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Patrimonio histórico artístico

Paso a paso en la restauración del retablo de la Asunción de la Virgen

La restauradora conquense Mar Brox, con más de 20 años de trayectoria profesional, afronta una de sus restauraciones “más significativas”

Paso a paso en la restauración del retablo de la Asunción de la Virgen
Mar Brox trabaja en su taller en la limpieza de uno de los elementos de la mazonería del retablo de la Asunción de la Virgen de la capilla del Deán Barreda de la Catedral. // Foto: Saúl García
26/11/2020 · Miguel A. Ramón

Entre pinceles, bisturíes e hisopos, la restauradora conquense, Mar Brox, lleva trabajando desde hace tres semanas en su taller de la capital en la restauración del retablo de la Asunción de la Virgen de la capilla del Deán Barreda de la Catedral de Cuenca. Un encargo que afronta con “mucha ilusión y responsabilidad” consciente de que tiene ante sí “una obra muy especial y de una calidad artística excepcional”, pero también con la seguridad que le otorgan sus más de veinte años de trayectoria profesional.

El ático, la predela, el cuerpo central y distintos elementos de la mazonería de este bello retablo renacentista inundan cada uno de los rincones de su taller. El brillo del oro y la plata que jalonan algunos de sus ornamentos comienza a vislumbrarse a primera vista tras los primeros trabajos de limpieza, mientras el papel japonés se adueña de algunas de las magníficas pinturas de Martín Gómez el Viejo (1500-1562) en un intento de conservar esa policromía a punto de desprenderse.

Y es que en estos primeros días, Brox se está empleando a fondo en el sellado de grietas, el ajuste de molduras y elementos de la estructura del retablo, el engasado o empapelado de la policromía y los dorados y en la limpieza de depósitos de polvo y barnices oxidados en las zonas doradas.

Tareas iniciales de una intervención, encargada por el Cabildo Catedralicio, que, según recalca la restauradora, “no es especialmente complicada a priori”, entre otros motivos, por “tratarse de una obra de arte con una materia prima de una calidad muy buena y por conservarse mucho de lo original”.

Algo, a su juicio, importante si se tiene en cuenta que el objetivo de la actuación no es otro que “conservar, consolidar y mantener todo lo original que nos encontremos y reponer exclusivamente aquellas partes que sea necesario para completar la lectura del conjunto artístico; eso sí, sin intervenir en exceso”.

Foto: Saúl García

Aun así, Brox va a tener que enfrentarse a la dificultad de eliminar restauraciones anteriores “algunas no muy afortunadas”. Repintes que le obligarán a aplicar un tratamiento personalizado para cada una de las catorce tablas que conforman este impresionante retablo con el objeto de extraer la pintura original del siglo XVI.

Tiene a su favor el estado de conservación de la obra que no es muy malo, aunque presenta algunos problemas en la estructura. Y es que, según explica, “en algún momento a lo largo de sus cuatro siglos de existencia se desmontó y en el montaje posterior la traza sufrió al no encajar bien alguna pieza”; algo que espera solucionar, puesto que al haberse desmontado ahora de nuevo para esta restauración, le va permitir recolocar todas las molduras y poner cada pieza en su sitio.

Brox tiene trazada una hoja de ruta para acometer las distintas fases de esta intervención. Así, tras el desmontaje, va a limpiar todas las traseras del retablo y acometer el tratamiento de la madera, porque “se han encontrado xilófagos y, aunque no hay ninguna colonia activa, es conveniente llevar a cabo ese tratamiento”. Labores a las que seguirá la fijación de la policromía en peligro de desprendimiento; es decir, en un primer momento, se va a centrar en la conservación y consolidación de la obra, y, una vez estabilizada, se procederá a la limpieza y posterior reintegración allí donde sea necesaria.

Precisamente esa limpieza va a requerir un importante esfuerzo. Y es que, tal y como subraya, las tablas tienen muchos barnices oxidados y corlas, lo que unido a algún repinte poco afortunado, hará de esta limpieza “un proceso mas delicado y lento”, sobre todo, por “el hecho de que se quiere mantener la pátina original, pero eliminando todos esos barnices de más, que, encima, han envejecido inadecuadamente”.

