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Pinchazos de esperanza: el día a día de los vacunadores contra la Covid

Profesionales de la UCAPI-Sociosanitaria, que ha administrado 6.488 dosis en residencias y centros sociosanitarios de la provincia, narran su experiencia en la lucha contra el coronavirus

Pinchazos de esperanza: el día a día de los vacunadores contra la Covid
Profesionales de UCAPI-Sociosanitaria, preparando el material para la vacunación contra el coronavirus SARS-CoV2. // Fotos: Saúl García
14/2/2021 · Dolo Cambronero

Los enfermeros Antonio Gálvez y Cristina Martínez no son nuevos en las residencias de mayores y dispositivos sociosanitarios conquenses aunque su labor ha cambiado sustancialmente en unos meses. Si durante los momentos más complicados de la primera ola de la pandemia se desplazaban por la provincia de Cuenca para prestar atención sanitaria a los usuarios de estos centros, ahora han vuelto para llevar a estas personas ilusión y esperanza en forma de vacuna frente al coronavirus SARS-CoV2.

“Tenemos la esperanza de que, con la vacuna, al menos la vida dentro de las residencias cambie algo. De verlos encerrados en sus habitaciones a pensar que a partir de ahora podrán hacer una vida, entre comillas, normal, es muy gratificante para nosotros”, dice aliviada Cristina Martínez que, junto a Antonio Gálvez, forma parte del equipo de nueve profesionales -médicos y enfermeros- que conforman la UCAPI-Sociosanitaria, dispositivo integrado en la Unidad de Continuidad Asistencial de Primaria y Medicina Interna de la Gerencia del Área Integrada de Cuenca -que está en el hospital Virgen de la Luz de la capital- y que se ha encargado de la vacunación de trabajadores y usuarios de residencias y centros sociosanitarios de la provincia.

“El trabajo de la UCAPI-Sociosanitaria no se circunscribe solo a la vacunación; hacemos atención integral. Nos conocen porque ya íbamos antes. No somos gente extraña que ha llegado ahora a vacunar”, apunta el enfermero Gálvez, que forma parte de la Unidad de Continuidad Asistencial de Primaria y Medicina Interna desde que esta echó a andar en 2017, aunque no sería hasta marzo pasado cuando se pondría en marcha la división sociosanitaria en plena crisis por la situación derivada de la Covid-19.

“Empezamos a entrar en residencias incluso un poco antes de que llegara la Covid para atender a las personas mayores. Aunque con la primera ola se multiplicó el trabajo”, recuerda.

EQUIPOS ITINERANTES

Fue entonces cuando comenzaron a faenar dos equipos itinerantes y posteriormente un tercero que se han encargado tanto de la atención a usuarios en los primeros momentos, muy complicados, de la pandemia como de la realización de PCR y de la vacunación frente al neumococo, a la gripe y, ahora, a la Covid-19.

Desde que en diciembre comenzaran a llegar los primeros viales de la firma Pfizer contra este coronavirus, el día a día de estos profesionales está planificado al milímetro para cumplir con el calendario previsto. El número de vacunas que se ponen en cada jornada varía mucho dependiendo del tamaño de los centros que visitan y de la distancia de los municipios a los que se desplazan.

El enfermero detalla que el máximo en un día ha sido de 700 vacunas, coincidiendo con el temporal de nieve que cubrió la provincia de blanco en enero. “Esa semana se vacunó de ocho de la mañana a prácticamente diez de la noche. Fue duro físicamente”, sostiene.

En total, hasta el jueves 11 de febrero, se habían administrado 6.488 dosis de vacuna en residencias de mayores y centros sociosanitarios del Área de Salud de Cuenca, habiéndose desplazado a una treintena de poblaciones.

De lunes a viernes, su jornada va de ocho de la mañana a tres del mediodía aunque hay días en que se alarga un poco más “para no dejarse sin vacunar a nadie según lo que estaba previsto”, puntualiza Cristina. “Se sigue hasta la hora que sea”, asegura.

