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El Vesalio de Gustavo Torner se exhibe íntegro por primera vez

Comisariada por Arturo Sagastibelza, esta exposición irrepetible reúne decenas de obras de colecciones privadas y muestra, en primicia, los collages finales que el artista creó en 2016
El Vesalio de Gustavo Torner se exhibe íntegro por primera vez
Foto: Rubén Marco
18/05/2026 - Rubén M. Checa

Gustavo Torner (Cuenca, 1925-2025) ha sido, en palabras de quienes mejor conocen su legado, el Leonardo da Vinci del arte contemporáneo español. Pintor, escultor, diseñador, escenógrafo y creador de las emblemáticas vidrieras de la Catedral de Cuenca, Torner falleció el pasado mes de septiembre, pero su marcha ha dotado de un aura aún más emotiva e histórica a la exposición ‘Torner en torno al Vesalio’, el broche de oro a los actos que celebran el centenario de su nacimiento.

La muestra, comisariada por Arturo Sagastibelza, se ha prorrogado excepcionalmente hasta el domingo 7 de junio, ofreciendo al público una última oportunidad para sumergirse en la mente de un creador intelectual, reflexivo y profundamente culto. No es una exposición más: es, en palabras de su comisario, una de las más importantes que se han dedicado al artista.

La indiscutible protagonista de esta cita cultural es El Vesalio, un monumental libro de artista compuesto por 40 collages. “Era la obra más querida por Torner, la que consideraba más completa y la que le dejó más satisfecho”, explica Sagastibelza, subrayando el valor simbólico de un conjunto que condensa el pensamiento del creador conquense.

Aunque el conjunto completo pertenece a la ciudad desde la donación del artista en 2018, sus colosales dimensiones habían impedido exhibirlo íntegramente en el Espacio Torner. Han tenido que pasar casi seis décadas desde su única exhibición local en 1967 para que el público vuelva a contemplar esta pieza maestra. Ahora se presenta como nunca: acompañada, por primera vez, de sus portadas, carpetas originales y justificaciones de tirada, lo que permite entender la obra como lo que realmente es: un libro de artista de escala monumental.

 

CASA ZAVALA

El planteamiento museográfico diseñado por el comisario articula un diálogo coherente entre el antes, el durante y el después de la obra magna. La primera de las sedes de la exposición es la Casa Zavala, donde el visitante es recibido por un insólito autorretrato de 1952. Este lienzo de su etapa figurativa demuestra el talento innato de un Torner que, por aquel entonces, ejercía como ingeniero forestal y carecía de formación académica en Bellas Artes.

 

 

 

A partir de este umbral, la narrativa visual se divide en cuatro grandes bloques que permiten recorrer la evolución del artista con una claridad poco habitual en exposiciones de esta envergadura.

El primero es el preludio paisajístico: obras previas a los años sesenta, marcadas por composiciones binarias a modo de paisajes que catapultaron al artista a la primera línea internacional. Son piezas que ya anticipan su interés por la estructura, el equilibrio y la tensión visual.

El segundo bloque marca la irrupción de la geometría (1963-1966), un punto de inflexión decisivo. “Es el momento en el que aparecen las líneas, las circunferencias, una nueva forma de ordenar el espacio”, detalla Sagastibelza. Coincide además con la gestación del Museo de Arte Abstracto Español, del que Torner fue pieza clave, y con una creciente complejidad conceptual en su obra.

El tercer bloque corresponde al corazón de El Vesalio. Tras una sala documental que explica la compleja ejecución física e intelectual del proyecto —incluyendo textos del propio artista—, se despliega la gran sala con los 40 collages principales. Aquí el visitante se enfrenta a la obra en su totalidad, con una potencia visual y simbólica difícil de igualar.

