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De Cuenca a Kinkala: una red solidaria frente a la malaria

En el Día Mundial de la Malaria, Cáritas Cuenca refuerza su campaña de prevención y sensibilización en la República del Congo
De Cuenca a Kinkala: una red solidaria frente a la malaria
25/04/2026 - Eduardo M. Crespo

La malaria, una enfermedad que en España suena lejana, sigue siendo una amenaza constante en amplias regiones del planeta. Cada 25 de abril, con motivo del Día Mundial del Paludismo, Cáritas Cuenca busca acercar esta realidad a la ciudadanía y recordar que, en pleno siglo XXI, millones de personas continúan expuestas a una enfermedad prevenible.

Desde Cuenca, el compromiso tiene nombre propio y destino concreto: Kinkala, en la República del Congo. Allí, en una de las zonas con mayor incidencia de la enfermedad, Cáritas trabaja desde hace más de dos décadas en proyectos centrados en el derecho a la salud. “Llevamos más de 20 años trabajando junto a Cáritas de Kinkala”, nos explica Sonia Matas Rubio, técnica de animación comunitaria de Cáritas Cuenca, subrayando la dimensión de una labor que va mucho más allá de acciones puntuales.

La realidad en el país africano es contundente: el 97% de la población vive en áreas de alta transmisión de malaria. En este contexto, la enfermedad no es una excepción, sino parte del día a día. Afecta especialmente a las comunidades rurales y a grupos vulnerables como los pueblos indígenas, entre ellos la etnia pigmea, que viven alejados de los núcleos urbanos y con un acceso muy limitado a servicios sanitarios.

 

PREVENCIÓN Y ACCIÓN DIRECTA

El enfoque de Cáritas combina prevención, educación y acción directa. Uno de los pilares fundamentales del proyecto es el reparto de mosquiteras, un recurso sencillo pero altamente eficaz. “Para muchas familias, una mosquitera puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte”, señala Matas. Junto a ello, se distribuyen kits básicos de higiene y se desarrollan actividades de sensibilización para fomentar hábitos de salud que ayuden a prevenir la enfermedad.

Este trabajo se articula a través de un proyecto de ayuda humanitaria impulsado conjuntamente con Cáritas Kinkala y financiado por la Diputación Provincial de Cuenca. 

Uno de los aspectos clave del proyecto para el Congo es precisamente su enfoque comunitario. No se trata únicamente de entregar recursos materiales, sino de generar conocimiento y autonomía en las comunidades locales. La formación en prevención permite que las propias poblaciones identifiquen riesgos, adopten medidas de protección y reduzcan la incidencia de la enfermedad en su entorno.

A pesar de los esfuerzos institucionales en el país africano, la cobertura no siempre alcanza a las zonas más remotas. “El gobierno ha realizado campañas de prevención, pero hay lugares donde esa ayuda no llega”, explica Matas. Es en estos espacios donde la intervención de organizaciones como Cáritas resulta decisiva, ampliando el alcance de la protección sanitaria.

La campaña que se desarrolla en Cuenca tiene, sin embargo, un objetivo que trasciende la acción directa en terreno: la sensibilización. La malaria sigue siendo, para muchos, una enfermedad invisible. No ocupa titulares ni forma parte de la preocupación cotidiana en Europa, pero continúa causando estragos en otras partes del mundo.

Por ello, desde Cáritas se insiste en la importancia de informar y concienciar. “Queremos recordar que existen enfermedades que siguen activas, aunque aquí no las veamos”, apunta Matas. En este sentido, la ciudadanía juega un papel fundamental, ya sea a través de la difusión de la campaña, la colaboración económica o la participación en iniciativas de voluntariado.

El mensaje que Cáritas lanza es claro: ninguna persona debería morir por una enfermedad prevenible. Una afirmación “que conecta con una idea fundamental, recordada también por el papa Francisco: la salud no es un lujo, sino un derecho humano básico, especialmente para las personas más vulnerables”.

Así, en el Día Mundial de la Malaria, la distancia entre Cuenca y Kinkala se acorta simbólicamente a través de un compromiso compartido. Una red de solidaridad que demuestra que, incluso desde lo local, es posible contribuir a combatir problemas globales. Porque, como resume Matas, cada gesto cuenta.