Cuando se incorporan a primera hora al trabajo, ya tienen todo planificado: dónde irán y a cuántas personas se vacunará, y el material habiéndose preparado el día anterior el material necesario. Lo único que resta cada mañana es recoger en Farmacia los viales, que han sido descongelados en la jornada precedente.

Las dosis sobrantes de cada día -aguantan seis horas después de reconstituirse con suero fisiológico- se administran a personal sanitario de primera línea

“Tenemos un ultracongelador que está a menos de ochenta grados. Una vez que se han descongelado, en la nevera aguantan cinco días. Nosotros nos las llevamos en una nevera portátil para que no se pierda la cadena de frío. Una vez que las reconstituimos con suero fisiológico, aguantan seis horas. Si no se utilizan en ese tiempo, habría que desecharlas”, aclara la enfermera Martínez, que lleva en esta unidad desde hace un año.

Aunque aquí no se desperdicia nada: cuando se termina la jornada, si ha sobrado alguna vacuna -los viales de Pfizer tienen seis dosis, por lo que suele quedar alguna sin poner-, se comunica a la Dirección de Enfermería, quien les da la orden de cómo administrarlas, explica Gálvez. Y, generalmente, se ha vacunado con estos ‘restos’ a personal sanitario de primera línea como son los profesionales de Urgencias del hospital y de Atención Primaria, de la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) o de Medicina Interna.

No obstante, de la vacunación del personal sanitario se ocupan habitualmente desde el área de Salud Laboral, aunque los profesionales de UCAPI ya se encargarán de todo el proceso con las personas a las que se administraron dosis sobrantes y les pondrán también después la segunda vacuna.

En un primer momento, los equipos de UCAPI también prestaron apoyo al área de Salud Laboral cuando se empezó a vacunar al personal sanitario porque eran los que más experiencia tenían en estas labores.

En cuanto a los equipos que se desplazan hasta las residencias y centros sociosanitarios, cada uno está compuesto por un médico, que se encarga de la validación y registro en la historia clínica digital y de resolver las dudas que puedan tener trabajadores y usuarios a los que se va a vacunar, y dos enfermeros, ocupándose uno de las diluciones de los viales -un proceso técnico que “no llega a ser algo muy complicado”, precisa Gálvez- y el otro, de inyectar las dosis.

Foto: Antonio Gálvez

“Lleva un ratillo preparar pero, yendo dos enfermeros, no se tarda nada”, detalla Martínez. Eso sí, el pinchazo es raudo. “No te enteras. Ha sido muy rápido”, nos dice a lo lejos uno de los usuarios del centro de Aspadec (la asociación de padres y amigos de personas con discapacidad intelectual de Cuenca) tras haber si vacunado.

“La acogida ha sido muy favorable tanto por los trabajadores como por los residentes. Al principio pensábamos que iba a haber más rechazo pero nos ha sorprendido para bien porque la aceptación ha sido prácticamente del cien por cien en todos los centros a los que hemos ido”, asegura la enfermera Martínez. “Con las PCR era peor...”, añade, algo que corrobora su compañero, que apunta que la gente mayor les hace “gracietas” aunque también se llevan de vez en cuando “algún insultillo”, recuerda bromeando.

El calendario está prácticamente finalizado ya. “En el 95% de centros se han puesto las dos dosis”, afirma Gálvez, que detalla que se está terminando la segunda vuelta en aquellas residencias que sufrieron algún brote de Covid-19 y hubo que retrasar la vacunación.

Aunque en algunos sitios, como el centro de Aspadec, o la residencia de mayores de Priego, se ha administrado estos días la primera vacuna igualmente porque tuvieron algún brote y hubo que reajustar el calendario.

No obstante, cuando finalicen con las vacunaciones, los profesionales de esta división de UCAPI continuarán atendiendo a los usuarios de residencias y dispositivos sociosanitarios. Atrás quedan ya “las situaciones desagradables” que se vivieron en estos centros en una primera ola que “pilló desprevenidos”. “Fue muy complicado”, recuerda Gálvez, que aprovecha para hacer un llamamiento a la prudencia y al cumplimiento de las medidas de prevención: “No podemos relajarnos”.

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