Ana María de Peralta: el papel de la mujer en el Siglo de Oro
El programa educativo 'Hacer realidad lo fingido y verdadero lo aparente: mujeres, oficios y genealogías del Siglo de Oro' está llevando a las aulas una reflexión necesaria: la presencia —y la ausencia— de las mujeres en la construcción cultural del Siglo de Oro español.
El proyecto, impulsado por la Fundación del Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro, invita al alumnado de Bachillerato de Cuenca, Albacete y Ciudad Real a investigar escritoras, dramaturgas, impresoras, actrices, científicas y mujeres vinculadas a oficios invisibilizados.
A través de dinámicas participativas, creación artística y análisis histórico, los estudiantes descubren cómo muchas de estas figuras quedaron ocultas por una estructura social que las relegó al silencio. El programa culminará con una exposición de figuras femeninas a tamaño real, “una exposición reivindicativa de los valores de igualdad”, que podrá verse este verano en Almagro.
Tal como recuerda la consejera de Igualdad, Sara Simón, mientras los grandes nombres masculinos “han ocupado el centro del relato, las mujeres han quedado relegadas a los márgenes”, a pesar de haber sido pilares fundamentales de la vida artística, literaria y social de la época.
Entre esas mujeres que merecen recuperar su lugar en la historia destaca Ana María de Peralta, actriz nacida en Mota del Cuervo a finales del siglo XVI o comienzos del XVII. Su trayectoria es un ejemplo perfecto para comprender cómo las mujeres del teatro barroco contribuyeron decisivamente al desarrollo de la escena española, aun cuando la historiografía posterior apenas les concedió espacio.
Peralta fue una intérprete reconocida en su tiempo. Lope de Vega llegó a afirmar que ninguna le igualaba “en lo pícara y socarrona”, un elogio que revela su talento para la comedia y su dominio del escenario. Las primeras noticias la sitúan en Sevilla en 1619, integrada en la compañía de Diego Vallejo. Más tarde trabajó en Madrid, donde coincidió con el actor Gregorio de Rojas, conocido como Juan Bezón, con quien contrajo matrimonio en 1623. Desde entonces adoptó el nombre artístico de la Bezona, siguiendo la costumbre teatral de la época.
Su carrera, estrechamente ligada a la de su esposo, la llevó a formar parte de algunas de las compañías más destacadas del momento: Hernán Sánchez de Vargas, Cristóbal de Avendaño, Pedro de Ortegón o Francisco López.
Mientras él interpretaba papeles de gracioso, ella solía desempeñar el de tercera dama, un rol que exigía versatilidad, presencia escénica y dominio del verso.
La documentación conservada muestra incluso el interés de la villa de Madrid por contar con ella en las fiestas del Corpus de 1637, lo que confirma su prestigio profesional.
Ana María de Peralta no solo actuó: también contribuyó a la formación de nuevas generaciones de intérpretes. Junto a su marido crió a Francisca Bezón, quien llegaría a ser una actriz célebre y directora de compañía. La genealogía teatral femenina, tantas veces ignorada, encuentra en este ejemplo una línea de continuidad que el programa educativo actual pretende precisamente rescatar.
La actriz moteña continuó trabajando al menos hasta 1643 y, según la documentación, sobrevivió veinte años a su marido, falleciendo en 1680. Su vida, como la de tantas mujeres del Siglo de Oro, quedó dispersa en archivos, contratos y referencias indirectas, pero su presencia fue real, constante y decisiva.
Hoy, cuando los estudiantes de Castilla-La Mancha investigan figuras femeninas del Siglo de Oro para reconstruir sus historias y convertirlas en referentes visibles, Ana María de Peralta emerge como un ejemplo perfecto: una mujer que estuvo ahí, que trabajó, que creó, que formó parte esencial del teatro barroco y que merece ocupar un lugar central en el relato cultural de nuestra tierra.
Su recuperación no es solo un acto de justicia histórica. Es también una forma de mostrar al alumnado que la cultura del Siglo de Oro no fue obra exclusiva de los grandes nombres masculinos, sino el resultado de un entramado complejo en el que las mujeres, como Peralta, tuvieron un papel imprescindible.