“Es vital que los alumnos vean la utilidad práctica de la ciencia”
Ana Belén Yuste (Cuenca, 1983), dice que nunca pensó que acabaría siendo profesora. “Siempre lo dije”, asegura entre risas. Sin embargo, es ahora en 2026 una de las referencias educativas del país toda vez que ha sido reconocida como la segunda mejor docente de España en la categoría de Educación Secundaria en los premios Educa Abanca, un premio al que se suma su reciente distinción como mejor profesora del mundo en los Global Teacher Awards.
Pero, ¿cómo pasó de la negación a ser profesora a ser una de las mejores del país? Se licenció en Ciencias Ambientales en la Universidad de Castilla-La Mancha, y mientras realizada la tesis en el laboratorio de Fisiología Vegetal, descubrió su vocación. “Tenía que dar clase a los alumnos de primero de carrera y explicarles el fundamento teórico de una práctica, y fue ahí cuando me di cuenta de que me sentí bien explicando”, rememora Yuste.
Fue entonces cuando decidió cursar el antiguo CAP (Certificado de Aptitud Pedagógica) para poder ingresar en el sistema educativo y, tras obtenerlo, se presentó a las oposiciones de Castilla-La Mancha. Las aprobó por primera vez en 2008, aunque no obtuvo plaza. Aun así, la llamaron en septiembre, y empezó a trabajar enseguida. Dos años después, en 2010, logró su plaza definitiva, y tras un periodo de prácticas en el CEPA Lucas Aguirre de la capital, su primer destino fijo fue el IES Aldebarán de Fuensalida (Toledo). Actualmente imparte clases en el IES Consaburum de Consuegra (Toledo), tanto en la ESO como en Bachillerato.
Los reconocimientos, asegura, han llegado casi por sorpresa. “No sabía ni que existían estos premios”, confiesa, ya que fue un compañero quien la animó a presentarse a los Global Teacher Awards. En el caso del premio nacional, explica, fue el propio alumnado quien la nominó. “Recibir un correo en el que te dicen que tus alumnos se han acordado de ti y que quieren que se te reconozca, es una alegría enorme”, afirma.
La clave, detalla Yuste, ha sido combinar desde que empezó la teoría con la práctica. “La Biología se presta mucho al laboratorio”, incide, a lo que se suma las nuevas tecnologías, las aplicaciones digitales e incluso la inteligencia artificial. Además, desarrolla proyectos de investigación en los que plantea retos reales al alumnado, para ver si en base a los conocimientos adquiridos, son capaces de encontrar una solución. “Eso les motiva mucho”, detalla.
PROYECTO MÁS AMBICIOSO
Uno de los proyectos más ambiciosos de los últimos años que ha desarrollado Yuste en el instituto está relacionado con la historia y el territorio de Consuegra. Durante dos cursos han investigado la influencia de distintas especies vegetales en la infiltración de agua en el suelo, tomando como referencia la inundación de 1891, en la que murieron 350 personas. El objetivo era estudiar qué plantas favorecen una mayor infiltración de agua en los márgenes del río Amarguillo, para reducir así las escorrentías en episodios de lluvias torrenciales, explica.
Para ello, tanto ella como sus alumnos investigaron cinco especies de árboles de la zona y siete de arbustos, realizaron simulaciones de lluvia intensa y comprobó que, contra todo pronóstico los arbustos eran más eficaces que los árboles en la captación de agua. “El romero fue la especie que mayor cantidad de agua infiltraba en la tierra”, detalla. Y a partir de esos datos, han desarrollado una aplicación de inteligencia artificial capaz de identificar especies y estimar su capacidad de infiltración, además de elaborar un sistema de información geográfica para localizar más zonas del municipio que sean vulnerables cuando haya crecidas importantes del río.
El proyecto se ha presentado en distintos certámenes y ha llevado a su alumnado a representar a España en Bolivia, en un congreso de innovación educativa en ciencias del suelo. También en Estocolmo, en el Premio Nobel Junior del Agua. “No se pueden quejar de lo que han conseguido ellos solos”, comenta orgullosa la profesora.
Además, el propio Ayuntamiento de Consuegra ha mostardo interés por los resultados. “Nos dijeron que querían impulsar una plantación de romeros aprovechando el Día de los Bosques”, explica, convencida de que este tipo de iniciativas demuestran al alumnado que lo aprendido en clase tiene una aplicación real. “Muchas veces preguntan ‘¿y esto para qué sirve?’. Cuando ven la utilidad, lo recuerdan mejor”, subraya.
EVOLUCIÓN
Para Yuste, la docencia es un camino en constante evolución. “Al principio das clase un poco como te la dieron a ti”, reconoce. Con el tiempo, explica, se va forjando un estilo propio, incorporando nuevas metodologías y rodeándose de profesorado inquieto. “Probablemente dentro de diez años no enseñe igual que ahora”, reflexiona.
Lo más gratificante, dice, es que nunca se deja de aprender. “Aunque seas tú quien da la clase, muchas veces son ellos los que te aportan ideas. Sigues aprendiendo de tus alumnos”, afirma. También destaca la energía de la adolescencia: “Te contagian esas ganas de comerse la vida”.
A quienes sueñan con dedicarse a la enseñanza les lanza un mensaje claro: “Que no se desanimen y que no pierdan la ilusión”. Reconoce que hay días duros, pero insiste en que la motivación es fundamental. “Estamos formando a los jóvenes del futuro. Es importante que estén bien formados científicamente y que tengan espíritu crítico”, concluye.
Desde Cuenca hasta Consuegra, y de allí a Bolivia o Estocolmo, Ana Belén Yuste demuestra que la educación pública, cuando se hace con pasión, puede traspasar fronteras y convertir las aulas en auténticos laboratorios de investigación.