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‘El caso Neptuno’, un tridente y la memoria de La Mancha

El escritor sanclementino Daniel Lablanca irrumpe con una novela negra en la que el crimen se entrelaza con el patrimonio y la memoria en un relato ambientado en los años 70 y 80
‘El caso Neptuno’, un tridente y la memoria de La Mancha
Foto cedida
24/04/2026 - Eduardo M. Crespo

Un tridente clavado en la memoria. No es solo la firma de un asesino, sino también es el símbolo de un territorio muy nuestro que se resiste a ser olvidado. Así arranca el universo del escritor Daniel Lablanca, que debuta con ‘El caso Neptuno’, una obra que trasciende el género negro para convertirse en una reivindicación personal e íntima de la historia y el paisaje de La Mancha.

A sus 29 años, Lablanca combina su faceta como empresario con sus estudios en Humanidades. De esa mezcla surge una novela nacida, según nos explica, de una inquietud personal: “La historia parte de una preocupación por el patrimonio de mi pueblo, San Clemente. No pretendía escribir una novela tan extensa, sino contar algo donde los personajes recorrieran esos espacios y, de alguna forma, ponerlos en valor”.

Esa idea se convierte en el eje de una novela que el autor presentará el 24 de abril en el Teatro Viejo de San Clemente, en el marco del Festival de Teatro Francisco Nieva. “Creo firmemente que el mejor regalo que podemos hacerle al futuro es no olvidar el pasado. Olvidarlo es una forma de saqueo cultural, mientras que preservarlo es una forma de resistencia”, sostiene.

 

“El mejor regalo que podemos hacerle al futuro es no olvidar el pasado. Olvidarlo es una forma de saqueo cultural y preservarlo es una forma de resistencia”

 

Ambientada en La Mancha entre los años 70 y 80, la novela se sitúa en localidades como San Clemente y Honrubia, con un paisaje invernal que adquiere protagonismo propio. “Es un invierno castellano muy marcado, gris y frío, y ese ambiente actúa como un personaje más dentro de la historia”, nos cuenta el autor.

La trama sigue a Neptuno, un asesino en serie que reaparece en 1984 tras una década desaparecido, dejando como firma un tridente. “Es un personaje con un perfil ritualista y místico. A través de los ‘flashback’ se va construyendo su psicología, mientras la acción principal transcurre en apenas dos semanas, con mucha intensidad”, detalla.

Uno de los elementos más distintivos del libro es su integración del patrimonio en la narración. “Los asesinatos ocurren en monumentos reales y aprovecho para contar su historia de forma novelada, evitando el tono del ensayo”. A ello se suman referencias a la mitología, la filosofía y la teología, con pistas ocultas en forma de pasajes bíblicos.

 

 

“Había miedo al principio, pero las críticas están siendo muy positivas. Incluso hay gente que ha vuelto a leer gracias al libro, y eso es muy gratificante para mí”
Foto cedida

 

Pese a adentrarse en la novela negra, Lablanca reconoce no ser lector habitual del género: “Leo sobre todo narrativa histórica, especialmente del mundo clásico. Eso me ha dado libertad para escribir, aunque he tenido que documentarme mucho en el perfil criminal”.

Tras superar las dudas iniciales, lógicas cuando alguien se adentra por primera vez en el universo literario, la obra está encontrando una buena acogida. “Había miedo al principio, pero las críticas están siendo muy positivas. Incluso hay gente que ha vuelto a leer gracias al libro, y eso es muy gratificante para mí”, señala.

En ese proceso de escritura también hay una historia personal marcada por la incertidumbre y la perseverancia. El propio autor reconoce que la novela estuvo un largo tiempo guardada en un cajón de su casa antes de decidirse a publicarla, frenado por “los prejuicios y las comparaciones que uno mismo se impone”.

Sin embargo, el contacto con los lectores que han devorado el libro ha cambiado su perspectiva y ha disipado los temores: “Cuando terminas de escribir sientes un vacío, como un ¿y ahora qué?, pero cuando empiezan a llegar opiniones, todo cobra sentido. Las opiniones de las personas que lo han leído son muy positivas y ese feedback con el lector es tremendamente enriquecedor”. Esa conexión directa con el público, añade, se ha convertido en uno de los motores de esta nueva etapa.

Con la presentación del libro en capilla, con su gente, y en su entorno más cercano y con una segunda parte en marcha, Daniel Lablanca cierra sus reflexiones sobre el libro y la literatura con una idea clara: escribir también es una forma de preservar. Porque en ‘El caso Neptuno’, el crimen es solo el inicio de algo más profundo: la memoria de un lugar. La memoria de un pueblo.