Llegar a tiempo: el trabajo de Aldeas Infantiles en Cuenca
Llegar a tiempo es, en muchas ocasiones, la diferencia que existe entre sostener a una familia o verla desbordarse. En Cuenca, el Centro de Día de Aldeas Infantiles SOS trabaja precisamente en esa delgada línea: la de la prevención, el acompañamiento y la intervención antes de que las dificultades se conviertan en una situación crónica e irreversible.
Durante el año 2024, este recurso atendió a 43 niños, niñas y adolescentes y a 23 familias en situación de vulnerabilidad, “derivadas por servicios sociales, centros educativos y atención primaria”. Refuerzo escolar, apoyo emocional, orientación familiar y acompañamiento forman parte del día a día. “El papel fundamental del Centro de Día es acompañar a familias que están atravesando una situación difícil”, nos cuenta Luis Huerta, responsable de los Centros de Día de Aldeas Infantiles SOS en Castilla-La Mancha. “Nuestra labor no es llegar cuando el problema ya está cronificado, sino aparecer antes. Entrar a tiempo y acompañar a tiempo puede suponer un cambio en la vida de un niño”.
Huerta: “A veces, la falta de una red de apoyo se une a la soledad no deseada y eso dificulta todo”
La intervención comienza siempre con un diagnóstico individualizado. “Hacemos un diagnóstico familia por familia, porque cada una parte de un punto distinto”, detalla Huerta. Los perfiles son heterogéneos: dificultades económicas, migraciones recientes, barreras idiomáticas o entornos poco protectores. Uno de los elementos que más complica estas situaciones es la ausencia de una siempre necesaria red de apoyo. “Tenemos muchas familias que afrontan la crianza sin abuelos, sin hermanos, sin nadie que pueda echarles una mano. Esa falta de red se une a lo que yo considero una pandemia silenciosa, y que es la soledad no deseada”, señala. En tales casos, cualquier dificultad cotidiana se multiplica.
El Centro de Día de Aldeas Infantiles SOS se basa en la participación activa de las familias. “No trabajamos desde el juicio a esas familias, sino desde el acompañamiento”, subraya Huerta. “No se trata de que el profesional se coloque como el experto que dice lo que hay que hacer. No. Las familias conocen muy bien sus limitaciones, pero también sus potencialidades. Nuestro trabajo es conocerlas, crear vínculos y, a partir de ahí, construir objetivos juntos”.
Esos objetivos son realistas y se adaptan al momento vital de cada hogar. “No damos todo a todos, sino a cada familia lo que necesita, con la intensidad y la frecuencia que requiere su situación”, explica. El paso por el programa suele prolongarse alrededor de dos años: “Es más importante una intervención sostenida en el tiempo que una actuación puntual muy intensa”.
El objetivo final es que las familias salgan fortalecidas y con mayor autonomía. “Queremos que cuando se vayan no nos necesiten”, resume Huerta. Aun así, el vínculo no se rompe jamás; el equipo mantiene un seguimiento y las familias pueden volver a recurrir al centro si lo necesitan.
El trabajo cotidiano del Centro de Día se organiza entre las mañanas y las tardes. Por la mañana, la intervención se centra en madres y padres: acompañamientos, apoyo en trámites administrativos, gestiones sanitarias o coordinación con otros recursos. Por la tarde, el centro se llena de familias y menores: apoyo escolar, meriendas y talleres educativos.
Ese espacio permite trabajar hábitos y rutinas que después se trasladan al hogar. “Hay familias que no tienen establecidas unas rutinas escolares o unos hábitos de organización o cuidado. Aquí las entrenamos con ellas desde la construcción conjunta”, explica Huerta. La metodología pone el foco en el núcleo familiar. “No trabajamos solo con el niño; trabajamos con todo lo que rodea a ese niño”.

La salud mental es otro de los ejes transversales a tener en cuenta. “Los niños y adolescentes se enfrentan cada vez a contextos más complejos que les generan estrés y ansiedad”, advierte. La respuesta no pasa por grandes intervenciones aisladas, sino “por estabilidad y presencia”.
La labor del Centro de Día de Cuenca forma parte de un trabajo más amplio en Castilla-La Mancha. En 2024, Aldeas Infantiles SOS acompañó en la región a 291 niños, niñas y adolescentes y a 258 familias a través de sus programas de prevención. Una intervención especialmente necesaria en una comunidad donde el 40,7 % de los menores vive en riesgo de pobreza o exclusión social.
“El acogimiento en Aldeas Infantiles fue profesional y humano. Son nuestra familia”
Para Fernando Herrera y Katerin León, llegar a Cuenca desde Colombia supuso empezar de cero con su hijo Jacobo. “Pensábamos que iba a ser más fácil, pero cuando llegamos fue un golpe. Uno llega con muchas expectativas y se da cuenta de que no es así”, recuerda Katerin entre lágrimas.
Sin red de apoyo y con un niño pequeño, conocieron el Centro de Día por recomendación de un conocido. Desde entonces, dicen, se ha convirtido en un pilar. “Aquí no solo nos ayudan con los deberes de nuestro hijo, sino con trámites, con orientación digital, con el colegio, con cosas que para nosotros son nuevas porque la cultura es diferente”, relata Katerin. “Ese apoyo emocional ha sido clave”.
El vínculo ha ido creciendo con el paso del tiempo. “Yo los siento como parte de mi familia aquí en España. El acogimiento que hemos tenido ha sido profesional y muy humano”, nos dice un emocionado Fernando.
“AQUÍ NOS DIJERON QUE PODÍAMOS”
El camino no ha sido fácil. “Esto ha sido una montaña rusa. Hay momentos en que uno quiere tirar la toalla y volver a su país”, reconoce Fernando. En esos momentos, el acompañamiento ha marcado la diferencia. “Aquí siempre nos decían: ‘ustedes pueden, miren todo lo que ya han pasado’. Eso te da fuerza para seguir”.
Hoy, su hijo se siente integrado. “Él viene contento, se siente querido, y eso como padres nos da tranquilidad”, explica Katerin. Y esa tranquilidad, dicen, también es parte del proceso de salir adelante.