Cómo mirar el eclipse sin poner en riesgo la vista
El eclipse total de Sol del próximo 12 de agosto ofrecerá una oportunidad excepcional para contemplar cómo la luna oculta completamente el sol durante unos segundos. Sin embargo, la expectación que rodea al fenómeno no debe hacer olvidar que una observación incorrecta puede causar daños graves e irreversibles en la vista. Utilizar gafas homologadas, evitar cualquier remedio casero, proteger las cámaras y planificar con tiempo los desplazamientos serán algunas de las claves para vivir la jornada con seguridad.
José María Sánchez, astrónomo del Museo de las Ciencias de Castilla-La Mancha, lanza una primera advertencia que debe cumplirse cualquier día del año, exista o no un eclipse: nunca se puede mirar directamente al Sol sin protección. Y es que, la exposición provoca una quemadura en la retina que no produce dolor en el momento, por lo que una persona puede estar dañándose la vista sin ser consciente de ello.
El problema puede manifestarse incluso entre 24 y 48 horas después mediante una retinopatía solar. Sánchez explica que este daño fotoquímico afecta especialmente a la mácula, la zona central de la retina, y puede provocar la aparición de manchas oscuras en el campo de visión. En algunos casos desaparecen con el paso del tiempo, pero en otros pueden permanecer para siempre.
Para evitarlo, será imprescindible emplear gafas especiales para eclipses que cumplan la norma internacional ISO 12312-2, incorporen el marcado CE y estén acompañadas de las correspondientes instrucciones de uso. No sirven las gafas de sol convencionales, por muy oscuras que sean, ni las radiografías, los cristales ahumados, las películas fotográficas, los discos compactos o cualquier otro sistema improvisado.
“Ningún experimento”, insiste el astrónomo, quien recalca que solamente deben utilizarse materiales fabricados específicamente para observar el Sol. También recomienda desechar las gafas antiguas, deterioradas, perforadas o rayadas. Aunque estos productos son duraderos, los cambios de temperatura o una conservación inadecuada durante años pueden reducir su efectividad.
Tener unas gafas homologadas tampoco significa que se deba observar continuamente el eclipse. Sánchez recomienda mirar durante unos pocos segundos, no más de diez de forma seguida, y descansar la vista durante varios minutos antes de volver a hacerlo. Como orientación, plantea que el tiempo acumulado de observación directa a través de las gafas durante todo el eclipse no supere aproximadamente los tres minutos.
No tiene sentido, explica, permanecer durante una hora siguiendo de manera ininterrumpida el lento avance de la Luna sobre el disco solar. Lo aconsejable es comprobar su evolución en intervalos breves y reservar una atención especial para los segundos anteriores a la totalidad, cuando podrán apreciarse fenómenos como las denominadas perlas de Baily o el efecto del anillo de diamante.
Las gafas solamente podrán retirarse durante la fase de totalidad, es decir, cuando la Luna haya cubierto completamente el Sol. En Cuenca capital está previsto que este momento se produzca alrededor de las 20.31 horas y dure algo menos de un minuto, aunque el horario y la duración cambiarán dependiendo de la localidad desde la que se realice la observación.
En algunos puntos de la provincia, la totalidad podrá prolongarse durante más de un minuto. Por ello, Sánchez recomienda consultar previamente el horario exacto correspondiente a cada municipio. En los lugares de España donde el eclipse sea solamente parcial, las gafas deberán mantenerse siempre que se dirija la mirada hacia el Sol, ya que allí no existirá ningún momento seguro para retirarlas.
El astrónomo anima además a no concentrar toda la experiencia en mirar hacia el cielo. A medida que avance el eclipse podrá apreciarse un descenso de la luminosidad y de la temperatura. También cambiará el comportamiento de algunos animales. “Tenemos más sentidos y más cosas que ver a nuestro alrededor que estar todo el rato con las gafas puestas”, subraya Sánchez. La transformación del paisaje, la luz y el ambiente formará parte de un espectáculo que podrá percibirse también mediante el oído y la piel.
FOTOGRAFÍAS
Quienes quieran fotografiar el fenómeno deberán adoptar precauciones adicionales. Durante las fases parciales será necesario colocar un filtro solar adecuado delante del objetivo de la cámara, el teléfono móvil, los prismáticos o el telescopio. Apuntar directamente al Sol sin protección puede saturar y quemar el sensor de imagen del dispositivo.
Las propias gafas de eclipse no deben colocarse entre el ojo y unos prismáticos, una cámara o un telescopio, porque estos aparatos concentran la radiación. Se necesitan filtros específicos diseñados para situarse delante del objetivo. Durante la totalidad sí será posible retirar el filtro y fotografiar la corona solar con cualquier cámara.
Sánchez aconseja preparar antes el enfoque, preferiblemente de manera manual, ya que el automático puede tener dificultades cuando el cielo se oscurezca. Durante la parcialidad, las manchas solares pueden servir como referencia para ajustar la nitidez y llegar a la totalidad con el equipo preparado.
La protección no debe limitarse a los ojos. El eclipse se desarrollará durante una tarde de agosto y la fase parcial se prolongará alrededor de una hora y media. Será necesario utilizar crema solar, gorra o sombrero, llevar agua suficiente y buscar una zona con sombra cercana. Un paraguas puede servir también para protegerse durante los periodos de espera.
Sánchez pide prestar especial atención a los niños, las personas mayores y quienes tengan alguna enfermedad, ya que pueden sufrir con mayor facilidad deshidratación o golpes de calor. “Hidratarse, hidratarse e hidratarse”, resume el astrónomo, quien considera que muchas intervenciones sanitarias podrían evitarse con estas medidas básicas.