Pasión por la cetrería: la historia de Gabriel y Keila
Gabriel Giménez Delgado (Cuenca, 2013) tiene 13 años y su mejor amiga es Keila, un águila harris hembra con la que se ha iniciado en la cetrería, una afición poco habitual entre jóvenes de su edad. Su padre, Paco, despertó en él la curiosidad por esta actividad que hoy en día se ha convertido en una “pasión” que forma parte de su día a día.
A base de “tiempo, paciencia y dedicación”, Gabi ha conseguido, con ayuda de su padre, entrenar a Keila, la segunda águila que han criado en casa después de Polo, su primer macho harris. “Lo primero que tienes que conseguir es que el ave responda a tu llamada, que venga al guante. Si no, estás perdido”, dice Gabi entre risas. Por ello, desde que Keila llegara a casa hace cuatro meses, han trabajado rutinas para lograr que, por ejemplo, coma siempre de su guante, responda a sus señales y silbidos o incluso atraviese un aro. “Hay mucho trabajo y muchas horas detrás de todos los trucos”, cuenta el joven cetrero.
Eso sí, la relación de Gabi con Keila va más allá del entrenamiento. “Es una parte muy importante de mi vida, significa mucho para mí”, asegura. Y es que, para él, su águila no es solo un animal, sino una compañera a la que tiene un cariño muy especial, “una amiga inseparable”. Además, en casa, Keila es una más de la familia, tiene su posadero y en verano hasta una piscina para que pueda refrescarse. “La cuidamos mucho”, cuenta el joven.
“Me encantaría seguir aprendiendo sobre cetrería y en un futuro dedicarme a esto profesionalmente”
Y, aunque todavía están aprendiendo juntos, Gabi ya sueña con ampliar su colección de aves y trabajar con otras especies como búhos o halcones. Sabe que eso requerirá aún más tiempo, formación y responsabilidad, pero su entusiasmo y sus ganas son más que evidentes. “Me encantaría seguir aprendiendo sobre cetrería y en un futuro dedicarme a esto profesionalmente”, dice.
Es por ello que, acompañado de sus padres, ha empezado a informarse sobre ferias y exhibiciones en las que poder participar para empezar a darse a conocer en este mundillo y, de paso, conocer a otros cetreros con los que compartir experiencias. Todo ello sin dejar a un lado sus estudios en el Colegio Santa María de la Expectación (Las Benitas), donde actualmente cursa 1º de la ESO.
Eso sí, en Cuenca ya ha conocido a otros aficionados, pero ninguno de su edad. Por ello, anima a otros chavales a adentrarse en la cetrería. “Es algo muy bonito”, subraya.
En Tiradores, su barrio, Keila es más que conocida por todos y se ha convertido en una pequeña celebridad. Gracias a que está muy bien adiestrada, Gabi puede dejar que la gente se acerque sin riesgos, mostrando a todos cómo un ave de cetrería puede convivir de manera cercana y segura con las personas. Y para él, ver cómo la agente la acaricia y se maravilla con ella es sinónimo de orgullo porque demuestra el buen trabajo que, junto su padre, ha hecho para adiestrarla.