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Cerámica, imanes, alajú... una Cuenca en la maleta

Visitantes españoles, norteamericanos, franceses y japoneses, entre otras nacionalidades, buscan recuerdos y piezas de autor en las tiendas del Casco Antiguo
Foto: Eduardo M. Crespo
02/11/2026 - Eduardo M. Crespo

Viajar nos cambia la mirada y eso es algo muy difícil de discutir. Viajar nos acerca a otros lugares, personas, costumbres y sabores que hasta ese momento desconocíamos y de los que muchas veces nos enamoramos. Viajar, incluso, nos descubre pequeñas pasiones, como la de llevarnos en la maleta algo de todo eso que descubrimos por primera vez. En las tiendas de Cuenca, esos recuerdos viajeros toman forma de cerámica, ilustración, Don Quijote o alajú.

Durante el puente del Pilar nos hemos acercado a los comercios del Casco Antiguo para descubrir qué compran quienes recorren nuestra ciudad. Y sí, hay recuerdos que caben en el bolsillo, pero también piezas que necesitan un embalaje especial para cruzar el océano. Detrás de todo ello están también los creativos de Cuenca y las familias que mantienen abiertos estos negocios.

 

Colores: una ciudad dibujada para llevar

En Colores, Natalia Pérez lleva quince años compartiendo proyecto con Óscar Moreno, diseñador gráfico e ilustrador cuyos dibujos dan vida a cuadros, lienzos y distintos objetos. “Lo que les sorprende de nuestra tienda es precisamente eso, el colorido que tenemos”, cuenta.

La facilidad para transportar las compras influye en la elección. Los imanes tienen salida, pero también los bolígrafos, marcapáginas, paraguas, calcetines y bolsas de tela. Cuenca viaja así en objetos cotidianos que prolongan el recuerdo de la visita.

Los cuadros también encuentran compradores. “Vendemos bastante cuadro, sobre todo en formato pequeñito, que lo puedes encajar en todas partes”. Para quienes se enamoran de un lienzo, ofrecen la posibilidad de llevárselo enrollado y montarlo en destino. 

Natalia observa una mayor presencia de estadounidenses y sudamericanos, de quienes destaca el interés por la ciudad y por su trabajo. Algunos se llevan lienzos, además de complementos y otros productos. La variedad permite elegir tanto un pequeño detalle como una obra para colocar en casa.

Pero los diseños también salen de Cuenca con los propios conquenses. De hecho, los estudiantes que se marchan de Erasmus son buenos compradores: escogen regalos para las familias que los acogerán fuera de España y les presentan, a través de ellos, su ciudad de origen.

El dibujo digital de Óscar es el punto de partida de los productos. Después se aplica a papel, lienzo o textil, procurando trabajar en proximidad. “Todo lo que podemos imprimir en Cuenca lo imprimimos aquí”, señala Natalia.

Rubén Navarro: el valor de una pieza única

La tienda de Rubén Adrián Navarro lleva abierta 51 años. La fundó su padre, Adrián Navarro, quien le enseñó un oficio al que empezó a acercarse siendo niño. Hoy, prácticamente todas las piezas expuestas son suyas y salen de su taller.

Parte de la clientela llega con información previa, tras buscar su trabajo en las redes. Otros descubren el establecimiento durante el paseo. En los puentes, explica, los primeros días suelen dedicarse a mirar y recorrer tiendas; después llegan las compras.

Rubén distingue gustos entre sus clientes. Los franceses tienden a elegir cerámica esmaltada, mientras que los estadounidenses muestran interés por las piezas ilustradas. “Les llama muchísimo la atención los dibujos sobre la cerámica y las técnicas que empleamos”, comenta sobre estos últimos.

La diversidad de su producción provoca una confusión que se repite: “Piensan que es una exposición colectiva de varios artistas”. Sin embargo, detrás de las piezas utilitarias y de las ornamentales está el mismo ceramista, que combina distintas técnicas y líneas de trabajo.

La fragilidad o las dimensiones tampoco impiden siempre la compra. Con el embalaje adecuado, clientes canadienses y estadounidenses se han llevado personalmente piezas grandes.

Para Rubén, vender cualquiera de sus creaciones supone una satisfacción por el tiempo y el trabajo dedicados. Por eso, cuando se le pregunta qué comprador prefiere, la nacionalidad queda en segundo plano: “Cualquiera que tenga interés y valore el trabajo, las horas y el precio que tiene”.

 

Porque Cuenca también se saborea

En la Plaza Mayor, Johana Díaz está al frente de ‘Sabores y recuerdos’, un negocio que comenzó con sus abuelos y ha pasado por distintas manos de la familia. Ella asumió el relevo hace cerca de tres años.

El producto estrella está claro: “Rara es la gente que no se lleva un imán”, tanto para quedarse con él como para regalar. En alimentación destacan el alajú y el morteruelo, además de los quesos. También se vende resolí, especialmente en las botellas con forma de casas.

Predomina el público español, aunque recibe japoneses, coreanos, ingleses, franceses y latinoamericanos. Las Casas Colgadas protagonizan muchos recuerdos; entre los extranjeros también tienen aceptación los motivos del toro y el Quijote.

Ana, llegada de El Ejido, en Almería, es una de esas compradoras. Se lleva varios quesos, imanes y una navaja. Le apasiona el queso de Cuenca y acostumbra a entrar en tiendas con productos variados porque considera que “concentran la idiosincrasia de un lugar”. Y es que cada compra conserva algo especial de un viaje: un paisaje, un sabor o el trabajo de unas manos artesanas. Bien lo sabe Rubén Navarro, que encuentra una gran satisfacción cuando alguien elige una pieza suya: “Es un orgullo porque ahí están tus manos y está tu tiempo”.