Tradición y memoria marcan las fiestas de Graja de Iniesta memoria
Graja de Iniesta vive ya sus días grandes, marcados este año por una mirada al pasado que sirve también para entender el presente del municipio. Bajo el lema ‘Cómo han pasado los años’, las fiestas patronales se convierten en una invitación colectiva a repasar la evolución del pueblo sin perder de vista sus raíces.
“Queríamos hacer ese guiño a la evolución del pueblo, poner en valor cómo han cambiado los servicios, las calles y, en definitiva, cómo el paso del tiempo nos ha permitido seguir disfrutando del pueblo como lo hacemos hoy”, señala su alcalde, Javier Monsálvez.
Las celebraciones mantienen su estructura tradicional en dos tramos, una singularidad que responde a la doble referencia festiva del municipio: San Jorge, patrón de Graja de Iniesta, y la Santa Cruz. Así, el primer tramo se desarrolla del 22 al 26 de abril, mientras que el segundo tendrá lugar del 30 de abril al 3 de mayo, cuando la fiesta alcanza su tramo final.
Durante los primeros días, los actos religiosos ocupan un lugar central, con la misa y la procesión en honor a San Jorge como principales referencias. A ello se suma una programación cultural y lúdica pensada para todas las edades. “Siempre intentamos que haya espacio para jóvenes, niños y también para los mayores, que siguen siendo una parte fundamental de las fiestas”, destaca el alcalde.
El programa mantiene muchas de las señas de identidad que han consolidado estas celebraciones a lo largo del tiempo. Las verbenas, los festejos taurinos, los campeonatos populares o el tradicional baile del vermú siguen formando parte de una agenda que combina ocio y tradición. “Intentamos conservar la esencia, porque es lo que hace que la gente se identifique con las fiestas”, apunta Monsálvez.
Entre las novedades de este año destaca el homenaje a las reinas de los últimos cinco años, un gesto simbólico que conecta directamente con el lema elegido. En esta ocasión no habrá reina ni damas, pero el acto servirá para reconocer a quienes han representado a la juventud del municipio en los últimos años. “Es una forma de mirar atrás y poner en valor lo que hemos vivido”, explica.
El pregón también tendrá un marcado carácter emocional. Correrá a cargo de Bienvenida Martínez Serrano, maestra en el municipio entre 1994 y 2008, que regresa ahora a Graja de Iniesta después de años sin visitarlo. “Dejó un recuerdo muy bonito entre varias generaciones y nos parecía importante reconocerlo”, subraya el alcalde.
El segundo tramo de las fiestas, centrado en la Cruz de Mayo, volverá a poner el acento en la convivencia. La comida popular reunirá a cerca de 500 personas en torno a una gran paella acompañada de productos típicos como el champiñón, el chorizo o la morcilla. “Es probablemente el mejor ejemplo de lo que son nuestras fiestas: compartir”, resume Monsálvez, destacando el valor de esos momentos que trascienden el programa oficial.
La pólvora también tendrá protagonismo, en una tradición muy arraigada en el municipio por su cercanía con la Comunidad Valenciana. Mascletàs y tracas acompañarán los principales actos festivos, tanto las organizadas por el Ayuntamiento como las que impulsan los propios vecinos. “Muchas familias participan directamente, colocando mascletàs en sus casas al paso del patrón”, explica.
Más allá de la celebración, el alcalde aprovecha estas fechas para reivindicar el momento que atraviesa el municipio. “Graja vive ahora un momento de transformación clave”, afirma, destacando la mejora de servicios públicos y la apuesta por la calidad de vida como ejes de la gestión municipal.
Entre los avances recientes, Monsálvez menciona la apertura de la escuela infantil, la consolidación de servicios educativos y culturales o la inminente puesta en marcha de una vivienda de mayores. A ello se suman inversiones en infraestructuras, como la renovación de redes de abastecimiento y la mejora del espacio urbano. “Estamos trabajando para que el pueblo siga avanzando y para que la gente quiera quedarse y vivir aquí”, añade.
En ese contexto, las fiestas se convierten también en un reflejo de esa evolución. Una celebración que mira al pasado, pero que se construye desde el presente y con la vista puesta en el futuro. Porque, como sugiere el lema de este año, el paso del tiempo no solo se mide en años, sino en todo lo que un pueblo es capaz de construir colectivamente.