 

 

“El Vesalio es la obra más completa y querida de Torner, una síntesis de su pensamiento sobre la condición humana”, explica Sagastibelza

 

Por último, el recorrido concluye en la llamada era del objeto (1967-1971), un epílogo en el que el artista renuncia progresivamente a la pintura tradicional en favor de materiales como el metacrilato, las cuerdas o los objetos encontrados. Es una etapa de homenajes a pensadores, músicos y creadores, en la que la obra se vuelve aún más conceptual.

Como gran aliciente periodístico e histórico, el comisario ha rastreado el legado del artista en su propia tierra: de las cien piezas expuestas, cerca de veinte provienen de colecciones particulares conquenses y jamás habían sido vistas por el gran público ni reproducidas en catálogos de arte. “Queríamos mostrar obras que no se ven habitualmente, y dar protagonismo también al patrimonio local”, explica.

Para comprender la magnitud de la muestra hay que descifrar qué significa El Vesalio. Todo comenzó en 1964, durante un viaje de Torner a Nueva York junto a Fernando Zóbel. Allí descubrió una edición facsímil del tratado de anatomía del médico renacentista Andrés Vesalio. Fascinado por la potencia expresiva de sus láminas, Torner decidió apropiarse de esos esqueletos para su propio discurso.

A Torner le interesaban estas anatomías porque le permitían hablar de la condición humana en un sentido puramente universal: un esqueleto carece de época, de clase social y de fronteras culturales. Al enfrentar estas figuras desnudas con su rigurosa geometría, con globos aerostáticos (que representan el cielo, tanto físico como espiritual) o con elementos marinos, el artista buscaba plasmar las emociones inmutables de la humanidad desde el principio de los tiempos.

“El miedo, la duda, la esperanza, el dolor… todo eso está en el Vesalio”, detalla Sagastibelza. El objetivo final del artista era mostrar al espectador “el asombro y el misterio del mundo”, una idea que recorre toda su producción y que aquí alcanza una de sus expresiones más depuradas.

 

ESPACIO TORNER

La experiencia concluye ineludiblemente en el Espacio Torner, el museo concebido integralmente por el propio creador en la antigua iglesia de San Pablo. Para el comisario, este enclave tiene un valor casi emocional: “Montar aquí es hacerlo en el corazón del artista”, explica.

 

La historia de El Vesalio es también la de una tenacidad inquebrantable. Aunque la concibió en los años sesenta, Torner no terminó de ensamblar a mano los diez ejemplares completos hasta el año 2014. Ese largo proceso revela el carácter meticuloso y perfeccionista de un creador que no dejaba nada al azar.

Aquel último reencuentro físico con su gran obra provocó un estallido creativo inesperado. En 2016, ya nonagenario, firmó una nueva serie de catorce collages donde retomaba las míticas anatomías vesalianas. Esta suite final se exhibe ahora, de forma íntegra y por primera vez, en el centro neurálgico de su museo.

“Es la obra de un artista en un estado de libertad absoluta”, subraya Sagastibelza. Un testamento visual deslumbrante que, además, fue reconocido en 2017 en la feria ARCO con el premio de la Asociación Española de Críticos de Arte al mejor stand de un artista vivo.

La exposición, que cuenta además con la edición de un catálogo monumental de altísima calidad gráfica (con textos inéditos y reproducciones nunca vistas con tal nivel de detalle), no es solo un repaso artístico. Es el homenaje definitivo de Cuenca al latido inagotable de un creador irrepetible. Un diálogo entre arte, ciencia y pensamiento que sitúa, una vez más, a la ciudad en el mapa del arte contemporáneo. 

La exposición puede visitarse en el Espacio Torner de martes a sábado de 11:00 a 14:00 y de 16:00 a 18:00, y los domingos de 11:00 a 14:00, permaneciendo cerrada los lunes. Por su parte, la Casa Zavala abre de martes a sábado de 11:00 a 14:00 y de 17:00 a 20:00, y los domingos en horario de mañana, también con cierre los lunes.

La muestra está registrando una notable afluencia de visitantes, a la espera de concretar los datos definitivos de asistencia, lo que confirma el interés que ha despertado esta gran cita cultural en la ciudad.