La UB Conquense afronta un cambio importante en el esquema de su staff técnico tras confirmarse la marcha de Mario Cartagena, segundo entrenador del conjunto blanquinegro. Se despide después de un ciclo dorado marcado por el crecimiento de la entidad, un inolvidable ascenso a Segunda RFEF, momentos de dificultades y, más recientemente, una campaña que estuvo cerca de culminarse con un nuevo éxito.
Cartagena, parte indispensable de las alegrías balompédicas en estos últimos años, se marcha con un sentimiento de orgullo por el trabajo realizado y con palabras de agradecimiento hacia la ciudad y el club. Aunque en esta temporada tocó “morir en la orilla”, se queda con el camino recorrido: “Ha crecido muchísimo en poco tiempo y eso es gracias a la gente que está apostando por Cuenca: tenemos que seguir haciéndolo y que no se quede solo en esta temporada. Que la gente se enganche, porque es un club maravilloso”, traslada.
La salida de Cartagena llega tras una decisión adoptada por el cuerpo técnico encabezado por Rober Gutiérrez, una determinación que ha aceptado con profesionalidad. El técnico admite que la intensidad inherente al fútbol acaba pasando factura en las relaciones personales, aludiendo a la “tensión y presión” entre dos personas muy pasionales, lo que provoca un desgaste. Pesa a ello, evita cualquier polémica y resume la situación en una significativa frase: “Es preferible mantener un amigo que un puesto de trabajo”, traslada. Agradecido y sin rencor, asegura que prefiere “quedarse con lo bueno” y considera que la distancia puede resultar positiva para ambas partes tras unos cursos compartiendo emociones y objetivos.
La tensión y el desgaste propio de la competición precipitan una salida que Mario Cartagena afronta con naturalidad y agradecimiento hacia la familia blanquinegra por los años vividos aquí
Destaca el entrenador el vínculo emocional que ha desarrollado con el club y la ciudad durante su estancia, asegurando que “te hace sentirte que eres de Cuenca”, sentimiento que se reforzó especialmente durante algunos momentos complicados que atravesó la entidad hace dos años debido a los impagos. En el momento de su marcha, ese cariño le era devuelto recibiendo numerosos mensajes deseándole lo mejor en el futuro. “Me gustaría que me recordaran como una buena persona que ha intentado ayudar al máximo posible a todo el mundo”, traslada.
Define su paso por el Conquense como “una montaña rusa” que le ha reportado un importante aprendizaje profesional, dado que tuvo que adaptarse a un rol diferente dentro del cuerpo técnico. Esa experiencia le ha permitido ampliar su visión futbolística y deja huella gracias a su conocimiento, siendo clave en lo estratégico.
Con respecto a su futuro, no tiene prisa: sin planes cerrados, su intención pasa por volver a sus orígenes. “Soy un enamorado del fútbol base y creo que voy a volver a ello, a ayudar a los chicos y al club de mi ciudad. Lo que venga se valorará, pero empezaré por ahí y veremos qué ocurre”, adelanta.
El club despide a un sabio del fútbol tras una experiencia que, según sus palabras, ha sido intensa, exigente y profundamente enriquecedora, tanto en lo profesional como en lo personal, donde ha conocido a gente “maravillosa”.