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Rocafría devuelve el alma de la tapería a Cuenca

Sergio Cano abre en Villa Román un espacio dedicado a las tapas que fusiona la comodidad con la esencia de la taberna de toda la vida
Rocafría devuelve el alma de la tapería a Cuenca
Foto: Saúl García
13/04/2026 - Rubén M. Checa

En un panorama gastronómico donde las etiquetas parecen dividirse entre el restaurante de etiqueta y la comida rápida, Sergio Cano Martínez ha decidido dar un golpe en la mesa para recuperar una especie que, cree, estaba en Cuenca en peligro de extinción: la tapería. Así, hace apenas dos meses encendió las luces y los fogones de ‘Rocafría’, ubicado en el número 102 de la avenida de la Música Española. La respuesta del barrio no ha podido ser más clara: “Hacía falta algo así”.

Sergio no es un recién llegado, ya que su historia con la hostelería viene de largo. Comenzó en casa, viendo a sus padres regentar la mítica Bodeguilla frente a la iglesia de Santa Ana. Y aunque lleva vinculado al sector desde siempre, fue en 1997 cuando decidió hacer de los fogones y la barra su modo de vida profesional.

Por tanto, con casi tres décadas de experiencia a sus espaldas, Rocafría nace de una observación aguda sobre la evolución de la ciudad. “Parece que la categoría de tapería está desapareciendo; ahora todo es restaurante, cafetería o pizzería”, explica Sergio. Su objetivo era claro: crear un lugar donde “alternar” no fuera sinónimo de comer de pie y con prisas, sino de disfrutar con calma de cada bocado.

Así, entrar en Rocafría es percibir un ambiente diseñado al detalle. El local, que fue transformado desde cero, es obra del esfuerzo compartido entre Sergio y su mujer. Uno de los puntos clave son sus mesas altas, pero con un matiz fundamental: la comodidad. 

“No quería el típico taburete donde estás deseando irte. Aquí la idea es que te sientes, estés a gusto y que la calidad del mobiliario te invite a pedir otra ración. Se puede comer igual de bien en una mesa alta que en una baja si el entorno acompaña”, afirma el hostelero.

ELABORACIONES

La carta de Rocafría es un homenaje al producto local y a la cocina que no necesita disfraces. Entre sus especialidades, Sergio destaca con orgullo la oreja a la plancha, el bacalao con tomate y las carrilladas, sin olvidar las tortillas y raciones variadas. Aunque ofrece una cuidada selección de tintos de rioja y ribera, su apuesta firme es por los productos de la tierra, desde el vino hasta los ajos que dan sabor a sus platos. Todo ello siguiendo unas pautas que son bien conocidas por su clientela desde hace años.

Además, el nombre del local no es un homenaje familiar ni una referencia geográfica conquense, ya que Rocafría es un viaje emocional al Madrid de finales de los 90. “Viene de un bar en la calle Barquillo donde pasé momentos increíbles con mis compañeros durante el servicio militar en el 97. Ese nombre se me quedó grabado por la buena gente y los buenos recuerdos”.

Abierto de lunes a sábado (reservando el domingo para el descanso), Rocafría ofrece desde el aperitivo rápido hasta cenas completas, incluyendo además bocadillos y platos combinados para quienes buscan algo más informal.

Para Sergio, el resumen de estos dos meses de andadura se condensa en dos palabras: confianza y calidad. Y aunque el nombre sugiera temperaturas gélidas, la realidad tras la barra es opuesta: en Rocafría, la atención siempre es cálida.