se vaya avanzando en las fases de desescalada. Espero empezar a rodar pronto la quinta temporada de La casa de papel y hay otros proyectos pero como todo está retrasado e incluso hay alguno que se tambalea, mejor no hablar aún.

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