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Del abuelo a la nieta: la historia de la farmacia de Mira

El establecimiento, integrado en la vivienda familiar de los Ibáñez, ha acompañado a los vecinos desde mediados del siglo XX
Del abuelo a la nieta: la historia de la farmacia de Mira
María Dolores Ibáñez y su padre, Nicolás Ibáñez, en la farmacia de Mira. Foto cedida
30/04/2026 - Eduardo M. Crespo

Esta es la historia de una familia ligada a su amor por el pueblo de Mira y a su pasión por la farmacia; es la historia de un establecimiento que ha sido durante décadas un lugar seguro para los vecinos y vecinas en los buenos y en malos momentos; y esta es una historia de resistencia en el entorno rural frente a la amenaza de la despoblación.

Hoy, al frente de la farmacia de Mira está María Dolores Ibáñez, de 34 años, tercera generación de una saga que comenzó con su abuelo y continuó con su padre, Nicolás Ibáñez. “Aquí en Mira siempre me he sentido en casa. He asumido la farmacia y mi pueblo con una familiaridad del cien por cien”, nos explica. María Dolores estudió Farmacia en Valencia, donde también realizó el doctorado, y regresó después a su pueblo para incorporarse al negocio familiar.

Empezó a trabajar en 2015 como adjunta, todavía bajo la tutela de sus padres. El relevo llegó en 2019, poco antes de la pandemia. “Hicimos el cambio de titularidad y fue un momento clave, porque mis padres ya dejaron de trabajar y yo me centré en la farmacia desde el COVID”. Durante aquellos meses, mientras ellos permanecían en casa, fue ella quien asumió el peso del día a día en un contexto de incertidumbre y alta demanda sanitaria.

La farmacia, sin embargo, no es para María Dolores solo un lugar de trabajo. Es también su hogar. De hecho, el establecimiento forma parte de una vivienda familiar en la que han vivido varias generaciones. “Antes lo era de mis abuelos, luego de mis padres y ahora es mía. Nosotros vivimos arriba”. Esa convivencia entre lo personal y lo profesional define buena parte de la historia.

Su infancia transcurrió entre estanterías, pedidos y vecinos que entraban y salían. “Era una farmacia llena de vida. Yo hacía allí los deberes, ayudaba a mis padres y mis amigas venían a buscarme. Hacíamos vida todos”, recuerda con nostalgia. Esa exposición temprana al oficio marcó su forma de entender la profesión: “De mis padres he aprendido muchísimo, sobre todo en atención farmacéutica y en el trato con el paciente”.

 

 

Nicolás Ibáñez y su mujer, María Dolores, en la farmacia de Mira.
Nicolás: “He vivido una época en la que no había antibióticos y eso era muy duro”

 

El origen de todo se remonta a su abuelo, Julián, que asumió la farmacia del municipio en el siglo pasado. Nicolás Ibáñez, su hijo, creció también en ese mismo espacio, hasta el punto de que nació allí, en la casa que hacía las veces de vivienda y botica. Pertenece a una generación que ejerció en un contexto muy distinto al actual, marcado por la escasez de recursos y la falta de cobertura sanitaria.

“He vivido la época que no había Seguridad Social, que no había medicamentos, que no había antibióticos”, nos cuenta Nicolás. Su memoria dibuja una realidad dura, especialmente en los años 50 y 60. “Llegaba el verano y, de 25 niños que nacían, podían morir 10 o 12 por desnutrición o deshidratación”. En ese escenario, la farmacia y el médico del pueblo eran prácticamente el único recurso sanitario disponible.

Recuerda cómo su madre colaboraba con el médico preparando papillas para alimentar a bebés desnutridos o soluciones básicas para hidratar a los enfermos. “Era una forma de que ya no muriera nadie de desnutrición”. Con el tiempo, la llegada de los antibióticos y otros tratamientos transformó por completo la situación. “La llegada del antibiótico lo cambió todo, totalmente”.

 

 

El farmacéutico Julián Ibáñez junto a su mujer y su hijo Nicolás. Foto cedida

 

Esa evolución es uno de los ejes del relato familiar. De una botica con apenas productos a una farmacia con acceso a medicamentos, tecnología y nuevos servicios. Aun así, en Mira, el modelo sigue siendo esencialmente cercano y manual. “He visto robots de farmacia que parecen el futuro, pero nosotros seguimos trabajando de una manera más directa, más personal”, señala María Dolores.

Esa cercanía es precisamente uno de los valores que padre e hija reivindican. En un municipio con población envejecida y cada vez menos servicios, la farmacia se mantiene como un punto de referencia. “Es un lugar de acceso fácil a medicamentos y a un profesional sanitario sin cita previa”, explica la actual titular. “La población se siente segura sabiendo que estamos ahí”.

Esa función quedó especialmente patente tras la Dana de octubre de 2024. El centro de salud quedó inutilizado, pero la farmacia pudo seguir funcionando. “No perdí mucha medicación y pudimos atender a la gente. Venían con heridas, rozaduras, problemas de la limpieza… hicimos de todo”, recuerda.

La historia familiar también está llena de episodios cotidianos que reflejan la relación con los vecinos. María Dolores cuenta cómo con apenas 14 años ya atendía consultas básicas en la farmacia. “La gente se fiaba de mí, y encima lo hacía bien”, dice entre risas.

Más allá de las anécdotas, ambos coinciden en la idea de servicio público. Nicolás subraya el papel de los profesionales sanitarios en el medio rural: “El médico y el ATS en los pueblos son unos ángeles. Merecen el máximo respeto por su entrega”. Una visión que su hija comparte y que explica su decisión de quedarse en Mira.

 

En un municipio con población envejecida y cada vez menos servicios, la farmacia se mantiene como un punto de referencia.

De cara al futuro, María Dolores tiene claro que su proyecto pasa por seguir en el pueblo y ampliar servicios. Está formándose en Nutrición y quiere implantar sistemas personalizados de dosificación de medicamentos para pacientes mayores o dependientes. “Estoy aquí para toda la vida”, afirma rotunda.

En un contexto en el que muchos servicios desaparecen de los pequeños municipios, la continuidad de la farmacia de Mira representa algo más que la supervivencia de un negocio familiar. Es la permanencia de un modelo de atención cercano, basado en la confianza y en el conocimiento directo de los vecinos. Una forma de entender la profesión que, tres generaciones después, sigue vigente.