Dulces que alimentan el alma
01/01/2017 - Mónica Jiménez
El Museo de la Semana Santa de Cuenca acoge, hasta el día 6 de enero, la segunda edición del Mercado Navideño de Dulces de Convento, en el que, coincidiendo con la ruta de los belenes, se ponen a la venta las exquisiteces elaboradas en el convento de San José de las Carmelitas Descalzas de Nohales, el Monasterio de Jesús Nazareno de las Hermanas Clarisas Nazarenas de Sisante y el Convento de Monjas Trinitarias de San Clemente.
Entre las delicias que podrán degustarse, las carmelitas presentan un dulce de membrillo y manzana, mermelada de mandarina e integral de trigo, un dulce de leche, un bizcocho de coco con fresa y chocolate y rocas de chocolate y frutos secos como almendras o nueces.
La responsable de su preparación es la hermana Lucía Olguín, quien admite que, para sacarla adelante, no cuentan con la maquinaria industrial con la que trabajan en aquellos conventos que se dedican a la pastelería de forma “profesional”. “Lo nuestro es muy humilde”, explica, no obstante atienden pedidos por encargo y que toda la repostería que elaboran es cocinada “en cocina de leña siempre”, de modo que, para preparar un delicioso dulce de leche deben estar cuatro horas pendientes del fuego.
Solo emplean productos naturales, “nada lleva ni conservantes ni espesantes”, puntualiza la hermana, para resolver que en sus fogones “todo es natural”. Las almendras utilizadas para hacer las rocas de chocolate son “de casa, prácticamente ecológicas”, mientras que las mermeladas solo llevan “mucho tiempo y paciencia” por parte de las seis hermanas que integran la congregación.
“A la gente les gusta mucho”, admite la religiosa, quien recuerda cómo, después del primer mercado de dulces, “muchos se acercaban al convento a comprar mermelada”, entre los que se encontraba “una señora, que se llevó veinte botes”. No obstante, la propuesta que más éxito tuvo fue el dulce de membrillo, aunque este invierno se helaron muchos y quedaron “muy pocos”, por lo que este año han tenido que mezclarlos con manzana “para estirarlo un poquito”.
Gracias a la venta de estos dulces y de otros artículos como escapularios, podrán sufragar los gastos de luz, agua o gas del convento para que este pueda salir adelante. Y todo ello, gracias a un intenso trabajo en la cocina que se desarrolla en una época de “gran preparación a la Navidad”, en la que no reciben visitas y están “más recogidas, esperando la venida de Nuestro Señor Jesús”, relata.
“Por eso”, subraya, “son días de oración” que dan como resultado unos dulces hechos “con mucho cariño y con muchas oraciones”.
Hermanas clarisas de Sisante
Las mismas oraciones y cariño, asegura la abadesa sor Yamileth, dedican las hermanas clarisas de Sisante a la preparación de sus dulces de almendra, de aceite de oliva, aguardentados, nevadas o marquesas. Una gran variedad de repostería cuya base son las antiguas recetas de las hermanas del convento que se conservan “tal cual las hacían antiguamente” y son ejecutadas con “mucho trabajo y cariño” y manteniendo todos los ingredientes, “sin reemplazar nada”.
Toda la comunidad se involucra para sacar adelante estos auténticos “bocados de cielo”, ya que, apostilla la abadesa, “mientras una hermana prepara la masa, otra va estirando las láminas” y las mayores “van cortando según los diferentes moldes”.
El año pasado, asegura, su presencia en el mercado “fue fenomenal”, hasta el punto de que, con la venta de dulces y de diferentes artículos alusivos a la Navidad, como ángeles o belenes, almacenados en su “alacena”, recaudaron 1.000 euros.
La madre Yamileth admite que “nunca” llegaron a “pensar en vender todo eso”. “Eso nos ayudó bastante”, agrega, para afirmar que este año esperan vender “también más o menos y tener esa entrada de dinero” que destinarán al mantenimiento y conservación de un monasterio que es “muy antiguo y siempre tiene goteras”.
Dulces para saldar una deuda
“El problema”, continúa, “está en que traemos una deuda del 2011”, en que se conmemoró el “centenario y se arregló la iglesia”, deuda que van saldando “a como la Providencia provea”, resuelve.
Tras aseverar que, cuando llegó el dinero el año pasado fue “una gran ayuda, porque teníamos para varios meses”, sor Yamileth anuncia que la cantidad que logren reunir en esta ocasión servirá para solucionar el “tremendo problema de humedad” que afecta al cementerio del convento.
Un convento en el que actualmente conviven seis religiosas que viven este tiempo con un “sabor muy especial”, según la abadesa, quien recuerda que, cada vez que se celebra una Eucaristía, “el momento de la consagración es una Navidad”. Por esa razón, la congregación siempre viste el monasterio “de luces, de arbolitos, de belenes, que se ponen en todas las estancias.
