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Sotos recupera los restos de cuatro víctimas del franquismo

La Asociación Científica ArqueoAntro ha realizado en Sotos la primera exhumación de una fosa común en la historia de la localidad
Sotos recupera los restos de cuatro víctimas del franquismo
Imagen cedida
10/08/2026 - Marina Cazallas

Mariano Pardo Fernández era de Monteagudo de las Salinas. Su compañero, Julián Sánchez Huerta, provenía de San Martín de Boniches. Nazario Sáez Montero era de Alcalá de la Vega; y, por su parte, Cesáreo Fuentes Ávila era de Madrid. Puede que el lector no conozca sus nombres, pero sí el lugar donde una batida de la Guardia Civil los dejó enterrados el 4 de agosto de 1950, el actual cementerio de Sotorribas.
Solo la memoria de los vecinos seguía señalando aquel punto como el lugar donde descansaban “los maquis”. Y justo allí la Asociación Científica ArqueoAntro ha podido encontrarlos. 76 años después de su muerte, los cuatro han salido por fin de una fosa común para iniciar el camino hacia su identificación definitiva y su devolución a las familias.
Desirée Torralba, es la historiadora e impulsora de este proyecto que, además, se trata de la primera exhumación que se realiza en la localidad conquense. Cuenta que el primer paso fue corroborar los rumores de la presencia de víctimas de la represión franquista en la zona. “En el pueblo siempre se ha contado la tradición oral, de padres a hijos. Sin embargo, decidí abordar esta historia, pero ya no solo con la tradición oral, sino también con la documentación, buscando en archivos si todo aquello que se contaba había sucedido realmente”, explica la historiadora de la Universidad Internacional de Valencia, quien, para ello, decidió acudir al Archivo de Defensa de Madrid.
Allí encontró el expediente que describía lo que ocurrió ese 4 de agosto. Los maquis se situaban en una zona de la Sierra de Bascuñana. Durante su estancia allí, se dio el aviso a una comandancia de la Guardia Civil de Cuenca de su presencia y de allí partieron decenas de agentes para localizarlos. “Siempre se dice eso, pero en la documentación lo dicen de forma clara: hay que exterminarlos”, aclara la historiadora. En dicha documentación se desprende que los cadáveres permanecieron aproximadamente 35 horas entre el traslado desde el monte, la práctica de las autopsias y los trámites administrativos. Finalmente fueron enterrados el 5 de agosto de 1950 en una fosa común del cementerio de Sotos, donde permanecerían durante tres cuartos de siglo.
 

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“Fueron acribillados a tiros. La finalidad era clara: asesinarlos, matarlos por su ideología”

La exhumación de sotos
Los trabajos comenzaron el 13 de julio con una excavación manual, como marca el protocolo arqueológico. El objetivo era localizar el nivel original del enterramiento sin alterar posibles restos humanos. Pudieron determinar que las dimensiones de la fosa eran de 5 por 4,70 metros de perímetro, y una profundidad de 2 metros al nivel donde se pudieron encontrar a los cuatro hombres. Sin embargo, pronto surgió un obstáculo inesperado. Según explica Desirée Torralba, la ampliación del cementerio había cubierto la fosa con piedras procedentes del antiguo muro perimetral. Finalmente fue necesario recurrir a maquinaria pesada para retirar el relleno, una decisión que permitió desbloquear una excavación que parecía estancada.
La recompensa llegó el día 16 por la mañana. “Nada más escarbar un poquito vimos que había un cráneo con autopsia. Entonces ya dedujimos que estábamos donde queríamos llegar”,  Poco después aparecieron tres de los cuerpos, dos de ellos en posiciones distintas a las descritas en los archivos. El cuarto permanecía parcialmente atrapado bajo la cimentación del muro construido décadas después, lo que obligó a demoler parte de esa estructura para poder recuperarlo. Conservaba todavía las abarcas que llevaba puestas cuando fue enterrado en agosto de 1950. En sus cuerpos se pudo reconstruir lo que ocurrió en la batida: impactos de bala en el tórax, heridas mortales en la cabeza y una muerte ocasionada por desangramiento en uno de los casos. “El asesinato fue duro”, describe Desirée Torralba, “fueron acribillados a tiros. La finalidad era clara: asesinarlos, matarlos por su ideología”.
 

