Más de 17.000 árboles dibujan el bosque urbano de Cuenca
Pinos, cedros, cipreses, plátanos, secuoyas… Basta con pasear por cualquier parque o calle de nuestra ciudad para descubrir que Cuenca está rodeada de árboles. Son miles, muchísimos más de los que a priori podemos imaginar y en los que, en ocasiones, ni siquiera reparamos. Ni en su belleza ni en la importancia que tienen para nuestra salud. El arbolado urbano ronda los 17.000 ejemplares, de los cuales unos 10.000 se encuentran en los viales y el resto en parques y jardines. Un patrimonio verde y necesario para nuestras vidas que se mantiene cada día del año gracias al trabajo de los técnicos y jardineros.
Nos acercamos al mapa verde de Cuenca de la mano de Miguel Ángel Fernández Yuste, ingeniero de Montes y responsable de la empresa encargada del mantenimiento de buena parte de las zonas verdes de la ciudad, y de Francisco Miguel Domínguez Buendía, coordinador técnico de Parques y Jardines del Ayuntamiento de Cuenca. Ambos llevan años trabajando entre parques, jardines y avenidas cuidando nuestro patrimonio natural árbol a árbol.
“Los árboles de las ciudades no están solo para decorar. Dan sombra, ayudan a reducir la temperatura, mejoran la calidad del aire y hacen que los espacios urbanos sean más agradables para las personas. Cada vez se habla más de la infraestructura verde como algo esencial para la calidad de vida en las ciudades”, nos cuenta Fernández Yuste.
Domínguez, con más de cuarenta años de experiencia en el Ayuntamiento, ha visto cómo han cambiado los parques conquenses con el paso del tiempo. “Muchos de los árboles más antiguos se nos han ido secando con el paso de los años y se han tenido que retirar. Los árboles, como cualquier ser vivo, tienen su ciclo de vida. Lo importante es que se vayan renovando”, nos explica.
Ese equilibrio permite que Cuenca mantenga un patrimonio vegetal amplio. Algunas especies se repiten porque se adaptan bien al clima y al entorno, mientras que otras aportan variedad y valor paisajístico.

PATRIMONIO CENTENARIO
Uno de los lugares donde mejor se aprecia es el Parque de San Julián, uno de los espacios verdes más emblemáticos de la ciudad. Allí se encuentran algunos de los árboles más antiguos de Cuenca: los plátanos de sombra que rodean su plaza central. “Tienen alrededor de 130 o 140 años y son probablemente los árboles más antiguos que tenemos en la ciudad”, subraya Domínguez.
Además de estos ejemplares, la ciudad guarda curiosidades botánicas repartidas por sus parques. Una de las más llamativas es la secuoya gigante de Parque de Los Moralejos, un árbol originario de Norteamérica. “Las secuoyas gigantes son los árboles que más llaman la atención a la gente”, nos cuenta Domínguez. En otros parques también pueden encontrarse especies como el ginkgo biloba, el liquidámbar o el tulípero de Virginia, este último en el Parque del Huécar, “árboles que aportan diversidad al paisaje urbano”.
Elegir una u otra especie forma parte de la planificación del arbolado urbano. “Hay árboles que funcionan especialmente bien porque soportan el clima, resisten enfermedades y toleran las podas. Buscamos que den sombra y no generen problemas”, nos explica Fernández Yuste. En los parques, añade, “hay más margen para introducir especies diferentes y aumentar la biodiversidad”.
Para conocer dónde está cada ejemplar existe un inventario detallado del arbolado urbano que pueden consultar todos los conquenses. “Es un inventario muy pormenorizado de todos los árboles y arbustos de la ciudad. Es técnico, pero es público y permite saber qué especies hay y dónde están”. Gracias a ese registro se estima que en Cuenca hay entre 160 y 200 especies diferentes de árboles. Una diversidad arbórea que ayuda a mejorar la biodiversidad y a reducir el impacto de plagas o enfermedades.
El arbolado urbano también tiene su propio ciclo de vida. Algunos ejemplares envejecen o se secan con el tiempo y deben sustituirse, por lo que el Ayuntamiento de Cuenca realiza reposiciones periódicamente
RENOVAR EL ARBOLADO
En general, nos cuentan los expertos, el estado del arbolado conquense es bueno. Aun así, los árboles envejecen y a veces deben retirarse por seguridad: “Los árboles de cualquier ciudad tienen su longevidad y llega un momento en que se secan o pueden resultar peligrosos”.
Para mantener la cobertura verde se realizan reposiciones periódicas. Cuando un ejemplar se pierde, se planifica su sustitución para evitar alcorques vacíos y mantener la continuidad del arbolado. “Se hace de forma progresiva, teniendo en cuenta qué especie es más adecuada para cada zona y las condiciones del entorno”, nos explica Fernández Yuste, quien subraya que no se trata solo de plantar, sino de asegurar que el nuevo árbol pueda desarrollarse correctamente. El papel de los árboles es cada vez más importante, sobre todo ante el cambio climático. “Está demostrado que las zonas verdes mejoran la salud, reducen la temperatura y mejoran el bienestar”, subraya.
Además de parques y jardines, Cuenca cuenta con otro elemento clave en su paisaje verde: los ríos. Las riberas del Júcar y del Huécar atraviesan la ciudad y forman parte de ese entorno natural que también conecta a los ciudadanos con la naturaleza. “En Cuenca tienes la ventaja de que, en pocos minutos, pasas de la ciudad a un entorno natural, y eso también hay que cuidarlo”, nos explica Fernández Yuste. Los técnicos coinciden en que uno de los retos es seguir avanzando en la gestión de las zonas verdes. “Siempre se puede mejorar, sobre todo en planificación y en conectar mejor los espacios verdes entre sí”.
Mantener este patrimonio verde requiere un trabajo constante tanto de los técnicos como de los jardineros. “Cada día limpiamos los parques, vaciamos papeleras y controlamos riegos y podas según la época”, nos explica Miguel Domínguez. Ese trabajo permite que parques y jardines sigan siendo espacios de encuentro, pero también requiere de concienciación verde e implicación ciudadana. “El arbolado es un patrimonio de todos y necesita respeto y cuidado”, concluye Fernández Yuste