Cuando se acerca la Navidad, por más trabajo que tengan, siempre lo esperan “expectantes”, porque “tiene una magia especial, un aire de belleza triste”. Se trata, espeta, “de un tiempo de esperanza, de amor” y de “obligada alegría”.
Entre las delicias que podrán degustarse, las carmelitas presentan un dulce de membrillo y manzana, mermelada de mandarina e integral de trigo, un dulce de leche, un bizcocho de coco con fresa y chocolate y rocas de chocolate y frutos secos como almendras o nueces.
La responsable de su preparación es la hermana Lucía Olguín, quien admite que, para sacarla adelante, no cuentan con la maquinaria industrial con la que trabajan en aquellos conventos que se dedican a la pastelería de forma “profesional”. “Lo nuestro es muy humilde”, explica, no obstante atienden pedidos por encargo y que toda la repostería que elaboran es cocinada “en cocina de leña siempre”, de modo que, para preparar un delicioso dulce de leche deben estar cuatro horas pendientes del fuego.
Solo emplean productos naturales, “nada lleva ni conservantes ni espesantes”, puntualiza la hermana, para resolver que en sus fogones “todo es natural”. Las almendras utilizadas para hacer las rocas de chocolate son “de casa, prácticamente ecológicas”, mientras que las mermeladas solo llevan “mucho tiempo y paciencia” por parte de las seis hermanas que integran la congregación.
“A la gente les gusta mucho”, admite la religiosa, quien recuerda cómo, después del primer mercado de dulces, “muchos se acercaban al convento a comprar mermelada”, entre los que se encontraba “una señora, que se llevó veinte botes”. No obstante, la propuesta que más éxito tuvo fue el dulce de membrillo, aunque este invierno se helaron muchos y quedaron “muy pocos”, por lo que este año han tenido que mezclarlos con manzana “para estirarlo un poquito”.
Gracias a la venta de estos dulces y de otros artículos como escapularios, podrán sufragar los gastos de luz, agua o gas del convento para que este pueda salir adelante. Y todo ello, gracias a un intenso trabajo en la cocina que se desarrolla en una época de “gran preparación a la Navidad”, en la que no reciben visitas y están “más recogidas, esperando la venida de Nuestro Señor Jesús”, relata.
“Por eso”, subraya, “son días de oración” que dan como resultado unos dulces hechos “con mucho cariño y con muchas oraciones”.
Hermanas clarisas de Sisante
Las mismas oraciones y cariño, asegura la abadesa sor Yamileth, dedican las hermanas clarisas de Sisante a la preparación de sus dulces de almendra, de aceite de oliva, aguardentados, nevadas o marquesas. Una gran variedad de repostería cuya base son las antiguas recetas de las hermanas del convento que se conservan “tal cual las hacían antiguamente” y son ejecutadas con “mucho trabajo y cariño” y manteniendo todos los ingredientes, “sin reemplazar nada”.
Toda la comunidad se involucra para sacar adelante estos auténticos “bocados de cielo”, ya que, apostilla la abadesa, “mientras una hermana prepara la masa, otra va estirando las láminas” y las mayores “van cortando según los diferentes moldes”.
El año pasado, asegura, su presencia en el mercado “fue fenomenal”, hasta el punto de que, con la venta de dulces y de diferentes artículos alusivos a la Navidad, como ángeles o belenes, almacenados en su “alacena”, recaudaron 1.000 euros.
La madre Yamileth admite que “nunca” llegaron a “pensar en vender todo eso”. “Eso nos ayudó bastante”, agrega, para afirmar que este año esperan vender “también más o menos y tener esa entrada de dinero” que destinarán al mantenimiento y conservación de un monasterio que es “muy antiguo y siempre tiene goteras”.
Dulces para saldar una deuda
“El problema”, continúa, “está en que traemos una deuda del 2011”, en que se conmemoró el “centenario y se arregló la iglesia”, deuda que van saldando “a como la Providencia provea”, resuelve.
Tras aseverar que, cuando llegó el dinero el año pasado fue “una gran ayuda, porque teníamos para varios meses”, sor Yamileth anuncia que la cantidad que logren reunir en esta ocasión servirá para solucionar el “tremendo problema de humedad” que afecta al cementerio del convento.
Un convento en el que actualmente conviven seis religiosas que viven este tiempo con un “sabor muy especial”, según la abadesa, quien recuerda que, cada vez que se celebra una Eucaristía, “el momento de la consagración es una Navidad”. Por esa razón, la congregación siempre viste el monasterio “de luces, de arbolitos, de belenes, que se ponen en todas las estancias.
Cuando se acerca la Navidad, por más trabajo que tengan, siempre lo esperan “expectantes”, porque “tiene una magia especial, un aire de belleza triste”. Se trata, espeta, “de un tiempo de esperanza, de amor” y de “obligada alegría”.
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