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Proceso administrativo
Para poner punto y final y dignificar las historias de estas cuatro personas, tuvieron que contactar con las familias, contar con su consentimiento y elaborar el proyecto arqueológico.
La exhumación de Sotos ha contado con la financiación de la Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP), que, debido a las carácterísticas y necesidades de la excavación, el Ayuntamiento de la localidad ha contado con un total de 18.000 euros.
Torralba ha señalado que este paso suele suponer una de las mayores dificultades para sacar adelante este tipo de proyectos. Cada intervención requiere arqueólogos, antropólogos forenses, historiadores y personal especializado, además de maquinaria cuando surgen imprevistos como el encontrado en la fosa. Con todo, han trabajado hasta 12 arqueólogos de ArqueoAntro para encontrar a los maquis enterrados. “Muchos ayuntamientos desconocen que existen estas líneas de ayuda económica”, apunta la historiadora a cargo de la exhumación, por ello, se hace más complejo que otras fosas puedan investigarse. Con esto, anima a familiares a que sigan reclamando a sus parientes y a los grupos municipales que trabajen para que se encuentren.
Una vez recuperados, los restos fueron extraídos con rapidez para evitar su deterioro por la exposición al sol y trasladados inmediatamente al laboratorio de la Universidad Autónoma de Madrid. Allí comienza una nueva fase que resulta tan importante como la excavación arqueológica.
Los especialistas realizarán un estudio antropológico para determinar las lesiones sufridas por cada uno de los guerrilleros y documentar científicamente las circunstancias de su muerte. Por otro lado, se extraerán muestras de ADN que serán comparadas con las de los familiares localizados. Cabe destacar que solo han podido contactar con descendientes de Julián Sánchez Huerta y Nazario Sáez Montero. Por esta razon, los responsables del proyecto hacen un llamamiento para localizar familiares de Mariano Pardo Fernández y de Cesáreo Fuentes Ávila.
Solo cuando concluyan los análisis genéticos podrán entregarse los restos a las familias para que decidan dónde quieren darles sepultura definitiva.
 

Cuenca es la segunda provincia de la región con mayor número de fosas comunes. Hay en total 50 distribuidas por 44 localidades diferentes. En el caso de Sotos, se trata de la primera exhumación realizada en la localidad

PUNTO Y FINAL
Más allá de la identificación de cuatro personas de una fosa común de los primeros años del franquismo, la intervención supone un precedente para la provincia de Cuenca. Se trata de la primera exhumación de una fosa realizada en esta zona y podría abrir la puerta a nuevas investigaciones. De hecho, la intervención en Sotos no será el último proyecto que va a llevar a cabo el equipo de ArqueoAntro. La historiadora Desirée Torralba ha adelantado que ya están trabajando en una nueva investigación en Garaballa, otra localidad conquense que se sitúa a una hora y cuarenta minutos de Sotos y donde la documentación histórica apunta a la existencia de varias fosas comunes relacionadas con un antiguo hospital de sangre de la Guerra Civil. El trabajo se encuentra en la primera fase, centrada en recopilar la mayor documentación posible para, así, tener las localizaciones exactas de los enterramientos. “Ya tenemos identificados los nombres de entre 20 a 30 combatientes que fueron enterrados allí”.
Por el momento, se ha cumplido con el objetivo principal: ofrecer las respuestas que necesitaban los descendientes de las víctimas después de décadas de espera y, así, poder dignificar su memoria. La asociación científica, después de la realización de las labores en el cementerio, ha recibido a algunos familiares que se han pasado por Sotos para informarse de cómo ha sido el proceso y conocer dónde se encontraban los cuerpos. “Han acabado contentos y satisfechos con el proceso. Ha sido muy emocionante”, resume la historiadora. Así, una herida consigue cerrarse y, a su vez, abre las puertas para que más historias salgan a la luz.