Luis Marco Pérez, el escultor que dio forma a la Semana Santa de Cuenca
En 2026 se cumplen 130 años del nacimiento de Luis Marco Pérez (1896-1983), uno de los nombres fundamentales de la escultura española del siglo XX y, sin embargo, una figura todavía no plenamente reconocida en su propia tierra. Nacido en Fuentelespino de Moya, su impresionante trayectoria combina el talento precoz, una sólida formación académica y una producción artística decisiva para entender la actual Semana Santa de Cuenca.
Desde niño, en la carpintería familiar, comenzó a trabajar la madera y a desarrollar una vocación artística que pronto se consolidaría. Su formación en Valencia y Madrid, junto a maestros como José Ortell, y sus estudios en anatomía, dotaron a su obra de un profundo conocimiento técnico. Y, como no es de extrañar, pronto llegaron los reconocimientos. Eso sí, el gran espaldarazo llegó en 1930 con la Medalla de Oro del Círculo de Bellas Artes por ‘El pastor de las Huesas del Vasallo’, un galardón reservado a figuras de primer nivel como Mariano Benlliure. A ello se suman distinciones como académico de honor y la Medalla al Mérito en las Bellas Artes a título póstumo.
Además, fue nombrado Hijo Predilecto de Cuenca con apenas 30 años y desarrolló una extensa carrera docente que lo llevó a enseñar en ciudades como Valencia, Valladolid y Madrid, donde llegó a ser catedrático.
Sin embargo, su nombre parece estar ligado únicamente a la Semana Santa de Cuenca, aunque, como advierte el investigador José Andrés Sevilla, su obra va mucho más allá: “A Marco Pérez aquí se le conoce prácticamente por la Semana Santa y poco más, cuando su trayectoria como profesor y como escultor es impresionante”.
ANTES Y DESPUÉS DE LA GUERRA CIVIL
Contrariamente a lo que suele pensarse, Marco Pérez ya trabajaba para la Semana Santa de Cuenca antes de la Guerra Civil. De hecho, fue nombrado escultor municipal en 1928 y recibió el encargo de realizar al menos un paso anual. Fruto de ese contrato nacieron obras como La Santa Cena (1929) y El Descendido (1931), ambas destruidas durante el conflicto. “Siempre se le relaciona con la reconstrucción, pero previamente ya había participado activamente”, explica Sevilla.
Eso no quita que la pérdida de estas obras marcara un punto de inflexión en su carrera y en la historia de la imaginería conquense ya que, tras la guerra, con la Semana Santa prácticamente desaparecida, Marco Pérez asumió un papel protagonista en su reconstrucción. Entre 1940 y 1955 llevó a cabo una producción extraordinaria ya que “actualmente tiene 19 pasos en la Semana Santa de Cuenca y la mayoría los hizo en apenas 15 años”, recuerda el investigador.
Un esfuerzo titánico que desarrolló en condiciones difíciles ya que “hay cartas en las que reclama que le paguen la madera para poder trabajar”, añade Sevilla. Y gran parte de estas obras salieron de su taller en la calle Serrano de Madrid, donde se instaló definitivamente en 1940. Desde allí no solo trabajó para Cuenca, sino para numerosas ciudades españolas. “Recibía encargos de toda España y era imposible que una sola persona hiciera todo. Como todos los grandes escultores, tenía un taller con ayudantes”, explica Sevilla.
Y gracias a este sistema de trabajo pudo repetir o adaptar modelos para diferentes ciudades, algo habitual en la época: “Tenía figuras en yeso y a partir de ahí sacaban otros pasos, a veces muy parecidos o incluso iguales”. Incluso se dieron situaciones curiosas, como la de pasos concebidos inicialmente para Cuenca que acabaron en otras ciudades como Ciudad Real al no pagar las hermandades.
COMPOSICIÓN Y ESTILO
A nivel artístico, sus composiciones destacan por su espectacularidad y equilibrio. Obras como La Exaltación, El Descendimiento o El Huerto muestran su dominio del espacio y la narrativa. “En muy poco sitio consigue meter muchas figuras perfectamente colocadas y pensadas para ser vistas en procesión”, subraya Sevilla, quien considera que ahí reside gran parte de su genialidad.
Su estilo combina la influencia de la escuela castellana, el estudio de los tipos populares conquenses y un barroquismo contenido. Además, mantenía una idea muy clara de la escultura: “A él no le gustaban ni los pasos de vestir ni la policromía; prefería la madera vista, pero tenía que adaptarse a lo que le pedían”, señala.
Además, como curiosidad la mayoría de sus cristos miran hacia la derecha, salvo excepciones como el de La Exaltación.
130 AÑOS DESPUÉS
Pese a su relevancia, su figura no siempre ha sido valorada. “A Marco Pérez se le conoce solo por la Semana Santa, pero fue catedrático, profesor en varias ciudades y un escultor con importantes premios nacionales”, recuerda Sevilla.
Por ello, José Andrés Sevilla reclama un espacio permanente que muestre su obra en Cuenca ya que una gran parte permanece almacenada en el Museo de Cuenca. “El mejor homenaje sería una exposición permanente o un museo dedicado a él”, defiende el investigador.
Mientras tanto, su legado sigue vivo cada primavera en las calles de Cuenca y todo el año en una pequeña muestra ubicada en el Museo de la Semana Santa. Sus imágenes, talladas hace más de medio siglo, continúan emocionando a generaciones, recordando que Luis Marco Pérez no solo fue un imaginero, sino uno de los grandes escultores españoles de su tiempo.