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Las Santas Marías: el paso que ha dado vida al Sábado Santo

La hermandad, nacida hace diez años del impulso de un grupo de jóvenes, supera ya los 800 hermanos y ha llenado el vacío histórico del sábado nazareno en Cuenca
Las Santas Marías: el paso que ha dado vida al Sábado Santo
Foto: Lola Pineda
04/04/2026 - Eduardo M. Crespo

Hace apenas una década, el Sábado Santo en Cuenca era un día de silencio procesional. Entre el recogimiento de los días anteriores y la esperanza del Domingo de Resurrección, la ciudad vivía una especie de pausa en su Semana Santa. Hoy, ese vacío ha desaparecido. Las Santas Marías cumplen diez años habiendo transformado ese hueco en uno de los momentos más singulares y participativos de nuestra semana de pasión.

El origen de esta Hermandad no está en grandes instituciones o decisiones planificadas, sino en el empuje de un grupo de jóvenes. “Empezó con ese gusanillo de cómo cubrir el Sábado Santo, que se nos quedaba vacío”, recuerda Miguel Hidalgo, actual representante en la Junta de Cofradías y camarero de la Hermandad. Aquella inquietud fue tomando forma hasta convertirse en un proyecto sólido que hoy reúne a más de 800 hermanos.

Jesús Calvo, que asistió a aquella primera reunión convocada a través de las redes sociales y un medio local, rememora el ambiente de los inicios: “No conocía a nadie, pero me gustó mucho el proyecto y les dije que contaran conmigo”. Aquella reunión fue el punto de partida de una hermandad que, desde el primer momento, apostó por algo diferente: crear un paso inédito en Cuenca y dar sentido a una jornada hasta entonces sin procesión.

Pero los comienzos no estuvieron exentos de dificultades. La entrada en la Junta de Cofradías fue uno de los principales retos, así como la definición de una identidad: “Costó darle forma a la idea y ver cómo encajaba dentro de la Semana Santa”, explica Hidalgo. También hubo obstáculos materiales, desde la búsqueda de elementos sonoros como carracas y matracas hasta la adaptación de vestimentas o la configuración del propio paso.

Uno de los momentos más recordados por quienes vivieron aquellos primeros pasos fue la llegada de las imágenes. “Tenerlas, sacarlas, poder vestirlas por primera vez… ese fue el momento más bonito”, recuerda Calvo. Las figuras, obra del imaginero Francisco Javier López del Espino, supusieron una novedad estética y simbólica: un paso de duelo femenino en un contexto donde no era habitual.

Y CUENCA SE VOLCÓ

A pesar de las incertidumbres iniciales, la respuesta del público no tardó en llegar. Desde la primera salida, las calles de Cuenca se llenaron. Y aunque la pandemia y la lluvia marcaron algunos años, la tendencia ha sido clara: “Cada Sábado Santo crece la participación. La salida en San Esteban está a reventar, todo el recorrido lleno y la entrada en la Catedral es muy emotiva”, señala Calvo.

Ese crecimiento no solo se refleja en el público, sino también en la propia Hermandad. Hidalgo destaca especialmente la presencia de jóvenes y niños: “Tenemos una fila de niños que es un gusto, porque es el reflejo del futuro”. La implicación juvenil ha sido, de hecho, una de las claves del proyecto desde su origen. 

Pero más allá de cifras y consolidación, las Santas Marías han aportado algo esencial: un nuevo significado al Sábado Santo. “Nuestro objetivo no es solo la procesión, sino llegar a la Vigilia Pascual en la Catedral”, subraya Hidalgo. En este sentido, la Hermandad no se limita al desfile procesional, sino que conecta directamente con el momento central del calendario cristiano, es decir, la celebración de la Resurrección.

Esa dimensión espiritual es, precisamente, uno de los elementos que la diferencian. Frente al carácter de duelo de otros días, el paso de las Santas Marías introduce una transición hacia la alegría pascual. “Ya no es solo duelo, es también resurrección, felicidad”, resume Hidalgo.

En estos diez años, la hermandad también ha sido escenario de avances simbólicos dentro de la propia Semana Santa conquense. Entre ellos, la presencia de la primera mujer capataz de banceros, un hito que refleja una evolución progresiva en la participación femenina. La celebración del décimo aniversario ha servido para mirar atrás, pero también para reforzar el presente. El reciente rosario vespertino, con una masiva participación, ha evidenciado el arraigo alcanzado. 

Diez años después, aquello que comenzó como una idea casi improvisada es ya una realidad consolidada. Un paso que no solo llenó un vacío en el calendario, sino que ha sabido crear identidad, comunidad y emoción.