Poner un pie donde nunca nadie lo ha hecho, excavar por galerías, oscuridad absoluta, inmersiones de película… adentrarse en lo desconocido es toda una aventura. En Cuenca, el gran representante de la espeleología es el Club ARA –Aire, Roca, Agua–, un grupo de amantes de esta disciplina que dedica su tiempo a explorar cuevas y proteger un precioso patrimonio natural que muy pocos tienen el privilegio de llegar a ver.
El club data su fundación en 1994 y allí estaba Félix Redondo, uno de los fundadores y actual presidente. Con 65 años, lleva explorando cuevas desde los 14 y fue uno de los fundadores de ActiJúcar, empresa de multiaventura. “Veníamos relegados de otros clubes y empezamos a explorar zonas de la provincia de Cuenca y de Guadalajara”, rememora Redondo. “Cientos” de personas han pasado por la entidad a lo largo de estos 30 años y a día de hoy cuenta con unos 50 miembros en activo.
En pos de la captación de más amantes de esta disciplina, el Club ARA ha realizado durante mucho tiempo cursos de iniciación y perfeccionamiento, si bien estos dos últimos años no se han llevado a cabo al reducirse bastante el número de inscritos tras la pandemia.
Sin duda, la espeleología tiene un aliciente prácticamente inigualable: estar donde nadie ha estado nunca. “La espeleología tiene que ser de las pocas cosas que existen en la actualidad en las que el ser humano aún puede encontrar sitios donde nadie ha puesto un pie todavía. Fíjate si quedan pocos: en la luna ya se ha puesto el pie, pero hay cuevas en las que no”, asegura Adolfo Meder, uno de los miembros del club.
Sin ir más lejos, una de las recientes incursiones del ARA tuvo lugar en el Valle del Asón –Cantabria–, un paraíso muy inexplorado todavía. Coincide el presidente del club, quien tras casi 50 años se define como alguien que siempre ha buscado pisar sitios donde no ha estado nadie. Gracias a esta práctica han descubierto lugares inimaginables escondidos en los sitios más recónditos.
El Club ARA está fuertemente comprometido con el respeto por el medio ambiente y también colabora en labores de espeleosocorro
Dentro de la faceta meramente ‘recreativa’ del Club ARA, también mantienen un fuerte compromiso con dos vertientes: el carácter humanitario de la espeleología y el respeto por el entorno.
Primeramente, la asociación tiene una parte activa de espeleosocorro por la cual, si son requeridos por las autoridades pertinentes, acuden rápidamente para participar en rescates. “Si alguien se cae en una sima o en una cueva, ayudamos al rescate. Alguna colaboración para sacar coches de algún barranco también se ha hecho. Todo esto es sin ánimo de lucro, solo somos gente que nos gusta hacer esto”, comenta Meder.
Apunta Redondo que el club está en constante contacto con la Consejería de Medio Ambiente para informar de cualquier incidencia y echar una mano. “Somos los principales interesados en que todo se conserve, estamos muy volcados”, apostilla el presidente.
Por otra parte, y teniendo en cuenta que su espacio de actividad es el entorno natural, el respeto por el mismo es una de las piedras angulares del club. “Siempre vamos con el mínimo impacto posible. Menos mal que a estas cuevas no entra mucha gente, y quien lo hace tiene conocimiento. Pero no sería la primera vez que alguien sale con una estalactita en la mano… y eso no tiene sentido. Su brillo natural está dentro de la cueva, no fuera”, lamenta Meder.
Cada salida del ARA es también un ejercicio de observación y conservación, y también hacen mediciones de CO2, así como topografías, con el objetivo de confirmar que el lugar a explorar es seguro y su aire también. La ética es simple: disfrutar sin dañar.

Entre tantas exploraciones y divulgaciones, el Club ARA sigue trabajando en otros aspectos y ahora mismo tiene entre manos un proyecto muy especial, tal y como comentan Félix Redondo y Adolfo Meder.
De momento no pueden desvelar demasiado, ya que implica una serie de trabajos topográficos y permisos que hay que tratar con mucha cautela, pero informan de que “pronto” podría haber novedades con respecto al proyecto. Tan solo deja entrever el presidente que se trata de una mina en la provincia que supondría todo un hito. “Lleva mucho esfuerzo detrás, irá acompañado de un libro y de charlas”, añade Redondo, emocionado, como todo el club, por esta “gran noticia” que tienen que dar y que aumentará el ya de por sí rico patrimonio natural que tiene el territorio conquense.
Y es que Cuenca, como señala Redondo, es un “paraíso” para la espeleología, disciplina que nunca deja de sorprender a quienes la practican.