Desde un pequeño taller en Huerta del Marquesado, en plena Serranía de Cuenca, Eli Martínez Moreno desarrolla desde hace casi dos décadas un proyecto artesanal centrado en el trabajo manual del cuero, el diseño propio y una fuerte vinculación con el territorio. Su marca, Tainarte, se ha consolidado dentro de la artesanía local gracias a una propuesta que combina técnicas tradicionales de marroquinería con una estética contemporánea y funcional.
Aunque su nombre está, hoy por hoy, ligado de forma inseparable al cuero, su recorrido profesional no comenzó en este ámbito. Eli estudió Trabajo Social y durante un tiempo pensó que su futuro laboral iría por ese camino. Sin embargo, la creación manual siempre estuvo presente en su vida. “Desde chiquitita he estado creando cosas, haciendo pulseras, collares… siempre ha sido algo muy natural para mí”, nos explica. Aquella inquietud creativa, que empezó como un hobby, fue ganando peso con el paso de los años.
El punto de inflexión llegó en 2005, y casi por casualidad. “Yo en realidad tenía más interés en probar con la cerámica, pero una piel se cruzó en mi camino y empecé a trabajar el cuero”, recuerda. Ese primer contacto marcó el inicio de un aprendizaje autodidacta basado en la experimentación constante. “El hobby se me complicó, pero para bien: terminó convirtiéndose en mi oficio”, asegura. En 2009 obtuvo el carné de artesana de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, un reconocimiento oficial que avala la profesionalidad de su trabajo.
“Lo que en un principio era solo entretenimiento se fue convirtiendo en mi oficio”

La base de su producción es un proceso completamente manual. En su taller no hay maquinaria industrial ni cadenas de montaje. Cada pieza pasa íntegramente por sus manos, desde el diseño inicial hasta el último remate. “Todo lo que hago es manual. Como yo digo muchas veces, si se va la luz, puedo seguir trabajando”, afirma. Esa forma de trabajar le permite mantener el control total sobre cada producto y garantizar su singularidad.
TRADICIÓN Y MODERNIDAD
Uno de los rasgos más característicos de su trabajo es la recuperación de técnicas tradicionales. Eli utiliza “trenzados y costuras que antiguamente se empleaban en trabajos ganaderos o de cordelería”, así como técnicas procedentes de Sudamérica, especialmente de países como Argentina. “Son técnicas muy antiguas que yo llevo a mis diseños actuales, ya sea en collares, pendientes o en adornos para bolsos y carteras”, subraya. El resultado es una fusión entre tradición y diseño contemporáneo.

La producción de Tainarte se organiza en dos grandes líneas. Por un lado, la marroquinería: bolsos, carteras, cinturones, riñoneras y otros complementos elaborados en cuero natural. Por otro, una línea de joyería en cuero, menos visible dentro del sector artesanal. “La joyería en cuero no es tan común, pero es una parte muy importante de mi trabajo”, señala. En ella combina piel con piedras semipreciosas para crear pendientes, pulseras y collares. Todos los diseños son propios. “El diseño siempre es mío, siempre, y no hay dos piezas iguales”.

Entre los productos más demandados destacan las carteras de caballero. “Es el producto estrella. La gente repite mucho y también lo recomienda, porque aunque una cartera te dura años, siempre hay alguien que la ve y pregunta dónde la has comprado”, explica. En el caso del público femenino, los pendientes tienen una gran aceptación.
A ello se suma una colección muy vinculada al entorno natural: hojas de cuero inspiradas en los colores del otoño de Cuenca. “Son los tonos típicos de esta estación tan bonita en nuestra provincia: ocres, rojizos, verdes… los llevo en marcapáginas, llaveros o broches y funcionan muy bien”.

La materia prima es otro elemento clave del proyecto. Eli apuesta por proveedores nacionales y por una selección directa de los materiales. “Soy de la vieja escuela. A mí me gusta comprar cara a cara y tocar la piel antes de trabajarla”, afirma. Las pieles que utiliza proceden de Palencia, una de las zonas con mayor tradición en la curtición vegetal y engrasada. Los herrajes, hebillas y cierres los adquiere en comercios especializados de Madrid, muchos de ellos con más de un siglo de historia.
El ritmo de trabajo en el taller es exigente, especialmente en los meses de mayor producción. Eli trabaja sola y asume todas las fases del proceso. “Ahora mismo me levanto a las siete de la mañana y puedo estar trabajando hasta las once de la noche”, reconoce. No es un horario habitual, pero forma parte de un oficio que requiere tiempo y dedicación. “Hay pocos talleres de cuero en España donde trabaje una sola persona, y todo pase por sus manos”, añade.

La decisión de vivir y trabajar en Huerta del Marquesado fue otro de los aciertos. Tras finalizar sus estudios, Eli y su pareja buscaban instalarse en un entorno rural. “Pensamos incluso en irnos a Asturias, pero un día recorrimos la Serranía de Cuenca, llegamos a Huerta del Marquesado y dijimos: no hay que ir más lejos”, recuerda. Y así fue; desde 2005 viven allí de manera permanente y, en un contexto marcado por la despoblación, el taller de Eli se ha convertido, con grandes dosis de esfuerzo e ilusión, en una actividad estable dentro del municipio.
El entorno natural es también una fuente constante de inspiración. “La creatividad me sale de dentro, pero está claro que recibo muchos estímulos del exterior, sobre todo de los colores y de la naturaleza”, explica. Ese paisaje se filtra en sus creaciones de forma natural, sin artificios.

A lo largo de su trayectoria ha participado en numerosas ferias de artesanía, donde la selección de expositores es un proceso exigente. Cada invitación es, para ella, un reconocimiento. Entre estos eventos destaca su presencia en FARCAMA, uno de los principales escaparates del sector en la región. “Cada vez que me seleccionan para una feria es una alegría tremenda, porque alguien ha valorado tu trabajo y ha decidido que encaja”, afirma.
Aunque utiliza las redes sociales como apoyo, Eli sigue apostando por el trato directo. “Me gusta el cara a cara, explicar cómo está hecho el producto, que la gente lo toque y lo entienda”, señala. Defiende el comercio tradicional como una parte esencial de la vida local.

Desde su taller en la Serranía de Cuenca, Eli Martínez continúa trabajando el cuero con constancia y paciencia. Tainarte es el resultado de casi veinte años de oficio, de una elección de vida ligada al territorio y de una forma de entender la artesanía como un trabajo honesto, manual y profundamente personal.
