El cultivo del pistacho continúa ganando peso en la provincia de Cuenca, que alcanza en 2025 un total de 9.546 hectáreas plantadas de las 68.311 dedicadas a este cultivo en el conjunto de Castilla-La Mancha. Cifras que sitúan a la provincia de Cuenca como la cuarta a nivel regional, tan solo por encima de Guadalajara que suma 1.067 hectáreas y por debajo de Toledo (20.788 hectáreas), Ciudad Real (20.114) y Albacete (16.797). Si bien, cabe destacar que nuestra región concentra el 80% de la producción de toda España por delante de comunidades como Andalucía, Castilla y León, Cataluña, Extremadura y Aragón.
Sin embargo, el crecimiento del cultivo del pistacho no ha sido lineal. Aunque la media de incremento en la provincia ronda las 200 hectáreas anuales, entre 2020 y 2022 se vivió un auténtico “boom” de plantaciones, con ejercicios en los que se sumaron cerca de 1.000 hectáreas, tal y como explica Ignacio Lobato Revilla, portavoz de la sectorial del pistacho de Cooperativas Agroalimentarias. Ese impulso coincidió con una etapa en la que los precios elevados animaron a los agricultores a apostar por el cultivo de este fruto seco. Sin embargo, a partir de 2024 el ritmo se ha moderado y en los últimos años se han incorporado unas 250 nuevas hectáreas en el conjunto provincial. Aún así el crecimiento es notorio puesto que en 2019 la provincia tenía aproximadamente la mitad de superficie que ahora, por lo que una parte importante de las plantaciones todavía no ha alcanzado su plena capacidad productiva y ni siquiera la mitad de los árboles están en producción ya que estos plantones tardan siete años en dar frutos.
Otras de las características a tener en cuenta es que este cultivo no es homogéneo en todo el territorio provincial. La comarca de La Serranía, según señala Lobato, presenta más limitaciones por altitud y climatología, mientras que localidades como Villamayor de Santiago y otras comarcas cercanas al límite con Toledo se han consolidado como focos de expansión, incluso con la creación de cooperativas específicas. En cuanto a variedades, la Kerman –de recolección tardía– representa en torno al 58% de la superficie provincial, mientras que la Sirora, más temprana y productiva, está presente ya en cerca del 33%. El peso creciente de esta última confirma el carácter joven de muchas plantaciones, ya que “es la variedad por la que más se está apostando en los últimos años”, dice el portavoz de Cooperativas Agroalimentarias.
El 26 de febrero se conmemora el Día Mundial del PistachoCAMPAÑA 2026
A pesar de que todavía es pronto para realizar aforos de cara a 2026, las expectativas son “positivas”. Las lluvias registradas en estas últimas semanas han favorecido el desarrollo del árbol y han evitado la caída de yemas florales que suele producirse en años de sequía como mecanismo de defensa. Si la primavera no trae heladas tardías o tormentas de granizo la cosecha podría ser “muy buena” y alcanzar o incluso mejorar las cifras de 2025, año en el que la producción a nivel regional se situó en 19.000 toneladas de pistacho en seco, es decir, una vez preparado para su comercialización.
El precio es uno de los factores que explican el interés creciente por este cultivo. Actualmente, el pistacho se está pagando al agricultor entre seis y siete euros por kilo, dependiendo del calibre, la variedad y el estado del fruto. Y es que, que el pistacho llegue limpio y con la cáscara clara y sin manchas es algo muy valorado en el mercado. Actualmente, el pistacho abierto para consumo como snack mantiene un buen precio de venta, pero el grano –cada vez más demandado para repostería, cremas, salsas o elaboraciones como turrones y chocolates– está ganando peso y mejorando su valoración. Aun así, la rentabilidad depende de múltiples factores, aunque es fundamental prestar especial atención al proceso de secado puesto que desde que se recoge en el campo hasta que pasa por el secadero no deben transcurrir más de 24 horas para así evitar la aparición de moho o aflatoxinas.
Por ello, el secado se realiza con maquinaria especializada. Eso sí, una vez completado este proceso el producto puede almacenarse durante dos años, siempre en condiciones óptimas de conservación. Así, los productores pueden planificar la venta en función de la evolución del mercado. “Si un año el precio baja podemos esperar al siguiente para tratar de venderlo más alto”, cuenta Ignacio Lobato. Por ello, el portavoz de la sectorial del pistacho de Cooperativas Agroalimentarias insiste en que la inversión no debe centrarse únicamente en la plantación, sino también en el procesado, la industrialización y la comercialización.
INTERPROFESIONAL, MÁS CERCA
En este último ámbito queda todavía recorrido. Actualmente alrededor de un 85% de la producción a nivel regional se exporta principalmente a países de la Unión Europea donde el pistacho castellanomanchego es reconocido por su calidad. Sin embargo, el consumidor nacional todavía no identifica claramente el origen del producto. Para revertir esta situación, el sector trabaja en la creación de una Interprofesional del pistacho de Castilla-La Mancha, cuyos estatutos ya están redactados y que podría constituirse en los próximos tres meses. Este organismo servirá como herramienta de promoción y coordinación y será clave para impulsar una futura Indicación Geográfica Protegida (IGP) que ponga en valor el pistacho de la región.