Foto: Saúl García

No obstante, y aunque resulte atrevido hasta no acometer la limpieza y poder comprobar el estado real de la obra, la restauradora se muestra confiada en que el resultado final de la intervención será muy llamativo.

El cromatismo y el delicado trazo de las principales pinturas de Martín Gómez el Viejo resurgirán, después de años y años bajo la oscuridad del paso del tiempo, y cobrarán vida, permitiendo que los ciudadanos puedan volver a disfrutar de la belleza de estas tablas, que, por cierto, van a recuperar su esplendor de antaño gracias a los fondos aportados por los Amigos de la Catedral y la Fundación Globalcaja Cuenca, así como de los procedentes de las entradas de las actividades Los Lunes Culturales y el Día de la Catedral.

Una actuación que está ejecutando Brox bajo la dirección del también conquense, Luis Priego, profesor de Restauración en la Escuela de Conservación y Restauración de Bienes Culturales de la Comunidad de Madrid y en la Facultad de Bellas Artes. Tiene siete meses de plazo, aunque espera concluir antes y, de esta manera, esta joya renacentista pueda ser disfrutada por todos en su capilla.

Foto: Saúl García

LA CAPILLA DEL DEÁN BARREDA

Aunque conocida como Capilla del Deán Barreda, fue fundada por el Deán Gregorio Álvarez de Alcalá entre finales del siglo XV y principios del XVI. Más tarde, el siguiente Deán, Juan Barreda, dotó a esta capilla del retablo de la Asunción –ahora en plena restauración– y del retablo de los Santos Juanes, que en la actualidad se encuentra en el Museo Tesoro de la Catedral.

La ornamentación neogótica actual parte de la autorización del Cabildo del 2 de junio de 1902 por la que se cede la capilla a Martina Lasso y Cobo para la fundación de una memoria piadosa en beneficio de su alma y su familia y enterrarse allí junto con su esposo, sus padres y hermanos, dando lugar a la actual capilla panteón con seis sepulcros.

Su arquitectura corresponde al ingeniero militar Francisco Cano y Lasso, sobrino de la fundadora, y las esculturas dedicadas a la Fe y la Eternidad son encargadas a Mariano Benlliure.

Cabe destacar su excelente rejería, obra de Hernando de Arenas en base a una muestra-diseño, dibujada por Jamete, que estaría finalizada en febrero de 1553. Bellísimas las cuatro basas en que se apoyan las columnas con figuras diversas de cuerpo entero en bajo relieve y finamente repujadas en sus cuatro caras.

Foto: Catedral de Cuenca

El cuerpo intermedio se adorna con una franja repujada con caprichosas figuras típicamente renacentistas presidido por el escudo de armas de su fundador, el Deán Barreda, (dos cuarteles con banda en oro sobre fondo rojo en el de la derecha y león rampante en oro sobre fondo rojo en el de la izquierda); todo ello, dentro de un gran círculo a cuyos lados aparecen figuras con aire de guerreros sobre pedestales. A los extremos de este cuerpo otras dos figuras humanas.

El cuerpo superior de la reja lo forma un precioso montante con columnas abalaustradas, como figura central la imagen de la asunción de la Virgen rodeada de ángeles, sobre chapa finamente repujada y policromada. En sus exteriores, dos artísticas volutas que en forma de S se extienden desde los balaustres hasta la base del entablamento con dos medallones en sus extremos y finalmente las figuras exentas de dos ángeles que sostienen el de la izquierda una cruz y el de la derecha una columna.

Sobre el pavimento de la capilla se pueden ver dos lápidas, la primera de Andrés Pacheco colocada en 1854 a expensas de Juan María Valero con ocasión de haber sido trasladados sus restos desde el convento de las Carmelitas y la segunda, de Juan Barreda, Deán que fue de esta Catedral, fallecido en 1573 a los 95 años de edad.

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